lunes, 15 de agosto de 2011

Sissy Hubby

Google images Sissy Hubby.

Cuckold Husband Forced to Feminisize Sex story.

Cuckold Husband Forced To Feminize Sex Story

Cuckold Husband Forced to Feminize Sex Story written by Stephanie.

This is the sex story of how I forced to feminize my cuckold husband into allowing me to have sex with a black man while he watched.

Me casé con mi marido por su dinero. Él me contrató como su secretaria y empezó a intentar acostarse conmigo muy poco después. Tim era un hombre muy dulce y yo estaba muy atraída por su riqueza, asi que empecé a acostarme con él y tenía la esperanza de que se enamoraría de mi. Muy raras veces disfrutaba teniendo sexo con él. Él tenía un pene muy pequeño y un cuerpo muy frágil y femenino. Yo era más alta que él, y mi cuerpo estaba mucho más formado que el de él. Empecé a calentarme cuando tomaba el control sobre él durante el sexo mucho antes de que comenzara a vestirlo como una prostituta amariconada.

Tim disfrutaba siendo mi juguete sexual en la cama y yo disfrutaba gastando todo el dinero de Tim en vestidos sexys y en todo cuanto deseaba. Le tenía dominado muy poco después y aunque esto me agradaba mucho, él era incapaz de satisfacerme sexualmente en la cama. Empecé a engañarle con muchos de sus empleados hasta que un día me pilló con un hombre negro y se puso furioso.

Le dije a Timothy que si no podía satisfacerme más en la cama, y si no quería que yo me divorciara de él, tenía que permitirme ponerle los cuernos. Un marido consentido es aquel que es dominado por su esposa y que ella le obliga a él a mirar mientras ella es follada por otros hombres. Esta había sido una fantasia mía desde que nos casamos. A Timmy no le gustó la idea en absoluto pero le expliqué que si me divorciaba de él, le arrebataría la mitad de lo que poseía, así que mejor era que hiciera lo que yo deseaba.

Vestí a mi marido putón amariconado con un vestido de bebé azul bastante bonito con lacitos, con medias blancas y un bonito par de zapatos azules. Mi cornudo marido es unas pocas tallas menor que yo y es como vestir a una muñeca. Me encanta.

Ato sus muñecas a sus espaldas, para que cuando incluso se enoja cuando me ve follándome una polla negra enorme, no pueda hacer nada.

La primera vez que mi marido me vio siendo follada por otro lloró y gimió como una niña. Desde que la visto como una de ellas, parece tan patético que, de hecho, me pone a cien. Pero después de un rato, ya no le importó que el negro me follara. Así que hizo lo que cualquier esposa cariñosa haría: buscarle una gran polla negra para mi marido, para chuparla y para ser penetrado por ella. Creo que fue muy generoso por mi parte.

Así que desde hace algún tiempo, Byron, el semental negro que me folla viene a casa y se trae un compañero. Visto a mi marido cornudo como una pequeña nenita y le hago mirarnos mientras Byron me folla. Y cuando me siento generosa, le permito que chupe la polla del amigo de Byron hasta que su boca de nena se llena de leche.

Cuando mi marido se queja, le amenazo con mostrar a sus empleados las fotos y videos de él vestido de niña y chupándo la polla del amigo de Byron, y después divorciarme y quedarme con la mitad de la empresa. Entonces se rinde y me deja hacer cuanto quiero.

Así que al final obtuve la riqueza que siempre deseé y las pollas negras que quiero. Y mi marido cornudo hizo que todo esto pasase.

Mañana dominguera

Entre las nieblas del sueño tardío, me despierto al notar que algo cálido y blando está tocando mis testículos. Más que tocar, es acariciar. Medio despierto, medio dormido, me doy cuenta de que una mano de ELLA me está acariciando las bolas. Intento volverme, cuando me doy cuenta de que mis manos están atadas. Unas esposas metálicas me las mantienen juntas por las muñecas. Mientras, la mano que me acarician los huevos suben para arriba y tropiezan con el CB6000. Mientras, otra mano comienza a acariciarme el culo, cerca del ano. Ya plenamente despierto, empiezo a calentarme. Pero lo urgente corre más prisa que lo importante. Me hago pis:

- Buenos días. Quiero ir al baño
- Buenos días. Ahora no. Espera diez minutos.

La escena se repite cada sábado y cada domingo por la mañana. Yo siempre le pido piedad para ir al baño a hacer mis necesidades, y ELLA siempre me ordena que espere diez minutos, que no controla, y que a veces se alarga, según creo, hasta los 20 minutos. ELLA sigue acariciándome, y yo me quedo inmóvil.

