domingo, 26 de junio de 2011

La propuesta 2


Continuación de La propuesta.

Al día siguiente era domingo. Tras pasar a recogerme conduciendo mi coche, sin decir nada, ella nos llevó hasta nuestro piso. El recibimiento fue más frío que de costumbre, o al menos, no fue tan cariñoso como acostumbrábamos. Algo había cambiado. Y además, no llevaba el bolso de costumbre, uno pequeño y dorado, sino otro más viejo y grande. Mucho más grande. Y a pesar de que, por su apariencia, llevaba algo voluminoso, no era pesado, porque Ana lo manejaba como si no pesase nada.

Tras entrar en nuestro piso, Ana encendió el ordenador y se puso a ver más páginas relacionadas con el tema femdom. Pero al cabo de un rato largo, me dijo:
- ¿Estás seguro de que quieres proseguir con el tema este? ¿No te vas a arrepentir enseguida?
- No, estoy totalmente seguro. No voy a cambiar de opinión.
- Entonces, si estás totalmente seguro, vamos a empezar ahora mismo. Quiero decir, que voy a empezar a darte órdenes ya mismo.
- Estoy a tu servicio. Ordéname lo que quieras.
- Esta muy bien ese espíritu de servicio, porque te va a hacer falta de ahora en adelante. Baja las persianas del salón.
Después de hacerlo, me ordenó:
- Desnúdate y deja tu ropa en el suelo.
Me agaché y me saqué las zapatillas y los calcetines. Después me saqué la camiseta, los pantalones y me quedé duditativo, sólo con los calzoncillos puestos. Ella giró la cabeza hacia mi:
- Dije "desnúdate" y yo no te veo desnudo.
Me saqué los calzoncillos. La verdad es que, pese a que ella me había visto desnudo en varias ocasiones, esta vez, así en frío, me daba vergüenza. Para mi asombro, y el de ella, la polla se me levantó. Estaba totalmente erotizado. Cuando lo vio, me dijo:

-¡Vaya, vaya! ¿Que, estamos cachondos?
La situación tenía algo de comicidad. Ana, entonces mi novia, está buenísima. Tiene el pelo casi negro, bastante largo y lacio, una cara de muñeca, de niña aún sin madurar. Su cuerpo es de estatura media, bien proporcionado, delgada pero no anoréxica, con curvas, especialmente las tetas, que pese a su delgadez, usa la talla 90 de sujetador, con lo cual resaltan más en medio de su fino torso. Vestía una minifalda muy corta de color beis, y una blusa blanca muy escotada. Esa era su manera de vestir cuando hacía buen tiempo, ropa cara y sexy, y yo estaba acostumbrado a ello, pero al encontrarme en bolas delante de ella, vestida y muy sexy, sin poder evitarlo, me calenté. Puede parecer un contrasentido que me calentara con ella vestida, siendo que la había visto muchas veces desnuda, y aunque nunca habíamos realizado el coito, si habíamos tenido relaciones sexuales, caricias, sexo oral, etc. Pero sin embargo, al verme yo desnudo y a disposición de ella, y Ana tan sexy y atractiva, y yo siguiendo sus órdenes, me produjo una erotización muy alta.

- Ahora, pónte de cara a la pared y pon los brazos en cruz.
Así lo hice. La oí manipular algo detrás de mi, pero como me había mandado ponerme de cara a la pared, pensé que mi obligación era mirar la pared. Al cabo de unos segundos, se acercó a mí por detrás y me puso su bolso colgando de mi muñeca derecha, y en cima de la mano izquierda, un libro bastante pesado, un tomo de una enciclopedia que yo había visto en casa de sus padres. Evidentemente, el libro había estado en su bolso, pero sin embargo, este aún parecía voluminoso. Eso significaba que ella lo había planeado todo en su casa.
- Pon la espalda bien recta. Eso es - dijo al ver que la obedecía. La mirada bien al frente, no bajes nunca la mirada, en tus pies no hay nada interesante. En la pared tampoco hay nada interesante, pensé, pero me lo callé. Los brazos bien rectos, nada de bajarlos. Si te cansas, te aguantas y mantén los brazos bien horizontales, bien paralelos al suelo. De vez en cuando te voy a mirar, y si te veo con los brazos un poco bajados, te castigaré añadiendo un tiempo extra. Los pies bien juntos, no quiero que los separes. Así te será más difícil mantener el equilibrio,pero de eso se trata. No pretendo que estés cómodo, sino al contrario.Son las ocho y cuarto. Vas a estar así hasta las nueve y cuarto. Una hora más o menos.Y no quiero que aflojes tu postura, que bajes los brazos o separes las piernas ni un milímetro. Si no lo haces bien, te castigaré. Si lo haces bien, te premiaré.

Intuí, por los ruidos, que se ponía al frente del ordenador. Peleé, durante un tiempo que me pareció interminable, en permanecer tal como Ana me había ordenado. Me esforcé a permanecer bien tieso, con la mirada al frente, con los brazos bien horizontales. ¡Dios!, nadie sabe lo que puede llegar a pesar un bolso de mujer y un libro después de una media hora de aguantarlo. Luché como un jabato contra el dolor. Los músculos de los brazos se me agarrotaban. Estuve a punto de pedir clemencia, pero calculé que debía faltar poco. Aunque llevaba mi reloj de pulsera, no podía verlo sin deshacer la postura.



Fue un alivio cuando llegó la hora. Oí que Ana se levantó y se acercó a mi por detrás, y de modo cariñoso,pero cínico a la vez, me dijo:

- ¿Ya se echó a dormir mi soldadito? ¡Que lástima! Ahora que la comandante quería jugar con él. Después la comandante le mandará ponerse firmes, y si no lo haces, habrá castigos para el soldadito.


Su soldadito era, evidentemente, mi polla, la comandante , ella, y ponerse firmes, la erección. Me sacó el bolso y el libro y me ordenó bajar los brazos.

- A ver, pon los brazos bien pegados al cuerpo y con las palmas de las manos bien pegadas a los muslos. La cabeza bien erguida, como los soldados cuando se ponen firmes. La espalda bien recta, en una postura marcial. ¡Eso es, con entereza y orgullo militar! Ahora vamos a ver como se porta el soldadito.


Y me empezó a tocar el culo con la palma de la mano derecha. Pronto se me puso "firmes el soldadito". Nuevos comentarios cachondos por parte de ella:

- Vaya, vaya. Por fín se despertó el soldadito. Pero tuve que tocarle el "quinto levanta, tira de la manta" en versión mía para que se levantara y se pusiera firmes.


Con las manos en mis hombros me hizo dar media vuelta y, agarrándome del "soldadito" con una mano, me arrastró hasta la alcoba de matrimonio.

- Desnúdame.


Me puse a quitarle la ropa, empezando por los zapatos de tacón que llevaba y acabando con la ropa interior. Ella hablaba mientras yo realizaba la tarea encomendada.

