martes, 22 de mayo de 2012

Mi matrimonio femdom

Después de un año y pico con Andrés, le propuse matrimonio. Bueno, en realidad no se lo propuse. Durante este tiempo que convivimos juntos, Andrés había sobrepasado con creces mis exigencias. Un sábado por la mañana, le dije:

- Arreglate que vamos a salir.
- Puedo preguntar a donde vamos.
- Si, voy a comprarte un traje de novio para tu boda.
- ¿Mi boda?, preguntó sin entender.
- Si, tu boda.
- Y, ¿con quien me voy a casar?
- Conmigo tonto, dije con una sonrisa.
- ¿Cuando?
- Ya lo tengo todo arreglado. Nos casamos el 15 de mayo, sábado.

Tras una pausa de algunos segundos, dije:

- ¿Algún problema?
- No, dijo.
Y así fue la conversación en que le comuniqué nuestra boda. Me encanta hacer cosas y después, comunicárselas a él. Es como usar al máximo mi capacidad de decisión. De todos modos, él hace lo que yo le mando. ¿Para que voy a comunicarle mis planes. Hago y deshago según mi criterio, y cuando está todo preparado, le comunico mi decisión. Como el día en que le comuniqué la decisión que había tomado. Así deben ser los hombres de verdad.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Every picture tells a story

Every picture tells a story.

The bride & her friends:

No puedo creer que realmente lo hicieras. Invitar a tus amantes negros a nuestra boda, y permitirles que me humillaran continuamente. Todavia peor, flirtear con ellos todo el tiempo. Y aún peor que eso: coger sus pollas delante de todo el mundo, mamarselas a los dos y tragar su semilla sin perder una sola gota, haciendo obvio para todo el mundo que lo has hecho antes miles de veces.

Ahoa estoy muerto, cariño. Todo el mundo piensa que soy un cobarde, un pusilànime. Ahora saben que haces lo que quieres y que yo me lo trago todo. Me han perdido todo el respeto.

Al principio pensè que eras estùpida, porque iba a perder mi trabajo y con èl, el cheque que tanto te gusta. Pero esto sucediò hasta que mi jefa se me acerquò en la boda y que todo cambiarìa para mi a partir de ahora. Por eso, ahora tendrè que trabajar màs duro y durante màs tiempo a partir de que volvamos de nuestro viaje de novios al caribe. Ah, por cierto, ¿sabìas que el caribe està lleno de negros? ¿No serà por eso que te empeñastes en ir al caribe?

Por cierto, le comentè a mi jefa que voy a llevar siempre puesto un aparato de castidad. Ella me ha ordenado que el primer dìa de trabajo, que me presente con una copia de la llave. Que de lo contrario, no me presente sin ella. Dice que quiere tener una copia de la llave para ella.

domingo, 6 de mayo de 2012

Mi nueva vida

Me casé con Tony a los 20. Nos conocíamos del instituto, íbamos los dos al mismo curso. Dejamos los dos los estudios al cumplir los 16, primero él y luego yo. Tony empezó a trabajar en una constructora como ayudante de albañil. Cuando meses más tarde cumplí los 16, empecé a trabajar como auxiliar administrativo. Por las tardes estudiaba administración de empresas. Como ya he dicho, a los 20 nos casamos. Compramos un pisito con una hipoteca del banco. Vivíamos bastante bien, sin hijos, con un sueldo pagábamos la hipoteca y con el otro nos costeábamos la vida. Tony tenia 26 y yo aún 25 cuando la empresa cerró y nos quedamos en el paro.

Al principio no nos desesperábamos, era a mediados de 2009 y pensábamos que la crisis duraría poco. Pero un año después estábamos desesperados. Ninguno de los dos encontrábamos nada. Nos peleábamos continuamente. Aunque aún nos quedaba paro para un par de meses, la situación ya era desesperada. Así que un día tomé una decisión:

- Me voy a hacer puta.

le dije a Tony. Imaginaos la cara que puso. Discutimos el tema, pero yo no me bajé del burro. Era mi cuerpo y no el suyo, argumenté. No estoy dispuesta a perder el piso y todo lo que hemos pagado, le dije. El piso es más importante que yo, dijo él. Pues si, contesté. Y si no te gusta, ya sabes donde está la puerta de mi piso, dije.