Mi vejiga se llena. Al cabo de unos minutos que a mí me parecen siglos, ELLA se levanta y se va al baño. Escucho con envidia los ruidos que hace en el baño, el correr del agua de la cisterna. Vuelve a la cama y se mete entre las sábanas. Noto la suavidad de su minúsculo pijama de satén de dos piezas, unos minipantaloncitos y un topcito de colores rosa y blanco. Me gusta la suavidad de este pijama que roza contra mi cuerpo desnudo. Pero no estoy en condiciones anímicas para apreciarlo. Solo la urgencia física ocupa mi mente. ELLA se acerca a mí, aproxima su cara a la mía y empieza a besarme. Me veo obligado a corresponder con el húmedo beso. Con su mano derecha acaricia de nuevo mis testículos. Pasan unos interminables minutos en que correspondo al beso. Al cabo de un tiempo considerable, me dice:

- Ya puedes ir al baño.

Nada salvo la voluntad de ELLA me impedía ir al baño, ya que ni el CB6000 ni las esposas me impiden orinar. Las esposas me molestan al incorporarme y ponerme de pie, ya que tengo que hacer un poco de equilibrio. Y el CB 6000 está preparado para orinar con él puesto.

Una vez en el baño, orino con esa satisfacción y gusto que proporciona cuando hace mucho tiempo que te lo aguantabas. Vuelvo a la cama, pero ella me quita mi CB6000. Me echa sobre la cama de espaldas y me pone las manos sobre la cama por encima de mi cabeza y me las sujeta con una sola mano. Como es lógico, no me resisto. La habitación está prácticamente a oscuras, pero noto que ella está desnuda. Con la otra mano me acaricia la polla que se pone tiesa instantáneamente. Me suelta mis manos pero yo sigo con ellas en la misma posición porque, aún sin hablar, se lo que ella quiere.


Se pone a horcajadas sobre mi y, con una mano, coge mi polla y va bajando su cuerpo poco a poco hasta que la penetración se consume. Comienza el típico sube y baja, y ella empieza a gemir hasta que grita por lo bajito. Mi vista es de ella sobre mi, de mi polla que entra y sale de su coño y de su cara casi roja por la calentura y su largo y fino cabello todo enmarañado. Nos corremos los dos casi al mismo tiempo. Cuando acaba se derrumba sobre mi cuerpo, con mi polla medio fuera de su coño. Después de unos minutos de descanso en el que su corazón empieza a relajarse y calmarse, ella se va a la ducha. Yo saco las sábanas manchadas de semen y pongo unas nuevas y hago la cama. Cuando estoy agachado para recoger las sábanas del sucias del suelo donde las dejé caer, ELLA, que salía del baño, al ver mi culo en pompa, me da una palmadita en el trasero. Son ese tipo de detalles lo que más me gusta de ELLA.

Me ducho rápido y me visto de jogging, tal como me ha ordenado. Preparo el desayuno. Ella no pega un palo al agua en casa. Desayunamos y lavo el desayuno y salimos a correr. O se olvidó de ponerme el CB 6000 o no quiso ponérmelo, pero de todos, no importa, pues los domingos solemos estar juntos todo el día. Podía haberme masturbado en la ducha, pues no me lo puso. ELLA odia que me masturbe. Pero supongo que ella pensó que, después de follar, no iba a masturbarme en la ducha.

Corremos por el parque, ella delante y yo apenas medio metro detrás de ella pero a su derecha, cual perrito faldero. Ella marca la velocidad y la distancia. Regresamos a casa y preparo la comida. Ella decide no ducharse hasta la tarde, ya que hace poco se duchó. Le pregunto y me dice que prepare la comida, que ya tiene hambre. El desayuno fue ligero. Cocino, pongo la mesa, comemos y después recogo la mesa y lavo los platos.

domingo, 14 de agosto de 2011

La trubu china de los Mosuo

Mosuo.



La Tribu china de los Mosuo, ¿es el último matriarcado del mundo?


Las mujeres de las tribus de los Mosuo no se casan, tienen tantos amantes cono desean y no tienen palabras para describir los conceptos de marido o hermano. Pero la llegada del turismo y de la industria del sexo está cambiando su cultura.