- Cuando estemos casados, tu te vas a ocupar de todo en la casa, incluso de vestirme y desnudarme. ¿Sabías que en el siglo XIX las damas de la alta sociedad acostumbraban a tener una doncella que las vestía y las desnudaba? ¿Te acuerdas de Lo que el viento se llevó, de la negra gorda que vestía a Scarlett O'Hara? Bueno, pues tu vas a ser mi negra gorda y me vas a desnudar y vestir todos los días. Esa va a ser una de tus tareas diarias.


Cuando acabé, me dijo en tono irónico:

- Veo que mi soldadito todavía está firmes. Bueno, pues hoy no le voy a dar el gusto y no le voy a permitir que escupa su asqueroso líquido blancuzco. El soldadito va a tener que relajarse cuando se canse de estar firmes. Y tú, ahora, lame mi coño.


Se recostó sobre la cama. pero con los pies en el suelo y su coño justo al borde de la cama.

- Arrodíllate entre mis piernas y empieza a dar trabajo a tu lengua.


Así lo hice, y durante unos 20 minutos, me apliqué al cunilingus con dedicación, que por cierto, realizaba por primera vez en mi vida, no sólo a ella, sino a cualquier mujer con la que antes había tenido relaciones sexuales. Esta primera vez fue un poco desconcertante. Hasta aquel momento el coño de las mujeres no era más que un sitio donde meter mi polla, correrme, disfrutar y salir cuanto antes. Al principio me dio, no asco, pero si un poco de repelús. Pero conforme vi que ella se calentaba con las caricias de mi lengua, y movía sus caderas de un lado al otro, y después de arriba a abajo, y empezó a gemir, primero por lo bajini, y al final más alto, me calenté, y mi soldadito, que ya se había puesto en la posición de ¡descansen ar!, volvió a la posición de ¡firmes, ar!. Me sorprendió, pero yo también estaba disfrutando. Al final se corrió, y mi boca se llenó de una pequeña cantidad de líquido, que tenía un sabor agradable. Era el sabor más íntimo de ella.

Al verme otra vez empalmado, volvió al salón donde había dejado el bolso y volvió con un bowl de cocina y una cucharita, me puso el bowl de bajo de la polla y me hizo sujetarlo con las manos. Después empezó despacio y suavemente a hacerme una paja. Fue despacio, muy despacio, y cuando le supliqué que fuera más deprisa, no me hizo caso, y siguió cascándomela despacio. Acabé corriéndome en el bowl y después cogió la cuchara,y fue recogiendo mi semen con ella,y me lo fue dando como si fuese un bebé al que su mamá le da la papilla con la cuchara. No me gustó el sabor, lo encontré desagradable. Al ver la cara que ponía, me dijo:

-No te preocupes, ya te acostumbrarás al sabor. Se supone que las mujeres tenemos que chuparos las pollas a vosotros y tragar vuestro semen, y nosotras no podemos recibir el mismo trato. ¿Cuantas veces te he chupado la polla y me he tragado tu semen, y me acostumbré a su sabor, y nunca dije una sola palabra, nunca repliqué ni dije: Esto no me gusta hacerlo, y sin embargo, lo hacía sin chistar? Pues ya no va a suceder más veces. La última vez que te chupé la polla y me tragué tu semen, fue la última vez en toda mi vida. No volverá a pasar. Pero no creas que nunca volveré a chupar una polla. Si lo haré, sólo que no será la tuya. Cuando esté caliente, me acostaré con quien quiera, y tu nunca dirás una sola palabra. Es más, lo haré delante de ti, y no tardaré mucho. La misma noche de nuestra boda lo haré. Estoy pensando un plan para correrme la mayor orgía la noche de bodas. Y tu estarás presente y filmándolo todo, pero no participarás.

Después de esto, ella me llevó a mi casa y después se fue a la suya. Y así acabó el fin de semana en que le propuse aquello del femdom. Pero esta historia no acaba aquí, sino que continuará en próximos capítulos.

PARA CONTINUAR

sábado, 18 de junio de 2011

Toma tu pastel y cómetelo

Muchos de nosotros somos demasiado jóvenes como para recordar los años 50, pero todos tenemos una impresión general de aquel tiempo tan simple. Sólo mencionar que la década evoca una imagen idílica en la que el marido trabaja duro para volver a casa con su cariñosa esposa. La casa está impecable, la cena está en la mesa, y ella se abalanza sobre él para satisfacer cualquier necesidad. Él toma las decisiones, y ella sólo necesita de cumplirlas. Ella no tiene dinero por sí misma, sino que maneja un presupuesto para garantizar el buen funcionamiento de la casa con el dinero que él le había entregado.

Bueno, quizás no sea tan idílico para la damita. Y además, nos gusta los trabajos que tenemos ahora. Nos gusta el dinero y la independencia. Nos gusta el hecho de que podemos tener nuestra carrera profesional, nos gusta el hecho de que a la gente les gusta lo que tenemos que decir. Nos gusta tener la última palabra. El problema es que todavía tenemos que hacer todas las otras tareas también. Oh, seguro, tenemos máquinas que ahorran trabajo, como lavadoras automáticas, lavavajillas, y tenemos comida preparada y para llevar a casa, pero, a pesar de ello, todavía parece, bien... trabajo duro...

Las nuevas buenas damas son aquellas que pueden tomar su propio pastel y comérselo. Podemos tener el mayor trabajo y la mayor responsabilidad. Podemos tomar las decisiones -un número creciente de mujeres lo están descubriendo- en casa así como en el trabajo. Muchas mujeres han descubierto que hay una legión creciente de hombres que están deseosos de apoyar a sus esposas o amigas en su carrera, no sólo haciéndolo (¡por fín!) su justa parte de las tareas domésticas, sino haciendo todas las tareas domésticas y permitiendo a sus esposas que tomen todas las decisiones. ¿Que obtienen ellos de esto? Bien, parece que ellos sólo desean hacernos felices. ¡Algunos hombres ponen a las mujeres en un pedestal. Parece que ahora ellos están preparados para limpiar alrededor del mismo.

Para descubrir algo más, hablé con una pareja que vivían exactamente este tipo de vida. Susan y Steve Rennie (no son sus nombres verdaderos) han estado juntos durante ocho años y casados durante cinco de esos años. Hablé con ellos en su lindo (¡y limpio!) departamento en Londres. Steve me hizo pasar y muy amablemente tomó mi abrigo y mi bolso. Él es alto, delgado y tiene una apariencia bastante buena, vestido con unos pantalones y una camisa elegante. Parecía encantador y relajado. Susan estaba en el living. Acababa de llegar del trabajo y todavía vestía el uniforme habitual de la ejecutiva de éxito -un traje chaqueta gris oscuro con las medias y los zapatos de tacón de color negro. Ella era sorprendentemente atractiva y no era lo que yo me esperaba. Tenía los ojos negros, ojos danzarines y una sonrisa ganadora. Cuando hablaba, tenía un pequeño rastro de un educado acento escocés. Me sentí inmediatamente como en casa. Steve me preguntó que quería tomar, y en lo que me pareció segundos, volvió con mi petición, un gin tonic perfecto, con hielo y una rodajita de limón fresco, junto a un vaso de vino que Susan no le pidió, pero que él parecía lo que ella quería, todo servido en una bandeja de plata. No se trajo una bebida para él.Yo estaba esperando que pasaría después. ·Gracias, Steve”, dijo Susan. “Puedes tomar un vaso de zumo de naranja si lo deseas”. Steve le dio las gracias y volvió a la cocina. Susan sonrió y simplemente me dijo: “Este es su pequeño regalo. Normalmente solo le permito agua”. Inusualmente para mí, yo estaba callada. Susan llenó el vacío con una pregunta.”¿Quieres que Steve esté con nosotras para la entrevista o prefieres charlar conmigo a solas?” Solté que prefería entrevistarme con los dos a ala vez, y tan pronto como Steve se sentó con su bebida de zumo, empezamos la entrevista.