Obviamente, no sabía como hacerlo. No tenía contactos. Tampoco quería verme en un club de alterne, en una calle oscura con poca ropa y pasando frío o en situaciones similares. Entonces tenía 26, casi 27, y era una chica guapa y sexy. No tenía que degradarme hasta convertirme en una puta callejera. Quería ser una puta de alto standing. Vamos, una puta cara, con pocos servicios pero caros.

No sabía por donde empezar, pero un día se me ocurrió llamar a mi exjefe, don Anselmo. Más vale malo conocido que bueno por conocer, pensé. Y le llamé a su casa. Y me contestó una voz masculina que me respondió que don Anselmo había fallecido casi un año antes.

El caso es que la voz me resultaba familiar. Y de repente caí.

- Andrés, ¿eres tú?

- Si, soy Andrés. ¿Y tu quién eres? Tu voz me suena mucho, pero ahora mismo no caigo.

- Soy Merche, la antigua secretaria de tu padre. ¿Te acuerdas de mi?

Claro que se acordaba. Una es lo bastante atractiva para que los hombres no la olviden pronto. Además, no había pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos. Le pedí una cita en un lugar discreto donde poder hablar tranquilamente. Me invitó a cenar. Me invitó a mi, en singular; no nombró a mi marido. Él sabía que yo estaba casada. Acepté la propuesta y en tres horas (¿Tienes suficiente tiempo para acicalarte?, preguntó con sorna) nos citamos en el restaurante que nombró. Por supuesto, un restaurante de lujo. Al menos, voy a sacar una cena gratis, me dije.

Durante la comida hablamos de su padre (murió de un ataque al corazón), de su madre (estaba internada en una residencia con Alzheimer), de la empresa desparecida, de sus situación económica (muy inferior a la de antes pero bastante buena), etc. En este punto presté mucha atención. Sus padres eran muy ahorradores, como hormiguitas. En cada torre de pisos que construían, el viejo se quedaba uno piso para él. En 40 años de trabajo, cuando murió tenía 21 pisos en alquiler. Andrés era hijo único. La residencia de su madre la pagaba con otros ingresos que procedían del patrimonio que ella heredó de sus padres. Como la vieja tenía Alzheimer, ni siquiera le reconocía. Aunque al principio se sentía culpable, dejó de ir a ver a su madre. Como ella ni siquiera le reconocía, era una pérdida de tiempo. Sólo iba una vez al mes o cada dos meses para comprobar que tenía buen estado de salud y que la trataban bien. O sea, que tenía mucho tiempo libre. También hablamos de mi y de mi marido, y de nuestra situación económica. Después de tomar los postres, me dijo:

- Me dijistes que querías hablar conmigo en un lugar reservado. Tu estás casada, pero el único lugar reservado que tengo es mi casa. Si aceptas, vamos a mi casa a tomar una copa. Si no aceptas, podemos hablar en mi coche.

Fuimos a su casa. Allí le conté mi plan. Se sorprendió. Después me dijo que siempre le hubiera gustado acostarse conmigo, que yo era una de las personas más sexys y deseables que conocía. Déjame pensarlo aunque sea 24 horas, dijo. Dame el número de tu móvil y mañana te llamo.

Al día siguiente me llamó. Quedamos en su casa.

- Quiero hacer un trato contigo, pero yo pongo las condiciones. Quiero exclusividad total, no tendrás otro cliente más que yo.

- Bueno, pero está mi marido...

- Tu marido tampoco.

- ¿Y como vas a impedir que folle con él?