"El agua es clara y limpia y las zonas aledañas son tranquilas y bellas. Es perfecto". Dos mujeres Mosuo reman en el lago Lugu en una canoa hecha de madera que flota a la deriva. La zona es perfecta, está a 2.700 metros de altitud en el suroeste de China y hasta hace poco no habían carreteras construidas que llevaran hasta allá. Situada en la fronteras entre las provincias de Sichuan y Yunnan, en el "reino de las mujeres" estas se hacen cargo de todo, toman las decisiones y manejan la economía familiar. Las mujeres también son las propietarias de las tierras y las casas y se encargan de la educación de los niños. Unos 40.000 mossuo viven en los alrededores del lago Lugu en una serie de pequeñas aldeas diseminadas por sus orillas. En realidad las mujeres mosuo nunca se casan, sino que tiene una serie de amantes durante toda su vida. Las mujeres solo conviven con sus ascendientes y sus descendientes, nunca con otro hombre que no pertenezca a su familia de sangre. Es lo que llaman el "matrimonio caminante".

Los hombres y las mujeres, desde el nacimiento hasta su muerte, viven en casa de sus madres. Desde los trece años las mujeres tiene  el derecho a decidir con quién se acuestan. Las mujeres, desde los trece, tienen su propio dormitorio totalmente privado. Todos los hombres adultos de la tribu pueden visitar a cualquier mujer durante la noche, pero deben la habitación por la mañana. Las chicas tienen la iniciativa en los asuntos amorosos y sexuales. La única relación que une a una pareja es la afectiva. Al igual que las chicas tienen la iniciativa de empezar una relación, también tienen la potestad de terminarla. Solo tiene que cerrar la puerta durante la noche o poner un zapato de varón en la puerta. Cuando nace un niño, este pertenece a la familia de la madre. Los niños tienen poco contacto con su padre genético, y si tienen más contacto con los hermanos de su madre, sus tíos, así que los Mosuo no tienen palabras para designar los conceptos de marido o hermano, y los varones de la familia son llamados tíos.

Las familias son gobernadas por mujeres de más edad. Los varones, que pertenecen de por vida a la familia materna, están siempre bajo la autoridad femenina. Las mujeres, cuando son jóvenes, también, pero al menos pueden alcanzar el poder en la familia cuando su madre fallezca.

Esta tribu matriarcal es totalmente opuesta a la tradición china, donde las mujeres son casadas mediante el matrimonio convenido por sus padres y, según la tribu mayoritaria, los Han, se les prohibe a las mujeres buscar pareja por sí mismas.Desde hace varias décadas, a causa de la política china de un solo hijo, se produce mucho infanticidio femenino, que contrasta con esta cultura milenaria.

El gobierno chino ha intentado monetizar a los mosuo, cobrando $5 por cada acceso a la carretera recién construida que conduce al lago. Los visitantes curiosos y juguetones son atraídos por el cuento chino de que las mujeres mossuo ofrecen sexo gratis, y pronto se llevan una desilusión, pero para consolarles, el gobierno chino ha instalado puticlus en la ciudad más cercana. En los burdeles de la ciudad más cercana, Luoshu, trabajan prostitutas tailandesas que, por supuesto, en nada se parecen a las mosuo, pues tienen la piel mucho más oscura. Esta ciudad es como cualquier ciudad arrabalera del mundo: bares, prostíbulos y luces de neón.

Parece ser que la tribu de los mosuo están en la encrucijada entre sus tradiciones milenarias, que datan de unos dos milenos atrás, y la "modernidad".

"Su manera de vivir está cambiando muy despacio, pero hay un sentido real de orgullo en el modo en que viven", dice Luca Locatelli, un fotógrafo italiano que visitó recientemente la tribu. "los hombres y las mujeres son mucho más iguales, pero las mujeres están un poco más en el poder".

En este enlace se puede ver un vídeo en inglés de  natgeotv. Aquí hay otro vídeo de Youtube. Si alguien me puede ayudar a traducirlo, sse lo agradecería.

sábado, 13 de agosto de 2011

Esto es tan caliente


¡Esto es tan caliente! Uno de los actos de sumisión que un hombre puede realizar es compartir su esposa con un toro, un auténtico semental. Aún más sumiso es limpiar el coño de su esposa con su lengua del semen del toro. Pero el más sumiso de todos los actos es lamer la polla del macho que se ha follado a tu mujer del más mínimo resto de semen que contenga.

viernes, 12 de agosto de 2011

Como me afectó la crisis

Hacía 7 años que estaba casado con Andrea. Vivíamos felices, o al menos eso pensaba yo. Pero la durísima crisis del 2009 destapó lo peor de nosotros dos. O lo mejor, según se mire.

Mi nombre es Miguel y trabajaba como comercial. Ganaba entre 3 mil y 5 mil euros al mes. Aunque mis ganancias oscilaban mucho (en agosto no ganaba nada y en julio apenas la tercera parte de un mes normal), como promedio ganaba unos 4.000 euros/mes, casi 50.000 anuales. Andrea regentaba una zapatería junto a su hermana, y sus ingresos eran tan irregulares como los míos, pero el promedio era de unos 3.000 mensuales. Entre ambos juntábamos unos 7 mil al mes, casi noventa mil al año. Como el local era herencia de sus padres, no pagan ni alquiler ni traspaso.