Stephanie: Susan, ¿como describirías vuestra relación?

Susan: Bien, pienso que la expresión que mejor describe la naturaleza de nuestra relación es lo que ahora conocemos como una “Female Led Relationship” (una relación conducida por la mujer). No hay nada siniestro o extraño en ello. Es sólo que Steve y yo hemos llegado a darnos cuenta de que yo soy mejor en la toma de decisiones y decidir que cosas pueden ser realizadas, y él era feliz si yo tomaba ese rol.

Stephanie: ¿Como llegasteis a esa conclusión?

Susan: Habíamos estado juntos durante dos años, creo, y viviendo juntos durante un año más o menos. Trabajábamos los dos duro al principio de nuestras carreras profesionales. Incidentalmente nos encontramos en el mismo estudio de consultoría legal de la City; pero pronto después de eso, abandoné para unirme a una firma de abogacía para la que aún trabajo. Mi carrera empezó realmente a despegar y yo estaba tan ocupada en el trabajo que le pregunté,o casi le dije a Steve que él debería tomar más responsabilidades en las tareas hogareñas. Recuerdo que me sorprendí cuando no sólo me dijo que lo haría -sin ninguna discusión- sino que realmente me dijo que no me preocupara, que se haría cargo de las tareas del hogar, de todas ellas, y que le encantaría hacerlas por mí. Al principio sospechaba un poco. ¡Pensé que había algún tipo de truco! Pero estaba demasiado cansada para preocuparme por ello. Y realmente él lo hizo. Él dejó de ser ese tipo de tipo de “con los pies encima del sofá mirando fútbol mientras yo hacía todo el trabajo” a pasar a ser “déjame hacer eso por tí”, Enseguida yo lo acepté. De hecho, cuando yo a veces trataba de hacer la colada u otra cosa, Steve se levantaba disparado y me hacía sentarme mientras él lo hacía. Yo estaba aturdida pero feliz, y en realidad no pasó mucho tiempo antes de esperar que sucediera. De pronto me encontré preguntándome porque el suelo no estaba limpio.
Fue más o menos en aquello tiempo en que me ascendieron en el trabajo. Me encontraba en una posición bastante alta como una mujer joven en un bufete de abogados de empuje. Una noche le confesé a Steve que me encanta decirle a los hombres mayores que deben hacer y el hecho esque realmente me encanta la autoridad. Steve me sorprendió una vez más cuando me preguntó:”¿Te gustaría mandar también en casa?”

Stephanie: ¿Y cual fue tu reacción?

Susan: Bien, estaba atónita. Especialmente cuando él me explicó lo que realmente quería decir con ese tipo de cosas pervertidas. Estaba horrorizada. Quiero decir que se que es una dominatrix, de hecho, una vez me vestí como una de ellas cuando fui a una fiesta de disfraces cuando estaba en la universidad, pero eso no es en lo que yo estaba metida. Afortunadamente Steve se preocupó mucho de aquello no era lo que él quería y me habló del término “Female Led Relationship”. Ahora debes recordar que Internet no estaba tan avanzado como ahora, pero yo empecé a guglear un poco. Otra vez, tuve un poco de suerte. Se que hay un montón fantasías masculinas centradas en este tipo de cosas, pero uno de los sitios que me encontré fue el foro de “She Makes the Rules” (Ella hace las reglas). Está dirigido por mujeres y es muy amigable. No hay casi perversiones raras y las otras mujeres me ayudaron a entender porqué mi hombre ha acudido a mi y me ha pedido que tome la autoridad sobre él. Esta web salvó mi vida. No lo puedo decir más claro. Es realmente un recurso muy valioso para las mujeres que justo empiezan en un FLR. Me vi como una "mujer real"y me permitió acceder a los secretos del foro solo para mujeres, donde las otras mujeres ayudan mucho. Me ayudó tanto que ahora soy una moderadora de SMTR y ahora soy yo la que ayuda a otras mujeres.

Stephanie: ¿Que aprendistes?

Susan: Bien, creo que lo más importante es que nadie puede decirte como "hacerlo bien". No hay una forma correcta de llevar una relación FLR. La forma en la que quieres llevarla es tu forma correcta de llevarla y sólo para ti. En muchos sitios, con demasiada frecuencia, los hombres dicen: "Oh, tu debes hacer xyz", o "tu no eres una ama adecuada hasta que no hagas "abc". Esto sinceramente no tiene sentido. Si nuestra relación tiene que ser dirigida por mi, esto significa que yo estoy al cargo de ella, y hago lo que quiero hacer, lo que se acomoda a mi ser, y lo que es mejor para NUESTRA relación.