Se levantó  y me dijo que le siguiera. Fuimos a otra habitación donde tenía un ordenador y lo encendió. Puso en marcha el navegador y tecleó en Google "CB 6000". Las imágenes que vi me asombraron. Aquello era una especie de cinturón de castidad para hombres, para mantener la polla cerrada con un candado.

- Con esto mantendré a tu marido alejado de tu coño. Bueno, en realidad, de cualquier coño. Ni siquiera podrá masturbarse. Por supuesto, yo tendré la llave del candado. Sólo yo podré quitárselo.

Me quedé unos minutos reflexionando. Todo esto era ir mucho más lejos de lo que yo tenía pensado. Ni siquiera iba a poder follar con Tony sin permiso de Andrés. Pero por otra parte, me intrigaba esta propuesta. Desde luego, no podía dar una respuesta enseguida. Tenía que pensarlo. Pero antes tenía que negociar la parte económica de la propuesta. Y por otro lado, no estaba dispuesta a cambiar la exclusividad sexual con un hombre con la exclusividad sexual con otro.

- Esto te va a costar muy caro.

- Ni lo sueñes. No puedo pagar más de 2.000 euros al mes.

Esto si que era sorprendente. Sólo quería pagar una cantidad mínima.

- No estoy dispuesta a cambiar la exclusividad con mi marido por otra contigo. Eso, al menos, debería valer unos 10 mil euros al mes.
-Yo te he dicho de ser tu único cliente, no de ser tu único amante. Son dos cosas muy diferentes. Mira, por ejemplo, yo tengo un amigo negro. Es inglés y vive en Londres. No le he visto nunca en bolas, pero según dicen, todos los negros la tiene enorme. Podríamos invitarle  pasar este verano con nosotros dos, Yo tengo un pequeño yate, no es gran cosa, un velero antiguo. Tengo el título de capitán de yate y navego bastante bien. El verano se acerca. ¿que te parece pasar julio y agosto con tres hombres a tu disposición, uno para limpiar y cocinar, otros dos para follar? Y todo esto mientras cobras 2.000€ al mes.

Recordé que don Anselmo hablaba mucho del yate. Y la propuesta era muy tentadora.

Seguimos negociando. Al final acordamos 2.500€ al mes, que era un poco superior a lo que Tony y yo cobrábamos cuando entre los dos cuando trabajábamos para su padre. Andrés uso el argumento de que de puta podía conseguir mucho más, pero no era lo mismo verse obligada a follar varias veces al día para conseguir 5 mil euros al mes que follar cuando quisiera. También le saqué dinero extra para comprame algo de ropa y renovar mi vestuario. Me prometió 10 mil euros. Acepté.

Y pasé un verano de puta madre.

Manuel

Manolo se enamoró de mi. Sus padres eran ricos y, según todos los hombres que conozco, yo estoy rica, como para mojar pan. Yo, por supuesto, no estaba enamorada de él, pero cuando me pidió salir juntos, le dije que si. Tenía casi treinta años, y podía quedarme para vestir santos, como decían antiguamente. Después de un año, me pidió matrimonio y, a pesar de sus escasas cualidades físicas (ya os podéis imaginar a que me refiero), le dije que le ponía una condición

- ¿Cual es?
- No me fío de los hombres, de ningún hombre, ni de ti ni de nadie. Me he acostado con muchos hombres casados como para fiarme de ninguno. Venden un pequeño aparatito que lleva un candado y sirve para evitar que tu hombre te engañe.

Conecté el ordenador y le enseñé imágenes de internet de dicho aparato. Quedó asombrado.

- Esta es la única condición. Ya vez que fácil.

Evidentemente puso pegas. Yo se las aclaré todas. Se puede hacer pis con él puesto, se puede bañar, si el candado, por la acción del agua empieza a ir mal, se le cambia por uno nuevo que se compra en una ferretería. Como él insistía en este punto, al final y para vencer cualquier resistencia, le dije:

- No te duches o no te bañes con él. Toma la ducha cuando yo esté en casa y te lo quitaré para que te duches y, después, te lo pondré otra vez.
- ¿Tengo que llevarlo puesto también cuando esté en casa?
- Si, porque se me puede olvidar ponértelo antes de salir.