Además, vivíamos en un piso que era de mi esposa, que sus padres le habían dejado en herencia, y ni pagábamos hipoteca ni alquiler. Éramos unos manirrotos, y no ahorrábamos nada. El puente de San José, la Semana Santa, el puente de primero de mayo, las vacaciones de verano, el puente de Todos los Santos, el de la Constitución, Navidades, Fin de Año, Reyes, etc. Si no había puente, fabricábamos un acueducto. Si una fiesta caía en miércoles, o la uníamos con el fin de semana anterior, o con el posterior. A veces, incluso con ambos, y nos tomábamos unos nueve días. Como nosotros éramos nuestros propios jefes, hacíamos y deshacíamos a nuestro antojo.

Vino la crisis, y a principios de 2009 me quedé sin empresa a la que representar. Busqué y rebusqué hasta debajo de las piedras, y no encontré nada.El coche, con más kilómetros que años, me dejó tirado. Costaba una pasta gansa repararlo. Dejamos de viajar al mismo tiempo que mis ingresos y los de mi esposa. El único dinero que entraba en casa eran unos 900-1.000 euros de la mitad de los beneficios de la zapatería.

La avería del coche fue la gota que colmó el vaso. Hablé con  Andrea y me dijo que dejara las ventas, que si después de casi 10 meses sin conseguir nada y gastando dinero en gasolina y en dietas. no había obtenido nada, mejor era dejarlo. No podíamos aguantar más con nuestros ingresos. Había que reducir gastos, y ni hablar de reparar el coche.

- ¿Y que hago?
- Limpiar la casa, comprar, cocinar, planchar, fregar... La verdad que desde que estamos casado he sido yo la que ha hecho la mayor parte de las tareas del hogar. Laura y yo estamos pensando en vender en los mercadillos ambulantes.

Y entonces me explicó que mucha gente compraba más en los puestos callejeros de los mercadillos que antes de la crisis, y que eso hacía disminuir las ventas de la tienda. Laura, su hermana, se había divorciado, y José, su marido, le había dejado la furgoneta de instalador de gas. Pensaban usarla para transportar el género desde la tienda al lugar donde se celebraba el mercadillo.

- Pero hay otra novedad más. Laura se va a venir con nosotros.
- ¿Como? ¿Has llegado a ese acuerdo sin consultarme?
- ¿Recuerdas de quién es el piso?

Touché. Andrea y yo nos habíamos casado con separación de bienes. Ella había recibido el piso de sus padres antes de casarnos, y su hermana Laura otro de similar tamaño dentro de la misma zona. Ambas habían recibido de sus padres el local comercial, que poseían, por lo tanto, a medias. Yo, realmente, no poseía nada más que mis ropas y mis enseres personales. O sea, nada. Estaba atrapado. Meses más tarde, le conté a un abogado y me contó que en realidad no era así, que si yo me hubiese opuesto, no tendría que haberse mudado Laura a nuestro piso, porque aunque era propiedad de Andrea, era también nuestro hogar. Mi esposa no podía obligarme a vivir con una persona ajena a nuestro hogar. Pero el que no conoce sus derechos, nada puede hacer. Y yo me lo creí. Aunque en realidad tampoco habría ganado mucho, porque Andrea se podía haber divorciado de mi, obligarme a abandonar el hogar, ya que era suyo, y entonces si podía haber hecho lo que le viniese en gana. El abogado este juega un papel importante al final de esta historia.

El plan de las chicas, por decirlo de alguna manera, era que Laura alquilase su piso (de hecho ya tenía una propuesta de alguien de confianza), se viniese a vivir con nosotros, y nos pagase una parte de sus ingresos por el alquiler como subarriendo, por así decirlo. Bueno, en realidad que le pagase a mi mujer, ya que el piso era suyo. Por supuesto, Laura también juega una parte importante en esta historia.

Yo les propuse a mi mujer que yo me ocupase de las ventas en el mercadito, a lo que ella se negó.

- No te enojes, cariño, pero siempre hicistes lo que quisistes en nuestro matrimonio, pero ahora que ya no tienes ningún tipo de ingreso, la que manda ahora en esta casa soy yo, dijo remarcando cada sílaba de la última frase.

Obviamente, me quedé sorprendido. Si alguien me hubiese preguntado hace un año o dos quien mandaba en nuestro hogar, hubiese respondido con ese chiste malo de: "Si tu mujer te dice que te tires por la ventana, múdate a vivir a una planta baja". Pero yo sabía que en realidad era un chiste para esconder mi machismo. Como ella afirmó, se ocupaba del 90% de las tareas del hogar. Pero con mucho tiempo libre, era el momento de hacerlas yo mismo.