Stephanie: Así que una vez tuvistes tiempo de pensar sobre ello...
Susan: Supongo que siempre había sido una mandona, incluso cuando era niña, así que cuando el shock inicial había pasado y cuando tuve tiempo de absorber lo que realmente significaba, empecé a pensar que la situación podía adaptarse bien a mi caracter. Ahora realmente disfruto con el concepto de estar completamente al cargo de todo.
Stephanie: ¿Como funcionó en los primeros días?
Susan: Bien, no fue siempre fácil. Nosotros éramos una pareja bastante normal. Ambos éramos de caracter fuerte e inteligentes, ambos teníamos experiencias y puntos de vista distintos, pero poco a poco nos adaptamos a nuestros nuevos roles. Yo descubrí la mejor manera de usar las habilidades de Steve para nuestro mútuo beneficio, y él aprendió a confiar ciegamente en mi.
Stephanie: ¿Habían momentos "aha"?
Susan: ¡Oh, muchos! Recuerdo una vez que yo quería ver una telenovela en la tele y él quería ver un partido de fútbol.
Steven: ¡No era un partido viejo! ¡Era un partido de clasificación de Inglaterra para la Copa del Mundo!
Susan: Si, bueno. Para mi no era más que un estúpido partido de fútbol. De cualquier modo, en aquellos días sólo teníamos una tele y pensé que iba a haber una pelea. La verdad sea dicha, yo podría haberle dejado ver su partido, porque mi telenovela no era importante. No la seguía regularmente, porque a veces no podía, por alguna circunstancia, ver una capítulo. Pero yo estaba en mi papel de lideresa y le dije: "Yo necesito ver mi programa, y hay colada por hacer. Ve y hazla". Cuando Steven se levantó y me dio el control sin decir una palabra, una luz de satisfacción se encendió en mi cabeza.
Stephanie: ¿Como se desarrollaron las cosas desde entonces?
Susan: Imagino que nos establecimos en nuestros roles. Nuestro hogar se convirtió en un lugar feliz. Sin estress, sin conflictos. Las cosas se hacen. Nos acercamos el uno al otro. Después de un añó más o menos. nos casamos.
Stephanie: ¿Y como fue la boda?
Susan: Fue una boda bastante convencional. Una típica fantasía femenina. Un gran vestido blanco con todos los adornos.
Steven: No totalmente convencional.
Susan: Bien, es cierto. Tuvimos una vicaria femenina, pero no es tan inusual en estos días.
Steven: ¿Y los votos?- Susan sonrió.
Susan: ¡Oh, si, es cierto! Tuvimos unos votos un poco anticuados y viejos. - Steven levantó las cejas significativamente. Susan le golpeó ligeramente en los muslos y enrojeció.
Susan: Es solo que era al revés de los votos tradicionales. Steve prometió amarme, honrarme y obedecerme. Y yo solo prometí amarle y honrarle.
Stephanie: ¿Y cual fue la reacción de la gente?
Steven: Bien, supongo que los amigos más cercanos que sabían del tema no se sorprendieron. El resto de la gente probablemente no se dio ni cuenta, y aquellos que lo hicieron,debieron pensar que fue un error de la vicaria.
Stephanie: Fuisteis un poquito más lejos que eso, ¿no es cierto?
Steven: ¿Te refieres al cambio de apellido? (yo asentí). Esto fue más difícil de lo que esperaba. Me mostré de acuerdo en tomar el apellido de Sue. Cuando una esposa toma el apellido de su esposo, es todo más fácil.Cuando quise tomar el apellido de Sue, tuve que hacer un montón de papeleo, pero básicamente se reduce a tomar su apellido oficialmente.
Stephanie: ¿Pero como fue con vuestros amigos y familia?
Steven: Bien, tengo que admitir que estaba asustado. Debería haber dicho que Sue era la Jefe de nuestro Hogar, y que estaba orgulloso de tomar su apellido, pero en realidad dije que ella era hija única, lo que es cierto, y que ella era la última de una larga lista de Rennies, lo que también es cierto, y que nosotros no queríamos que el apellido se extinguiera, lo que fue una salida fácil, pero probablemente era necesario para evitar la vergüenza de los miembros mayores de mi familia. La mayoría de la gente ya se acostumbró, y probablemente ya no recuerda mi apellido de antes.
Stephanie: Así pues, Sue, ¿que significa en términos prácticos estar en una relación FLR?
Susan: Bie, en términos prácticos, esto significa que, cuando me levanto temprano para esa importante reunión, se que voy a tener la ropa interior limpia, se que mi blusa y mi falda van a estar bien planchadas. No tengo que preocuparme por todas esas pequeñas cosas. Son sólo pequeñas cosas, pero se vuelven importantes cuando no funcionan. También significa que la vida es más eficiente. En el pasado, aunque solía salirme con la mía en las decisiones, primero tenía que debatirlo mucho con Steve, argumentar una y otra vez, darle vueltas y vueltas hasta que al final llegábamos a un acuerdo. Ahora todo este proceso está cortocircuitado. Pregunto a Peter por su opinión (que puede ser valiosa dada su experiencia), la tomo en cuenta, y después le informo de mi decisión. Mucho más rápido.
Stephanie: Steven, ¿y que tal con respecto a ti?
Steven: Bien, amo mucho a Susan. Me encanta verla tan feliz y con tanto éxito en su carrera, y me enorgullezco por ser un gra apoyo para ella.
Stephanie: ¿y tu realmente haces todo el trabajo de la casa?
Steven: Si, Aunque a Susan le gusta cocinar a veces. Naturalmente siempre quito la mesa y frego los platos. Fue duro al principio, pero luego se convirtió en una segunda naturaleza. Me sentiría mortificado si viera a Sue planchando o haciendo la colada. No sería lo correcto. A veces es duro también para ella. Ocasionalmente ella trabaja desde casa, y yo no estoy normalmente en casa durante el día. Realmente tengo que insistir en que no limpie lo que ensucie o que no ponga el lavavajillas. Ella no debería hacer ese tipo de cosas. Ahora estoy muy orgulloso de que su casa está limpia, de que se puede estar confortablemente aquí y traer amigos sin temor de ser avergonzados.
Además, no se de donde salió la tradición de que las mujeres haciendo las tareas de casa. Después de todo, los hombres somos, por lo general, más fuertes, y algunas tareas caseras requieren algo de actividad física. Yo me desespero cuando veo a Sue pasar la aspiradora.
Stephanie: Ok. Y ahora tengo que preguntar, ¿que tal vuestra vida sexual?
Susan: (Susan sonrió y se puso un poco roja) Bueno,pienso que es bastante normal, de verdad.
Stephanie: ¿No hay ninguna diferencia entre antes y después?
Susan: No realmente. Nosotros tenemos una vida sexual bastante saludable y activa. Si es cierto que Steve está más atento a mis necesidades ahora que antes. Steve suele decir que no es feliz si no me deja satisfecha antes.
Stephanie: OK. Última pregunta. Sue, ¿eres feliz en este role? ¿Te gustaría regresar a la posición que tenías antes?
Susan: Oh, no,por supuesto que no. No me gustaría regresar a la posición anterior después de haber saboreado estar al cargo de nuestro matrimonio. Soy feliz, muy, muy feliz.
Stephanie: ¿Steve?
Steven: El hecho es que Sue es feliz, y eso me hace feliz a mi.

Este parecía un buen momento para terminar la entre vista. De hecho, desde aquella primera vez, me he encontrado con ambos en varias cosas, y nos hemos vuelto buenos amigos. Puedo asegurar que, sin temor a equivocarme, son una pareja feliz y muy bien compenetrados. Tienen un amplio círculos de amigos y se llevan bien con todo el mundo. Sue parece feliz de estar al cargo y Steve parece feliz de aceptar su autoridad. Nunca les he visto discutir, y a menudo basta con un solo gesto de Sue para que Steve comprenda lo que tiene que hacer. En muchos sentidos, son un modelo para el futuro. El modelo de los años 50 reconvertido en el modelo de los 2010, pero puesto al revés: la mujer trabajando y el hombre como "amo de casa".
Stephanie:
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lunes, 23 de mayo de 2011

Weekend




De alguna manera, parece que ocurrió siempre así; de otra manera, parece que la fecha ha llegado antes de que lo supiera. En menos de una semana desde ahora, mi esposa se tomará un fin de semana lleno de sexo con otro hombre. Yo me quedaré en casa, realizando las tareas asignadas y dejando la casa impecable para su vuelta.

He estado "preso" de mi aparato de castidad durante una semana más o menos, y no he tenido un orgasmo durante dos semanas. Si el trabajo doméstico es de su agrado, voy a ser recompensado por haberlo hecho y espero llegar a tener relaciones sexuales con mi esposa. El hecho es que ninguno de nosotros sabe que traerá la próxima semana para determinar el destino de nuestra propia vida sexual. Vamos a ver como nos va. Pero, por ahora, parece que ella se está abocando un poco a su novio. No hemos tenido ningún momento íntimo en más de una semana, aparte de los besos ocasionales. Sin embargo, a menudo beso sus pies. Ella nunca me niega la oportunidad de darle un buen masaje de pies, o incluso adorar sus pies, por lo que le estoy muy agradecido.