Manolo buscó la última excusa:

- ¿Y si se pierde la llave?
- Viene con tres llaves. Y el candado se puede cambiar por otro antes de perder la última llave. En casa vamos a poner una pequeña caja fuerte, y guardaré una llave en ella.

Ya no aguanté más:

- Esto es como las lentejas: o las tomas o las dejas. Tu decides. Pero yo no voy a cambiar de opinión.

Y tan enamorado estaba de mi que se decidió por el si.

Ni durante la boda ni durante la luna de miel le obligué a llevarlo puesto. Era una tontería si iba yo a estar presente. Pero en cuanto llegamos a casa después de regresar de nuestro viaje al caribe, se lo hice poner. Le obligué a ducharse y después, se lo puse yo misma. Me miraba con ojos de cordero degollado, como queriendo darme lástima, pero yo no me dejé engañar por sus lágrimas de cocodrilo que salían de sus ojos y rodaban por sus mejillas. Durante los siguientes días, me aseguré de que la polla se podía limpiar bien sin necesidad de sacarla de su jaulita. Y vi que era así.

Unos días más tarde, llegué a casa un poco más tarde de lo habitual pero bien acompañada. Iba con Juan, uno de mis antiguos amantes. Manuel me miró con cara asombrada. Acompañé a Juan hasta nuestra alcoba matrimonial, le dije que me esperara un minuto. Volví al salón donde estaba Manuel aún con cara de asombro.

- He venido con un amigo. Vamos a follar en nuestra alcoba de matrimonio. Procura no molestarnos.

Y volví a la alcoba ante la cara asombrada de mi marido. Durante unas tres horas estuvimos retozando en la cama. Cuando salimos, ya eran las once de la noche.

- Manu, ¿nos has preparado algo para la cena?
- No.
- Cariño - dije dándole un beso en la boca - pide una pizza para tres.

Yo había decidido de antemano portarme de un modo cariñoso con mi marido. Nunca hablamos del tema. Simplemente yo hacía lo que me daba la gana. Por nuestra cama de matrimonio no sólo pasó Juan, sino también otros dos más- Manu nunca dijo nada sobre el tema. Y como no sacó el tema a relucir en nuestras conversaciones, yo tampoco. Este mes de mayo de 2012 se han cumplido cinco años de nuestra boda, y ahora soy de verdad feliz.

PD: poco a poco fui obligando a Manu a hacerse cargo de todas las tareas del hogar. Aprendió a cocinar y lo hace muy bien. Estoy feliz a su lado.

lunes, 23 de abril de 2012

Mi cuñadita

Myra tenía 14 años y era una preciosidad de adolescente. La conocía desde que mamaba de las tetas de su madre. Desde jóvenes, Adela, mi mujer, y yo éramos novios, y ahora, cuando ambos teníamos 30 (nacimos el mismo año, fuimos compañeros de instituto e íbamos al mismo curso), mis suegros nos habían invitado a compartir un departamento grande en la playa. Éramos 6: los dos matrimonios, Mira y mi cuñado de 19 que hacía vida aparte. Ya sabéis, salidas nocturnas, discotecas, levantarse tarde.

Adela y yo no teníamos hijos y ambos trabajábamos, pero nuestro poder adquisitivo no era muy grande. Ya os lo imagináis: dos sueldos mileuristas y una hipoteca por pagar que se comía uno de sueldos. Afortunadamente, estaban las dos pagas extras completas, con las que reuníamos unos 2.000€ extras que, sin embargo, no nos permitía alquilar un departamento en la playa en el mes de agosto. Hubiéramos podido alquilar por una quincena, pero nuestros suegros encontraron otra solución mejor: alquilar a medias un apartamento que le había ofrecido un compañero de trabajo con dos dormitorios dobles y uno individual. El hijo dormiría en una sofá cama en el living. Mirándola con lupa, la oferta tenía algún inconveniente, como por ejemplo, sólo había un cuarto de baño o no tenía plaza de garage para ningún coche, pero decidimos que todo tenía solución. Lo del baño se arreglaba con paciencia y ecuanimidad a la hora de usarlo, y lo del garage lo solucionamos alquilando una furgoneta para trasladarnos hasta la localidad costera y que después devolveríamos a la empresa de alquiler de coches en la cercana ciudad de Alicante .