El primer día me lo tomé con mucha calma. La verdad es que apenas si limpié y cociné. Pasé una gran parte de la mañana en el bar, gastando unos ingresos que no nos podíamos permitir gastar. Cuando de repente miré la hora, vi que era la una y media. Me fui a casa corriendo y cociné un arroz a la cubana, una receta rápida y fácil. Cuando vinieron Andrea y Laura, mi mujer se enfadó. La casa estaba muy poco limpia, por decirlo de una manera suave. Y me lanzó el ultimátum:

- O te encargas de toda la faena de la casa, o te vas de patitas a la calle.

Gilipollas de mi, me fui. Supongo querido lector que nunca has estado viviendo en la calle. Es peor que el infierno. Te ves a ti mismo como a una basura. La gente pasa y ni te mira, como si fueras una estatua. Después de cuatro noches, volví a casa con el rabo entre las piernas. Andrea me obligó a arrodillarme, a pedirle disculpas y a rogar que la dejara vivir con ellas dos. Pero a partir de entonces, no me dejó dormir en nuestra cama (bueno, en su cama) de matrimonio. Sacó mi saco de dormir de cuando era joven y la esterilla y me obligó a dormir en el suelo.

Algunos días más adelante, tuvimos una conversación sobre nuestra anterior vida marital, que acabamos hablando de sexo.

- Tú me pedías follar 3 ó 4 veces a la semana, pero a mi me apetecía 1 ó 2. Tú me acariciabas donde me encontrabas, intentando calentarme, y yo acababa cediendo, más que nada para conservar nuestro matrimonio.
- ¿Y las veces que no te apetecía?
- Fingía.

¡¡¡Fingir!!! ¿Mi mujer fingía? No me lo creía.

- Es muy fácil engañar a los hombres. Cuando estáis follando, no veis ni tres en un burro. Con unos cuantos gemidos era suficiente.

Llegó la primavera, y un fin de semana que hacía calorcito, Andrea se fue el viernes por la noche. Yo había salido porque Laura me llamó porque Andrea se encontraba mareada. Lo que no sabía es que Andrea estaba espiándome tras una enorme planta en el portal. Cuando salí, entró en la alcoba e hizo una maleta apresuradamente. Cuando llegué a la tienda, Andrea me dijo que fue una broma. Cuando regresé, vi encima de la cama un montón de ropa de Andrea desordenada y faltaba una maleta pequeña. Cuando vino Laura, me dijo que se fue a pasar el fin de semana a la costa. Cuando quise saber con quién, dijo que no lo sabía. Psé el peor fin de semana de mi vida.

Cuando regresó el domingo por la noche, interrogué a Andrea con premura. Al principio se negó a contestar, pero cuando insistí, me lanzó lo siguiente:

- He estado con un hombre mucho más hombre que tu, y te aseguro que no hemos ido a jugar al ajedrez.

¿Que te crees que hice? Ajo y agua. ¿Que otra opción tenía? ¿Volver a la calle? Y a este fin de semana, le siguieron otros. Cornudo y consentido, eso es lo que era. Como me dijo Andrea una vez: imagínate que es un negro y me quedo embarazada. Las píldoras a veces fallan, o la persona que se las toma se olvida. Afortunadamente se parece a ti en el aspecto físico, aunque es mucho más hombre que tú.

A principios de julio, en vez de ir Andrea a Zaragoza a pasar el fin de semana, vino él. Encima le tuve que aguantar. Y aunque no te lo creas, Andrea me impidió dormir en el otro dormitorio. El piso tenía tres. También podría haber dormido en el comedor. Pero ella me obligó a dormir en el suelo, mientras oía como Antonio se follaba a mi mujer a oscuras.

En el mes de agosto, Andrea y Antonio se fueron de vacaciones. Y Laura había conocido a otro hombre, y también se fue. Me quedé solo en el piso, consumiendo el poco dinero que mi mujer me había dado para vivir. Me maté a pajas. Y lo que es extraño, me calentaba imaginando en Ana y Antonio follando.

Laura ya no volvió; se fue a vivir con su novio.Y cuando volvió Andrea, le exigía arreglar mi situación. No hacía más que matarme a pajas. Andrea dijo:

- Te presentaré a un chico. Está enamorado de ti y tiene una polla enorme, así de grande- me dijo mientras separaba los brazos exageradamente.- La penetración anal es muy buena. Antonio y yo lo hemos probado mucho estas vacaciones de verano, y aunque al principio me dolió, después empezó a gustarme tanto o más que la vaginal. Carlos es muy buen chico y te adora.