Me dejará puesto mi aparato de castidad y se irá con su novio. Visitarán alguna ciudad (ella nunca me explica previamente sus planes), o irán a alguna zona bonita llena de naturaleza, o a algún pueblo pequeño y encantador. En todos los sitios pasarán por una pareja muy enamorada. Pasearán por la zona y él le pondrá su brazo por el hombro o por la cintura. Se besarán cariñosamente. Después volverán a la habitación del hotel a tener sexo, a bañarse o ducharse juntos, a acariciarse, etc. Jueguitos sexuales. Si ella tiene un momento de paz y tranquilidad, una "tregua entre tanta batalla" y se acuerda de su humilde servidor, me mandará un mensaje de texto a mi móvil, o si desea decirme más cosas, me mandará un mail desde su notebook. Quizás lo haga. O quizás no. Pero yo seguro que revisaré mi móvil y el ordenador de escritorio de casa continuamente.

En fin, seré el fiel perrito guardián que vigila las propiedades de su amo hasta su vuelta.

miércoles, 16 de marzo de 2011

La propuesta



Mi boda con Ana fue una boda tradicional hasta en los más pequeños detalles. La novia de blanco, el novio y el padrino de smoking, el lugar, una de las iglesias más concurridas para las bodas, cientos de invitados, listas de bodas, algunas lagrimitas por parte de los familiares más íntimos de los novios, arroz, un convite por todo lo alto, con mariscos y platos con nombres en francés, etc. Se suponía que nuestra vida matrimonial iba a ser de los más tradicional: íbamos a tener hijos, en los primeros meses (o años) íbamos a ser una pareja muy enamorada, con mucho ardor en nuestra relación, pero todo se iba a enfriar al cabo de un tiempo, yo me iba a echar una amante, ella seguramente también, cada vez íbamos a tener una relación más fría y con menos diálogo, etc. Probablemente acabaríamos divorciados.Pero yo estaba dispuesto a que no sucediera nada de eso.

Pero primero hablemos de Ana y de su familia. Su madre es una beata de las que van a misa todos los días del año. Su padre es conservador, no solo en ideas políticas, sino también en temas sociales. Va a misa los domingos, pero principalmente porque se vea que es un poco facha, aunque por lo bajo habla mal de los curas. Procura que su esposa no se entere, o al menos procura que no le sea demasiado evidente, más que nada para no molestarla y mantener la paz en casa. Ellos forman un matrimonio tradicional, donde los roles están muy bien definidos y cada uno sabe el papel que juega. Bien mirado, se podría decir que en el matrimonio de mis suegros, ella es la que manda. Ella manda en casa, ella decide cuando cambiar una cosa de casa, o comprar una cosa nueva, etc. Ella es mandona y la que paga las consecuencias es la criada de la casa, la paquita, aunque tiene casi 60 años. Él es un marido que evita los problemas con su esposa y, por ello, le deja las mayorías de las responsabilidades a ella, que por supuesto, su único oficio es el de ama de casa. Ana es hija única y ellos son bastante ricos.

Le propuse a Ana un matrimonio conducido por ella. En inglés, una Led female relationship, una relación dirigida por la mujer. Como nosotros íbamos a casarnos, sería más concretamente un led female marriage (o Wife Led Marriage) un matrimonio dirigido solo por la mujer. Se lo dije un mes antes de la boda, cuando la mayoría de los gastos y compromisos ya estaban hechos. Yo había investigado mucho en Internet, y sabía que muchas mujeres, cuando el novio o el marido se lo proponen, no lo aceptan de buen grado, o incluso, lo rechazan abiertamente. Parece increíble pero es así. Así que tenía algo de miedo. Si Ana se lo tomaba mal, podía anular la boda.Y yo no deseaba eso para nada.

Los dos pertenecíamos a la burguesía, los dos teníamos título universitario, los dos éramos bien parecidos, los dos hacíamos deportes para estar en forma y no engordar. En fin, una pareja perfecta.

Se lo propuse un viernes por la tarde. Ella me miraba con los ojos fuera de la órbita. No daba crédito a sus oídos. Creo que si le hubiera dicho que yo no era en realidad un hombre, sino una mujer convertida en hombre, no se hubiera extrañado tanto.

Estábamos en nuestra futura casa. Ya la teníamos toda amueblada y con casi todos los complementos necesarios (muebles, cortinas, electrodomésticos, juegos sábanas, etc.) para entrar a vivir. Fue una boda preparada con mucha antelación. Una de las cosas que teníamos era el ordenador con conexión a internet, así que, para sacarla del estupor, y por aquello de que más vale una imagen que mil palabras, le sugerí que lo conectase y buscase términos como femdom. Un poco a regañadientes, pero aceptó. Como la mayoría de las páginas y blogs sobre el tema están en inglés, y ella lo habla y entiende bastante bien, pronto encontró información. Se pasó varias horas mirando la pantalla del ordenador. Eran ya las diez de la noche y mis jugos gástricos estaban más inquietos que un león encerrado en una pajarera. Desde las 7 de la tarde ella estaba mirando la pantalla del ordenador, pasando de una web a otra, maltratando el mouse y yo, sin decir una palabra.

Ana debió sentir mi inquietud, o quizás ella también empezaba a sentir hambre, que me dijo:

- Encárgate de comprar una pizza y una cerveza para beber.

Así de sencillo, rotundo y tajante. Nada de cariño, cielo y amorcito, esas palabras cariñosas con las que solíamos dirigirnos el uno al otro. Comió la pizza frente a la pantalla del ordenador, y prosiguió durante el resto de la noche. Solo hizo una pausa hacia la medianoche de una media hora para descansar. Aprovechó la misma para hablar conmigo.

- No sabía que tenía tendencias masoquistas. Siempre sospeché que te veías con otras, pero no tenía pruebas, pero ahora la cosa es muy diferente.

La situación era la siguiente: Ana estaba mediatizada por la actitud de sus padres con respecto a la sexualidad, y deseaba llegar virgen al matrimonio. Es por ello por lo que, en ese momento en que me hablaba, era virgen. Su ideal de matrimonio era la de las dos parejas de chicos que cantan "Amo a Laura". Yo, por el contrario, pese a ser novio formal, pegaba una canita al aire de vez en cuando con alguna antigua amiga. Así que Ana había acertado en la diana. Confesé mis culpas, pero a ella no parecía interesarle mucho insistir en el tema.

- ¿Por qué me has propuesto este tema?

- Porque siempre me gustó materializar esos deseos íntimos que yo tenía. Mis relaciones con otras chicas nunca fueron muy placenteras, eran simplemente un desahogo sexual que una relación plena. Pero tampoco me veo en un matrimonio tradicional como el que tu imaginas- dije.
Durante unos interminables minutos hubo un espeso silencio entre los dos, minutos que, como se suele decir, a mi me parecieron horas. Ella interrumpió el pesado silencio:

- ¿Estas seguro de que eso es lo que deseas? Quiero que entiendas que si acepto, tengo que buscar la manera de que no haya vuelta atrás, de que no cambies de opinión de aquí unos meses.