Mi mujer era guapa y sexy, pero su hermana Myra era un bellezón. Además era una auténtica Lolita: buscaba siempre la manera de provocar a los chicos pero especialmente a los que tenían bastantes años más que ella, entre ellos yo. Todo había empezado unos meses atrás. Adela y yo teníamos la costumbre de ir a cenar a la casa de sus padres, y allí, cuando se le presentaba la ocasión de estar a solas conmigo (su padre dormía todos los días la siesta y su madre y Adela solían charlar), solía conducir de algún modo más o menos casual al tema del sexo. La mayoría de las veces eran estupideces, como el vestido sexy que se había comprado una compañera del instituto y me enseñaba una foto de dicha compañera en su móvil con el vestido sexy. Myra no tenía ningún complejo de hablar conmigo sobre ese tipo de temas y a veces la conversación subía de tono y aunque parezca increíble, en un par de ocasiones yo me calentaba y llegaba a la erección, con el consiguiente problema cuando aparecían por la habitación mi mujer con su madre. ¡Imagínate estar empalmado y tu mujer te dice que es hora de irse a casa! Estas sentado a la mesa y por lo menos allí puedes esconder la erección, pero si te levantas, todo el mundo lo va a notar. Y Myra siempre la notaba.

Ya sé que es difícil de creer que un adulto de 30 años se empalme con tan sólo una conversación con una chica como si fuera un adolescente, pero a mi me pasó una media docena de veces. Recuerdo que en una de esas ocasiones entró mi mujer y yo le dije que era muy pronto para irse. Ella se dio media vuelta y sin decir una palabra, volvió con su madre. Entonces se me ocurrió la estrafalaria idea de levantarme para ver como Myra iba a reaccionar al notar mi bultaco en mis pantalones e hice como que buscaba el mando de la tele que, por otra parte, estaba bien a la vista y en la mesa, justo al lado. Hice como que no lo había visto y me levanté y me puse a buscarlo y ella, al ver mi bultaco, dijo osadamente:

- ¿A que no te atreves a sacártela y enseñármela?

- ¿El qué?

- ¡Que va a ser! ¡No te hagas el tonto conmigo! Tienes el mando al lado mismo y me quieres hacer creer que te has levantado a buscarlo. Si tienes huevos, baja la bragueta y saca tu polla y tus huevos para que yo los vea bien.

Lo hice. Aquella situación me puso cachondo, mucho más de lo que ya estaba. Hice lo que me pedía.

- Acércate más a mi.

Tocó mis genitales que, si mi polla estaba durilla antes, ahora estaba dura como un palo de amasar. Y empezó a hacerme una paja, arriba y abajo. La situación era muy peligrosa, porque cualquiera podía haber entrado en la habitación, pero ninguno de los dos estaba dispuesto a renunciar al placer que se nos presentaba. Me hizo la paja, recogió la mayor parte del semen en su mano y me hizo lamerlo de su propia mano, amenazándome con denunciarme a los miembros femeninos de su familia y decía que para prueba tenía mi semen en su mano. Decía que me iba a acusar de haberla obligado a hacerme la paja, y que sus pocos años jugaban a su favor. Estaba claro que iban a creerla a ella antes que a mi.

Durante meses reviví esa situación tan erótica en mi mente a diario. Y unos meses después, estábamos los dos viviendo bajo el mismo techo en un departamento en la playa.