Así es como conocí a Carlos, un vecino que tenía un quiosco cercano.Y Andrea tenía razón: la penetración anal duele un poco al principio, pero después gusta.

jueves, 21 de julio de 2011

La sorpresa 2

Viene de La sorpresa.

Al día siguiente, serían cerca de las doce de la noche, sonó el teléfono. Contestó Vanessa. Salí de la habitación, porque ella me tenía ordenado que, cuando sonara el teléfono y ella estuviera en casa, no debía cogerlo, y cuando contestara, debía salir del salón-comedor para no escuchar su parte de la conversación. Fui a la cocina a esperar a que me ordenara algo. A los pocos minutos, la oí gritar mi nombre. Acudí corriendo al salón-comedor:

- Eran los vecinos que nos saludaron anoche. Les invité a venir a casa a tomar una copa. ¿Estamos surtidos de bebidas?
- Lo habitual -contesté. Y tenemos una botella de champagne ultra brut de buena marca.
- ¿Hielo?
- Sí, tenemos mucho hielo.
- Fantástico.

Me fui a la cocina a revisarlo todo. A los pocos minutos, sonó el timbre de la puerta. 

- Ábrela. Deben ser ellos.
- ¿Así? -pregunté. Estaba desnudo.
- ¿Cuando te acostumbrarás a obedecer sin preguntar ni hacer objeciones? Se que estas en bolas, no soy ciega. Ahora obedece.

Le obedecí. La pareja, de nuestra edad, año más, año menos, se mostró sorprendida. Tuve que insistir para que pasaran. Por fin se decidieron. Cerré la puerta tras ellos y les indiqué el camino al salón-comedor. Se presentaron como Samanta y Ángel. Vanessa les preguntó que querían tomar, pero les aconsejó el champagne. Se decidieron por esta bebida, Vanessa me ordenó servirlo, y les llevé en una bandeja el cubitero con agua y cubitos de hielo, con la botella dentro, y tres copas de champagne. Los tres estaban sentados en el sofá. Acerqué una mesita bajita y puse la bandeja encima de ella. Yo me puse de rodillas sobre una esterilla que teníamos para esos momentos.

- ¿Él no toma nada? -preguntó Samanta.
- Si yo no lo autorizo, solo toma agua. Una botella de champagne repartida entre cuatro personas, toca apenas a poco más de una copa por persona. No se a vosotros, pero a mi me gusta mucho.
- ¡Que pareja más rara!, exclamó Samanta.

Saborearon el Champagne. Vanessa les contó, con pelos y señales, nuestra relación especial. Les contó las reglas que ella impuso y yo debía obedecer. También les contó nuestras relaciones sexuales sin omitir detalle, por más íntimo que fuera. También les contó con pelos y señales nuestra relación sexual de la noche anterior, incluyendo, claro está, lo que estábamos haciendo tan tarde en el balcón de casa cuando ellos dos nos saludaron con la mano, y yo contesté de igual modo. Vanessa no ahorró ningún detalle por escabroso que fuera. Al principio, ellos abrieron los ojos como platos,. pero después estaban muy interesados en los detalles concretos. Le preguntaban a Vanessa a placer. Su curiosidad quedó satisfecha. Para apoyar su relato, Venessa sacó todos nuestros escasos cachivaches: un par de esposas, los dos consoladores con un arnés, mi CB-6000, y un par de esposas para los tobillos. Les contó que no usábamos ni látigo ni ningún otro instrumento de tortura, ya que lo nuestro no es el sadomasoquismo, el BDSM, los sótanos lúgubres, etc.

- Una de mis reglas es que si me obedece o yo considero que no se ha esforzado lo suficiente en cumplirlas, yo no le castigo físicamente. Las pocas veces que le he castigado, yo no he obtenido ningún placer, ni él tampoco -aseguró Vanessa. - Nosotros disfrutamos porque yo le doy órdenes y él las cumple. Yo decido todo, absolutamente todo, sin consultarle a él en absoluto. Es más, la mayoría de las veces, no le cuento las decisiones que tomo hasta el momento en que se producen. Por ejemplo, este año es el primero desde que estamos juntos en que no nos vamos de vacaciones, porque tenemos un negocio juntos, y con la crisis, no hemos ganado lo suficiente. Pero otros años, no sólo yo tomaba las decisiones de adonde ir de vacaciones, sino que además no se lo comunicaba hasta el mismo día de la partida. Es más, le tenía prohibido hasta preguntármelo.
- ¡Que fuerte!
- Una de nuestras reglas es que él no tiene que preguntarme nada, absolutamente nada, salvo que sea algo referente al desarrollo de nuestra vida cotidiana, como a que hora quiero cenar o que quiero cenar.