- ¿Que quieres decir?

- Estoy sopesando la posibilidad de que si acepto tu propuesta, buscar la manera de hacer de esta situación nueva, me refiero a un matrimonio femdom, una situación irreversible.

- ¿Y como harías eso?

-La única manera que encuentro sería grabar unos vídeos en que tu ocuparías una situación muy humillante, y que yo los guardara, y si alguna vez cambias de opinión, yo los difundiría por internet, con pelos y señales, es decir, con tu nombre y todos tus datos personales.

-¿Una especie de chantaje?- dije yo.

-Podría llamarse así, pero también tienes que tener en cuenta que tu me has ofrecido esa posibilidad, no yo a ti. Si hubieras cerrado esa boca y tus sueños eróticos hubiesen quedado como eso, unos sueños eróticos y nada más, no estaría planteándote eso que tu llamas chantaje. Por eso es muy importante que te asegures de que eso es realmente lo que deseas, y no es fruto de un calentón momentáneo. Si quieres tomarte un poco de tiempo para pensártelo...

- No. Estoy firmemente decidido.

- Bueno,pues recuerda siempre que tuya fue la idea, no mía. No lo olvides.

-No lo olvidaré
En este punto, dio por terminada la conversación y volvió frente a la pantalla del ordenador. A las cuatro y media de la mañana, decidió volver a la casa de sus padres. Habíamos estado durante 1o horas en nuestro futuro domicilio, y la mayor parte del tiempo sin hablar. Ella mirando la pantalla del ordenador, y yo sin hacer nada, más aburrido que una ostra. Ella me reprendió un par de veces por incordiar. No se si se estaba metiendo en el papel de dominanta o no.

Bajamos al garaje por el ascensor, y al llegar frente a mi coche, un Mercedes 2000k de 184cv nuevito de trinki, me pidió las llaves del coche. Me quedé tan asombrado, tan estupefacto, tan paralizado por lo asombroso de la petición que durante muchos segundos me quedé si habla. Al final contesté:

- Ni hablar del peluquín

- Mira, te lo voy a decir claramente -dijo ella.- Hay dos opciones: o salgo conduciendo de aquí tu coche camino de mi casa, o me voy a casa en taxi. Si eliges la primera, seguiré considerando tu petición. Si eliges la segunda, rompo nuestra relación y anulo la boda. No hay una tercera posibilidad, y no voy a estar más de un minuto o dos esperando a que te decidas. Si no hay una respuesta en dos minutos, salgo por la puerta caminando y me voy a casa en taxi. Tú decides.
Y se puso a controlar el tiempo en el reloj. Tarde un minuto o así en darle las llaves del coche. Yo sabía que Ana conducía muy bien, pero nunca hubiera dejado mi coche ni a mi mejor amigo. Subimos al vehículo, pero esta vez en lugares diferentes a como solíamos ir: ella en el asiento del piloto, y yo de acompañante. Arrancó el auto y lo dirigió hacia la rampa de salida, abrió la puerta con el mando a distancia, y una vez la puerta abierta, aceleró al máximo, y el vehículo subió la empinada rampa dando un salto hacia delante. El Mercedes salió por la puerta del garaje como un toro bravo del toril. Yo creí que nos estampábamos contra el edificio de enfrente, pero no, en el último segundo Ana dobló el volante y el coche enderezó y enfiló la calle. Menos mal que nadie pasaba por la acera a aquellas altas horas, de lo contrario, la noche habría terminado mal.

Condujo a toda velocidad, nada imposible a las cinco de la mañana, pero se saltó bastantes semáforos en rojo, con bastante suerte para ambos, especialmente para mi, porque, si salvaba la vida, podía perder mi precioso coche. Pero, a pesar de mis temores, llegamos a casa muy bien. "Hubo suertecilla", pensé.

Se bajó del coche, y me dijo:
- Espera un poco. Enseguida vengo. Se metió en el portal, y a los pocos minutos, salió con su cochecito, un Mercedes clase A. Lo puso justo al lado del mio, se bajó, y me dijo tendiéndome las llaves del suyo:

- Cariño, vamos a cambiar de coche.

- Pero como, ¿cambiar de coche? No puedo hacerlo. El mío es nuevo y...

Me interrumpió.


- ¿Que me propusistes hace apenas unas pocas horas? ¿Era un juego nada más?

- No, mi vida. Pero cambiar el coche, me parece excesivo.

- Mira, te lo digo claro, Si no haces lo que te mando, anulo la boda y cuento a todo el mundo lo que hoy me propusistes.

- ¡No! Esta bien, cariño. Cambiamos de coche.
Así lo hicimos. Intercambiamos las llaves de los coches, ella se subió al mío, y sin decir nada, lo metió en su garaje. La vi después desde el portal al tiempo que me señalaba el móvil. Sonó mi aparato, lo tomé y me dijo:

- Paso mañana a recogerte a eso de las 7. Hasta mañana.

Y sin decir nada más, agitó su mano derecha en señal de despedida y se fue hacia los ascensores.

PARA CONTINUAR

sábado, 26 de febrero de 2011

My Story

Mi historia.


Los estudios nos muestran que los hombres piensan cientos de veces al día en el sexo (muchas veces más que la media de las mujeres). La primera vez que oí sobre estos estudios, tuve una mala época porque me lo creí. Me asombraba como mi marido podía pensar en el sexo cientos de veces al día pero solo mostraba ínterés sexual en mí una odos veces al mes. Entonces leí otro estudio que decía que el hombre medio eyacula desde unas pocas veces a la semana a una vez al día o más. Recuerdo que al principio de nuestro matrimonio mi marido estaba en la parte superior de esa escala. Me preguntaba como su biología pudo haber cambiado tan drásticamente en los últimos 7 años.

Mi marido apenas parecía percatarse de mi existencia. Me di cuenta de que mientras él era el centro de mis pensamientos, yo apenas estaba en la periferia de los suyos. Primero estaba furiosa con este pensamiento y después curiosa. Lo primero que pensé es que tenía un affair. Me fui a la oficina de mi marido que está solo a unos bloques de edificios de casa, así que fue fácil para mi verificar que estaba en la oficina en esas noches en que él decía que se quedaba a trabajar hasta tarde. Entonces empecé a hurgar en busca de pistas sobre un posible afair. Lo que encontré en su oficina me asustó. ¡PORNOGRAFÍA!