Increíblemente, durante aquel mes de agosto Myra y yo gozamos de una libertad de acción total. Mi mujer parecía pasar de mi. Y yo, idiota de mi, sin sospechar lo que pasaba a mis espaldas. disfrutaba de la libertad con la compañía de Myra. Pasábamos la mayor parte del día juntos sin que nadie nos molestara con preguntas molestas. Y mis suegros nunca dijeron nada, porque creían que su hija estaba más segura conmigo que con extraños, dada su juventud.

Un día fuimos a una playa nudista. Fue sugerencia suya. Como no teníamos coche, fuimos caminando y pasamos la mayor parte del día juntos. Comimos unos bocadillos en la playa. Por supuesto, era la primera vez que la vi desnuda. ¡Estaba preciosa! Alta, delgada, con unas tetas casi de mujer adulta, con su coñito medio pelado que había afeitado formando un pequeño triángulo. Parecía una diosa.

Se tumbó encima de la toalla, boca abajo y me pidió que le pusiera crema en la espalda. Por supuesto que disfruté mucho haciéndolo. Primero le puse  en toda la espalda, después en las piernas y después me advirtió que se la pusiera en las nalgas. Así lo hice.

- Vamos los dos al agua y follamos los dos en el agua. Muchas parejas lo hacen - me dijo bajito en la oreja.

Me quedé de piedra. No me lo esperaba. Pero reaccioné bien. Sin decir esta boca es mía, me puse de pie, le cogí la mano y nos metimos en el agua. Y follamos dentro del agua. No recordaba haber tenido un orgasmo tan bueno nunca. Supongo que la excitación de engañar a mi mujer le daba un punto más de eroticidad a la relación sexual.

Pero además habían otros ingredientes añadidos que me dejaron desconcertado. Ella tomó las riendas desde el principio. Empezamos besándonos y Myra trepó encima de mi y puso sus dos piernas sobre mi cadera, apretándome con fuerza  como si sus piernas fueran un cepo para inmovilizarme y atraparme. Después empezó a besarme, pero al mismo tiempo, mordía mi labio inferior provocándome daño. Sin embargo, esta actitud me excitó aún más. La verdad es que me hizo bastante daño, aunque no se notaba.

De vuelta a la arena de la playa, me enseñó unas fotos y un pequeño vídeo en su móvil de mi mujer follando con el hijo del dueño del apartamento. El edificio donde estaba el apartamento alquilado formaba una especie de U. Nosotros vivíamos en el departamento interior de uno de los brazos de la U, y los dueños del mismo tenían otro departamento en el lado contrario pero dos plantas más abajo. En las fotos y en el vídeo, mi mujer y el chico estaban follando en el sofá que estaba bajo la zona de visión de la doble puerta de aluminio que daba al pequeño balcón. Era de día, por la mañana, porque la zona abierta de la U daba al sureste, y en el vídeo y fotos, les daba el sol en la cara. Myra usó el zoom y se les veía perfectamente iluminada la cara a ambos.

- El vídeo es de esta mañana a las diez, y lo grabé cuando tu estabas en el super comprando.

Estaba desilusionado. Mi mujer me había engañado, y el hecho de que yo hubiera hecho lo mismo, no alejaba de mí la humillación y rabia que sentía.

- Cambiemos de tema. ¿Que te ha parecido nuestra relación en el agua? ¿Te ha gustado?

- Mucho- contesté. He tenido el mejor orgasmo de mi vida. Pero he notado que no eras virgen.

- El mes que viene, el 5 de septiembre, cumplo quince. Empecé a tener relaciones en enero, pero no he disfrutado ningún polvo tanto como este. Llevar la voz cantante, subirme encima de ti y morderte los labios me ha excitado. Me parece que me va a gustar ser una chica mala y portarme mal contigo, si tu me aguantas.

- La verdad es que me ha gustado mucho tu actitud, incluidos los mordiscos labiales. Me gustaría repetir.

- Podríamos repetir mañana aquí mismo, pero con otra variante.