La conversación se desarrolló durante varias horas. Al cabo de un poco más de media hora, Vanessa, sin yo preguntarle nada, me dio permiso para sentarme encima de la esterilla. Ella se preocupa mucho por mi salud. La botella de champagne desapareció en un santiamén, y puse una botella de whisqui y saqué cubitos de hielo. Vanessa les contó el gran orgullo que tengo yo de tener la casa muy bien limpia, muy bien arreglada, todo en perfecto orden.

Llegó un momento, cerca de las cinco, que ya la conversación se extinguía ella sola, y el entusiasmo del principio fue sustituido por los bostezos mal disimulados.

- ¿Y que, vosotros no os animáis?
- Bueno, a mi ya me gustaría probar, la verdad sea dicha. Pero él no se si Ángel le gustará.
- Pues nada, hija, si quieres, en septiembre tengo que hacer un viaje para acudir a una boda de unos amigos, y es bastante lejos. Si quieres te lo presto durante el finde.
- ¿De verdad harías eso?
- Por supuesto que si. Te veo muy interesada.
- Yo si, pero Ángel...
- Bueno -intervino el muchacho- he de reconocer que ciertas cosas me interesan. Pero lo del enculamiento, eso si que no. Por ahí no paso. Absolutamente no. Es más, si Vanessa te presta a su marido, me parece estupendo, lo acepto incluso con agrado, pero el enculamiento, no, de ninguna manera.
- Bueno, si acepto el no de Ángel al enculamiento, podríamos intercambiar a nuestros maridos hasta el domingo al mediodía -dijo Vanessa. - ¿Que os parece?
- Por mi si -dijo Samanta.- Precisamente el lunes tengo que ir a trabajar, así que tendríamos un bonito fin de semana inusual, pero divertido. El verano en la gran ciudad es superaburrido. Sería un buen colofón para estas pésimas vacaciones. ¿Tú que dices, Ángel?
- Me parece bien. Sólo pido que se me respete mi condición.
- Bueno, pues entonces, todo arreglado. Hacemos intercambio de parejas esta noche - dijo Vanessa.
- ¿Él no opina? -preguntó Samanta.
- Absolutamente no- contestó Vanessa.

Samanta y Vanessa lo arreglaron todo. Íbamos a hacer intercambio hasta el domingo a las 6,00h de la tarde. Teníamos tres días por delante. Me iba a vestir para ir con Samanta, cuando Vanessa me preguntó:

- ¿Quién te ha mandado que te vistas? Quiero que vayas en pelotas. Total, solo hay que bajar por el ascensor, cruzar la calle y subir en el otro ascensor. En verano a estas horas de la madrugada, la ciudad está vacía. Ángel y tu tenéis, más o menos, la misma talla, así que si Vanessa creo apropiado que te vistas, puedes usar su ropa.

Y después, dirigiéndose a Samanta. dijo:

- Si no habeis hecho la colada hace poco y tienes calzoncillos sucios de Ángel, oblígale a que se los ponga sucios.

Y dirigiéndose a mi, dijo:

- Trae el Jeff Stryker y ponlo en una bolsa. Quizás Samanta quiera usarlo contigo.

Ángel y Vanessa nos acompañaron hasta la puerta. Me sentía extraño. Mientras bajábamos en el ascensor, le dije a Sam que, cuando Vanessa y yo vamos por la calle caminando, yo suelo ir uno o dos pasos detrás de ella. Le pedí que ella cruzara la calle con decisión, que yo iba a ir detrás.

Salimos por el portal, y Sam se puso a caminar con decisión cruzando la calle. Yo iba detrás con la bolsa en la mano. Pero en mitad de la calle, Sam se paró y saludó agitando la mano a Ángel y Vanessa. Yo hice lo mismo. Reanudamos la marcha, entramos en el portal y subimos por el ascensor. No encontramos a nadie. Sam abrió la puerta del piso, me hizo pasar, y cerró la puerta tras de mi.

- Me gustaría probarte con el Jeff Stryker.
- Estoy a tu disposición- dije.
- Pues entonces vamos a la cama. Tu no hace falta que te desnudes.
- Y tu tampoco, si no quieres - le dije.
- ¿Como? -dijo sorprendida.
- Quiero decir que si quieres te desnudo yo.
- OK- dijo con una sonrisa pícara en la cara.

Me guió al dormitorio, la desnudé despacito, le ayudé a ponerse el gigantesco dildo, me puse de rodillas encima de la cama y ella me enculó. Volví a sentir dolor, pero no tanto como la primera vez. Después dormimos.