La mayor parte de la pornografía era lo usual - bellas mujeres desnudas con pechos firmes y culos que sobresalen. Odiaba mirarlas. Había dado a luz a dos de sus hijos y aunque me consideraba a mí misma como moderadamente atractiva, no era rival para esas mujeres con apariencia de Barbies con las que él estaba obviamente fantaseando y comparándolas conmigo. Esto hizo que casi llegara a odiarle. Tan solo al pensar que había dedicado los 7 años de casada a nuestro matrimonio, a nuestra familia y a él y que prefería esas chicas de papel satinado que no hicieron nada por él, me irritaba los nervios. Habría tenido que trabajar dos o más horas diarias para simplemente empezar competir con ellas. ¿Y porqué tendría que empezar a competir con ellas? Criaba los chicos, cuidaba mi casa y cocinaba sus comidas. Mientras tanto, él malgastaba sus energías sexuales en esas brillantes fotografías demujeres que no hicieron nada por él excepto desnudar sus traseros para él en las páginas de esas revistas de mala calidad.

Yo tenía ideas preconcebidas sobre la clase de hombres que compraban esa clase de revistas. Mi marido parecía no cuadrar en esas ideas. Él era muy respetado en la comunidad, inteligente, atlético, trabajador y protector de su familia. Parecía tener un alto estándar moral y muy activo en nuestra iglesia. Era el tipo de hombre con el que una mujer se sentiría orgullosa de estar casada. A pesar de que viví con él la experiencia de su carácter impío, la pereza y el abandono en que a veces dejaba la casa, mi imagen de él nunca había incluido lo que yo ojeé en las páginas de sus revistas.

Fui presa de la desesperación hasta que llegué al fondo del pozo. Entonces vi un par de revistas que eran diferentes de las otras. Representaban a mujeres dominantes (dóminas) y hombres sumisos, tanto en dibujos como en historias. Algunas de las mujeres fotografiadas eran altas y bellas, del tipo de Amazonas como Xena, la princesa guerrera, pero otras no eran tan atractivas como yo. Muchas de las historias y fotografías representaban a mujeres sirviendo a hombres en formasen las que yo nunca me imaginaría a un hombre sirviéndome -cocinando, limpiando, dando masajes- y siendo castigados si sus servicios no cuadraban con lo esperado por esas implacables mujeres. Esto me convenía.

No estaba segura de que hacer en esa situación. Una parte de mí estaba furiosa y quería enfrentarse a mi marido y obligarle a explicarse. Otra parte de mí quería olvidarlo todo. Estaba demasiado avergonzada en confiarlo a nadie. Devolví las revistas a su sitio y pasé las siguientes semanas tratando de pensar que hacer al respecto.

Gracias a Internet encontré la solución. Empecé mi investigación. Era unja fuente anónima y llena de información. Encontré que mi situación no era tan inusual como me imaginaba, y que el comportamiento de mi marido tampoco lo era. Solucioné mi problema e hice de mi marido una mejor esposa.

Mi Solución

Me sorprendió la cantidad de cosas que aprendí. Al tiempo que formulé mi plan, a menudo dudaba de mi misma. A menudo pensé que no saldría bien. Él es tan macho, tan fuerte, tan independiente. Cuando dudaba, recordaba estas revistas y todo lo que aprendí en mi investigación. Recordaba mi ira y el modo en que me había tratado, en que me había tomado el pelo y me engañó en su afecto. Estaba preparada.

Un sábado por la noche, cuando él estaba sentado en el sofá esperando a que le hiciera la cena, llevé a los chicos a casa de mi hermana y pasé por su oficina para recoger sus revistas. Durante la cena le dije que tenía algo que discutir con él que requería toda su atención. Le dije que teníamos que reunirnos en el dormitorio cuando acabáramos de cenar. Me preguntó sobre que teníamos que hablar. Utilicé un tono de voz bastante severo y me encantó ver su semblante nervioso. Ni protestó ni discutió.

Una vez en el dormitorio, le dije que se sentara en la cama. Quería mirarle de arriba a abajo. Le miré a los ojos y dije: "Yo pienso que tienes un problema que está afectando anuestro matrimonio y no vamos a abandonar esta habitación hasta que hagamos algo para solucionarlo". Empezó a decir algo pero levanté mi mano para cortarle: "¿Sabes cuantas veces eyacula un hombre de tipo medio?"

Fue solo una fracción de segundo, pero lo vi bajar sus ojos y enrojecer. Entonces adquirió una postura como de indignación y dijo: "¿De que demonios estás hablando?" Levanté mi mano para pararle y me fui al otro lado de la cama donde había puesto las revistas y las puse en la cama a su lado.

"Explicame esto", le exigí. "Y ni siquiera pienses en mentirme". Se quedó sin palabras. Durante un minuto casi me apiadé de él. Casi cedí. Pero entonces decidí disfrutar de su derrota. Me incliné sobre él y le apunté con mi dedo a la cara. "Bien, ¿que tienes que decir?" Otra vez nada. Le miré fijamente a la cara durante otro largo momento y dije: "Okay, te haré otra pregunta más fácil. ¿Con que frecuencia te masturbas?

Me miró de abajo a arriba y trató de decir algo. No pudo. Abrió la boca tratando de decir algo y su cara se volvió de color rojo. Estaba sin respiración. Esto me recordó cuando una tarde, en nuestra primera cita, yo llevaba un nuevo vestido de noche que, tengo que admitirlo, me sentaba muy bien. Cuando vino a recogerme y me vio allí parada en aquel vestido de noche, se quedó sin respiración y sin palabras, con la boca abierta como ahora. Era una mirada de asombro e impotencia que no había visto desde entonces. Y ahora,nueve años y dos niños más tarde, allí estaba esa mirada otra vez. Sentí un poder que no había sentido durante años. Era raro y excitante.

Decidí ir un poco más despacio para que se le desatara la lengua. Me senté en la cama a su lado, cogí su barbilla con mi mano y cariñosamente le dije que estaba todo bien si me lo contaba, que necesitaba saberlo todo con el fin de mejorar nuestro matrimonio. Respiró profundamente y me dijo: "Quizás una vez o dos al mes", susurró. Levanté su barbilla y le miré directamente a los ojos.

"Díme la verdad". Se tomó unos minutos pero al final elevó el número a un par de veces a la semana. Todavía no estaba segura pero era un número creíble, que yo podía aceptar de momento. Le dije que no podía tolerarlo más.Le dije que Dios había aceptado este matrimonio como legítimo y que su energía sexual desperdiciada y su hábito de masturbación era una violación del sagrado matrimonio. Luego me llegó la inspiración de lo que podría determinar su total sumisión hacia mi: "¿Que crees que pensará la gente si se entera de todo esto?"

"No se lo digas a nadie", imploró

Me levanté y me paré de pie con las manos en jarras. "Bien, entonces necesitamos hacer algo al respecto. "¿No estás de acuerdo? Asintió con la cabeza.

Pensé que era el momento de la verdad. Había llegado hasta este punto y todo había salido muy bien, tal como planeé, o incluso mejor. Levanté su barbilla hacia mi cara otra vez. Necesitas un poco de disciplina, ¿no?

Allí estaba otra vez esa boca bien abierta.Esto envió un escalofrío de placer por mi columna vertebral hasta mi ingle. Le ordené que se levantara y que fuera a mi despacho y que trajera el cepillo de madera que yo había comprado con tal propósito. Me volví a sentar en la cama y le ordené que permaneciera de pie junto a mí. "¿Bájate los pantalones?" Dudó. "AHORA", le ordené. Desató su cinturón y dejó caer sus pantalones hasta el suelo. "Los calzoncillos también", le dije.