- ¿Otra variante? Te tengo un miedo terrible.

- Hay chicos a los que les gusta que las chicas tomen la iniciativa.

- ¿Y tu crees que yo estoy entre ellos?

- Si, estoy convencida. Te conozco desde que era una niña y sé el caracter que tienes. Te gusta complacer a las mujeres. Estoy convencida de ello.

- Quizás sea cierto, no lo se - admití. La verdad es que Myra había descubierto en mi algo que yo desconocia.

Por la noche pensé que hacer del tema de Adela. Pensé en montar un escándalo. pero después lo medité mejor. Si lo hacía, las relaciones con mis suegros se iban a deteriorar y posiblemente se acabarían las vacaciones y no conviviría más con Mayra. Esta chica me estaba volviendo loco. Mientras Adela dormía como un tronco, yo no hacía más que pensar en su hermana.

Al día siguiente volvimos Myra y yo a la playa, pero esta vez ella se empeñó en llevar un pequeño bote hinchable con un par de pequeños remos. Fuimos andando y, por supuesto, yo tuve que llevar la mayor parte del peso.

Una vez en la playa nudista, Myra quiso que yo hinchara el dichoso bote, que ya me estaba hinchando las bolas, valga la expresión, y lo hinché con el aparato manual que tambiém yo había acarreado.

Esta vez, Myra no quiso tomar el sol al principio de la jornada playera, sino que nos embarcamos en la barquita. Por supuesto, yo tuve que remar. Se emeepñó en que nos fuéramos bein para lo hondo, bien lejos de la playa. Yo quise negarme, pero ella se enfadó y me obligó a ir hasta que las figuras humanas eran, a nuestra vista, del tamaño de unas hormiguitas.

Entonces quiso que yo le lamiera el coño. Por primera vez en mi vida, mi cuñadita me dio una orden tajante. Se dice que las mujeres mandan a los hombres a través de sugerencias, de lloros, de coacciones sentimanteles, etc., y de este modo había sido entre ambos, como por ejemplo, el día anterior y este día hasta ese momento. Ahora me daba una orden bien clara. Procuró poner la voz bien grave y masculina, supongo que consciente de que su voz femenina y aguda no era lo más apropiado. La orden fue corta y rotunda:

Cúpame el coño hasta que me corra en tu boca.

Obedecí. ¿Que iba a hacer si no?

Ella se corrió en mi boca. Noté sus jugos en mi boca. ¡Delicioso!

Después quise que ella me chupara la polla, pero se negó.

Si quieres seguir comigo, nunca más me pidas que te la chupe.

Quise discutir el tema con ella, pero en cuanto abrí la boca, me hizo callar.

Rema hasta la orilla.

Yo estaba empalmado. Ella, al verme, soltó:

No quiero ni que te la toques. Aguanta sin masturbarte, ya se te bajará.

Fue una frustación enorme, frustación que he sentido desde entonces muchas veces.

Incluso en nuestra corta estancia de verano, llegamos a una rutina. Myra y yo íbamos todos los días a la playa nudista, unos días íbamos sin el botecito hinchable y, desde ese momento, yo sabía que tocaba follada en las aguas del Mediterráneo. Otros días yo llevaba el botecito de marras y desde ese momento, yo sabía que tocaba un cumilingus para ella y, para mi, frustación.

Myra grabó un par de veces más a su hermana follando y al acabar el mes de agosto, el día antes de nuestra partida, me pasó las fotos y el vídeo a mi móvil.

Al llegar a casa le enseñé las fotos y los vídeos a Adela y me dijo:

- Muy bonitas, pásalas a mi móvil y se las enseñaré a mis futuros amantes. Pero ojo, no se te ocurra subirlas a Internet.

- ¡Pero como... ! No vas ni siquiera a disculparte.

- Ni lo sueñes. Mi hermana me ha contado lo que hacíais los dos en la playa nudista. Me lo ha contado con pelos y señales. Mi hermana también me contó lo que hacíais los dos en casa, especialmente aquel día en que te hizo una paja. Lo se todo desde hace tiempo. Ella me lo cuenta todo. Y también me ha dicho que si quieres verla, tienes que dejar que yo folle con quién me de la gana. Y además en esta casa, que es tan tuya como mía. Los dos pagamos la hipoteca juntos, así que pienso traer a casa a quién me de la gana. A partir de ahora dormirás en la habtación de los invitados. Ya he pactado con Myra que en cuanto cobremos venderemos la cama de un cuerpo y compraremos una de segunda mano más grande. Myra vendrá todos los viernes al salir de la escuela y volverá el lunes a la escuela. Todo el fin de semana, lo pasará aquí. Traerá una parte de su ropa para no estar trayendola de aquí a allá continuamente.

- ¿Y tus padres?

- Están de acuerdo. Lo único que les interesa es que Myra estudie, que ingrese en la universidad, que haga una carrera y que se desarrolle profesionalmente. Y mientras Myra saque buenas notas, y hasta ahora siempre las sacó excelentes, no pondrán ningún impedimento. Además, como sabes, ellos nacieron en un pueblo de Ciudad Real, y cuando mi abuela murió hace un par de años, le quedó la casa allá en el pueblo. Quieren ir a pasar allá los fines de semana y los puentes. A mi padre le quedan cinco años para jubilarse y cuando lo haga, se irán a vivir allí. Nos dejaran el piso de Madrid a las dos hijas. Para entonces, Myra tendrá 19 años y será mayor de edad, y tu y ella viviereis allí y yo viviré aquí sola.

Hizo una pausa.

- Resumiendo: Myra pasará los fines de semana aquí contigo en la habitación de los invitados hasta que cumpla los 18. Cambiaremos la cama individual por una de matrimonio.  Después se quedará  aquí a vivir permanentemente hasta que papá se jubile, un año después, mes más, mes menos. Entonces os ireis a vivir los dos al otro piso, al piso de papá y mamá. Yo me traeré a mis amantes aquí. Y por supuesto, ólvidate de follar conmigo para siempre jamás. Y para que te enteres, yo me encargué de follar con el hijo de dueño del apartamento playero y de ponernos al alcance de la cámara del móvil de Myra aposta. Lo planeamos las dos juntas. Todo lo planeamos juntas.

Asó ocurrió y así se hizo. Nunca más volví a ver a mis suegros. Myra me dijo que despreciaban mi manera de comportarme. Ahora Myra tiene 20 años y está en tercero de Medicina. Adela y yo seguimos casados, pero ya no vivimos juntos por supuesto. Yo vivo con Myra y la obedezco en todo. Cuando llego a casa después de trabajar, casi siempre está ella en casa estudiando, excepto un día a la semana que se queda en la Facultad de Medicina y que come allí. Nada más llegar, me pongo a limpiar. Myra me exige que la casa esté muy limpia. Se pone a estudiar hasta la hora de la cena. Hago la cena pero siempre tengo que preguntarle primero que desea cenar. Después quito la mesa, barro por si cayó alguna miguita al suelo y friego. Después siguo limpiando, sea necesario o no, esté limpio o sucio. Eso no importa. Myra odia que yo esté mirando la tele o escuchando música mientras estudia. Los fines de semana salimos los dos juntos a corer a un parque cercano. Fuera de eso, ella sigue estudiando y yo sigo limpiando. Tenemos relaciones sexuales cuando ella quiere, pero yo tengo prohibido insunuarle nada.

Cuando llega la Semana Santa o un puente como el de la Constitución, ella se olvida de sus estudios y se va con algún compañero de la facu. Yo me quedo sólo en casa. En los veranos, hemos compartido apartamento playero con un par de médicos para dividir los gastos. Myra folla con ellos y yo me quedo sin follar. Todo el mes de agosto sin follar.

Pero aún así, esta vida me gusta más que la que llevaba con Adela.