Pienso que por parte de los dos todo se sentía como extrañamente inevitable. No protestó. No dijo que me estaba comportando de una manera ridícula. Simplemente bajó sus calzoncillos y se puso rojo como la grana.

"¿Que está pasando aquí?", pregunté. Tenía la polla tiesa.

"No era mi intención que esto sucediera", balbuceó.

"No estará así por mucho tiempo", le aseguré. Entonces di unas palmaditas en mi regazo con el cepillo para el cabello. Su mirada era confusa y mi confianza empezó a decaer. Entonces le miré fijamente, allí estaba plantado de pie y parecía tan estúpido con sus calzoncillos en los tobillos, que simplemente di unos golpecitos con más autoridad en mi regazo. Tomó su lugar en mi regazo sin decir una palabra.

Mis primeros golpes fueron una mera tentativa y, por lo tanto, élno emitió ningún sonido de queja. Golpeé más fuerte. Ahora si se quejó y pude sentir como su erección disminuyó. No había nada agradable para él hasta ahora.

Mientras le golpeaba dejé vagar mi mente rememorando el modo en el que él me había ignorado durante los dos últimos años, como me había ignorado mientras se la pelaba regularmente con aquellas fotografías. Cuatro docenas más de duros golpes. Su trasero estaba de un color rojo brillante y las ronchas fueron tomando forma. Él se retorcía inutilmente pidiendo que me detuviera. Fue catártico para mí. Toda la furia que había estado almacenando salió.

Por último empezó a llorar. Paré y ledije que ya podía ponerse de pie. Su erección hacía tiempo que se había ido, y sus ojos estaban acuosos y rojos. Tan pronto como se puso de pie, se arrodilló y abrazó mis piernas. Estaba allí arrodillado, disculpándose profundamente al tiempo que yo acariciaba sus cabellos con mis dedos.

Con mi furia abatida, en aquel momento le amé de una manera más fuerte en que lo había hecho desde hace años. Todas las frustraciones, dudas e ira que yo había experimentado hacia él habían desaparecido y nunca más se interpusieron entre yo y mi amor por él. Sentí unas ganas tremendas de empujar su cara hacia mi ingle y hacer que me de placer con su lengua (él no me lo había hecho durante años). Pero me contuve. Esto podría venir más tarde.

Le dije que se pusiera de pie, cara a una esquina del dormitorio y que meditara sobre lo que había hecho y lo que había pasado en aquella habitación. Lo hizo sin un sonido de protesta. Trató de suavizar sus nalgas acariciándolas con sus manos. "No", le dije, "pon tus manos a los lados". Realmente se le veía lindo allí de pie con su culo rojo brillante, obedeciéndome sin protestar. "Ahora no te muevas", dije. No tardaré mucho en volver."

Bajé a la planta abajo y me hice una taza de té. Cuando volví, le encontré exactamente como le había dejado. Me senté en nuestro sillón de orejas y tomé unos pocos sorbos de té. Él permaneció en silencio. Puse la taza sobre la mesita de noche.

"Ven aquí Patrick", le ordené. Se acercó y se paró enfrente de mi. Se tapaba sus genitales con sus manos.

"¿Puedo vestirme"?" preguntó.

"No cielo." contesté. "Primero tenemos que hablar sobre las reglas. Saca las manos de tus genitales." Tragó saliva y, por supuesto, obedeció.


Las Reglas

No me había dado cuenta de la importancia de esa tarde hasta ese momento. La dinámica del poder en nuestra relación había dado un giro brusco y repentino. Como muchas mujeres, había vivido con el miedo a perder mi matrimonio. A consecuencia, yo había puesto mucha más energía en nuestro matrimonio que él. Era injusto y yo estaba resentida, pero lo había aceptado como mi realidad, como algo que no podía cambiar. Durante las semanas anteriores a esa noche, comencé a pensar que podía cambiar las cosas. Estaba mentalmente preparada para establecer la ley y tenía mi lista de reglas escritas. El poder que sentí mientras él permanecía desnudo delante de mi esperando por sus "nuevas reglas" me hicieron emocionalmente preparada.

Cogí su escroto y pene en mis manos y le dije: "Esto no pertenece a tí solo, Patrick. No se lo que entendías antes de esto, pero cuando tu hicistes tus votos de boda,prometistes serme fiel. Esto significa que tu sexo me pertenece. ¿Lo entiendes ahora?" Él asintió silenciosamente. "Dime que lo entiendes", le exigí.

"Lo entiendo," dijo. Su pene se estaba poniendo tieso otra vez, así que supe que tenía su atención dividida.

"Okay, aquí están tus nuevas reglas":

1. No vas a eyacular sin mi conocimiento y permiso. ¿Lo entiendes?"
"Si."

2. "No vas a mentirme ni a engañarme. ¿Entiendes?"
"Si."

3. Voy a guardar estas revistas tuyas escondidas y fuera de tu alcance solo para el caso de que necesites un recuerdo, pero nunca más vas a mirar pornografía. ¿Entendido?"
"Si."


4. Vas a ser un mejor marido de lo que has sido hasta ahora. Vas a prestar más atención a mis necesidades y las de los niños. ¿Entendido?"
"Si."

5. "Yo seré la juez de tu actuación como marido. Será tu mayor prioridad ganar mi aprobación de tu actuación. ¿Entendido?
"Si."

6. "Harás la parte de tu trabajo que te corresponde en esta casa sin quejas y sin necesidad de que se te ruege. ¿Entendido?"
"Si."

"7. "Cuando cumplas mis expectativas serás recompensado; cuando no, serás disciplinado. ¿Aceptas esta disciplina sin rebelarte? ¿Entiendes?"
"Si".

"Ok," le dije "estas son las reglas generales.” No pude aguantarme. y el di un beso. "Bien, hablaremos sobre los detalles más tarde." Le dije que me diera placer con su boca. Le dije que su objetivo era mantenerme al borde de un orgasmo durante la próxima media hora antes de hacerme correr.

Fue el más dulce que había experimentado durante años. Ya que él no tenía manera de comprobar la hora con la cara enterrada, se tomó mucho másde la media hora. Cuando estaba satisfecha, le dejé levantarse. Caricié sus genitales. "Eso estuvo bien, Patrick," le dije, "Pero tu no tendrás ningún orgasmo esta tarde. De hecho," le dije mientras le acariciaba "puede pasar un tiempo antes de que te merezcas uno."

Él sólo gemía. Cuando dejé de tocarle, le besé y le acaricié, y se acurrucó en mi regazo como no había hecho en años. Le dije que había algunos detalles que resolver antes de ir a dormir. Le mostré la carta que había escrito para él y le expliqué el sistema de puntos de mérito y demérito. No protestó. Me fuí a dormir tan pronto acarició y me hizo un masaje en mi espalda. Fue un sueño maravilloso. Por fin conseguí el control de mi matrimonio.

(Continuará… con más de "Vivian's" insights on “Domestic Discipline.”)

FIN