Al día siguiente, me vistió con ropas de su marido. Como recomendó Vanessa, me mandó poner un par de calzoncillos usados de Ángel. Fuimos de compras a un super. De vuelta, ella caminaba como si fuese una reina, y yo llevaba todas las bolsas caminado detrás de ella.

Lavé, limpié, cociné, fregué, planché y dejé su piso como los chorros del oro. Le cociné sus platos favoritos, follamos, quiero decir, yo le follé a ella y ella a mi con el Striker. Estaba contento por el cambio, que siempre suponía una novedad.

El sábado a la noche, cerca de las tres y media, ella me ordenó salir afuera del balcón, le ayudé a ponerse el Jeff Stryker, me subí al alfeizar de la ventana (su piso y el nuestro eran parecidos, ya que estaban hechos por la misma constructora y al mismo tiempo). Cuando me estaba follando, como un cuarto o 20 minutos más tarde, veo en el piso de enfrente, o sea, en el mío y el de Vanessa, a mi esposa y a Ángel saliendo al balcón. Vanessa llevaba a Ángel agarrándolo y con él encima, exactamente como la otra vez, pero con el marido de Sam en vez de conmigo. Vanessa puso a Ángel sobre el alfeizar de la ventana, my empezó con el mete-saca.

- Mira, son nuestras parejas en el balcón.
- ¡A ver!

Sam me sacó el Stryker del culo y se giró para verlos. Esta vez la luz del balcón estaba encendida, y se podía ver con claridad. En el balcón de enfrente, Vanessa también sacó su polla del culo de su partener y se giró para vernos. Nos saludamos los cuatro agitando nuestras manos.

- ¿No dijo mi marido que no quería enculamientos?
- Te aseguro que Vanessa es muy convincente cuando quiere -dije.

Y nos echamos a reír a mandíbula batiente.

PD: al principio, Vanessa y Samanta nos intercambiaban cuando querían. El fin de semana de la boda, Vanessa me dejó en casa de Sam y Ángel con la advertencia de que me portara bien. Los tres lo pasamos muy bien. Vamessa dio como excusa que yo estaba enfermo.

Nosotros vivíamos alquilados y con estrecheces. Ellos dos habían comprado su piso, y vivían con estrecheces por el pago de la hipoteca. Ninguno de los cuatro obtenía unos buenos ingresos, así que, cuando estaba claro que los cuatro nos llevábamos muy bien, nos mudamos al piso de nuestros vecinos de enfrente. Vamessa, que es quién dirige nuestra economía, le pagaba a Sam la mitad del alquiler. La solución era perfecta. Nuestro piso solo tenía un dormitorio; el de ellos, dos. Y no os quiero explicar las orgías que se arman los fines de semana entre los cuatro.

Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado; y comieron perdices, y a mi no me dieron, porque no quisieron.

miércoles, 20 de julio de 2011

La sorpresa

"Uh! Uh! Uh!" Gemí, pronunciando el sonido cada segundo más o menos a un ritmo constante sin interrupción. Este era el tiempo que Vanessa necesitaba para meter y sacar el grueso consolador de mi culo. Levanté la vista hacia ella, hacia sus brillantes ojos, mis tobillos sobre sus hombros, y sentí mucho amor.


Fue un regalo. Yo solo tenía que permanecer echado, con las palmas de mis manos a mi lado sobre el colchón y disfrutar. Yo solo tenía que ser pasivo en esta follada, deliciosamente pasivo. Sus caderas abofeteaban la parte posterior de mis muslos y la parte inferior de mis nalgas. Su espalda era el músculo que conducía el largo y grueso instrumento al interior del hogar una y otra vez. Su frente estaba cubierta de transpiración.

Cerré mis ojos sabiendo que me correría muy pronto si me fijaba en los detalles. Aún así, yo podía ver sus pechos balanceándose pesadamente (y temblando como sus caderas). Podía ver su melena balanceándose al ritmo de la follada. Podía ver sus pendientes casi golpeando mis piernas. Pero sobre todo, podía ver su dulce y familiar sonrisa. Ella sabía que me estaba enviando al cielo, cada vez más cerca con cada impulso. Ella sabía que estaba al cargo de mi placer y estaba asumiendo, con mucho gusto, su placer.

De repente, ella empezó a ir más despacio. Mis ojos bien abiertos, mi alma demandando que continuara. ¿Por qué estaba parando? Yo estaba TAN cerca.

- Tengo una sorpresa- dijo.
- ¿Oh?

Sacó el dildo de mi, y podría jurar que lo vi echar humo. Fue hasta el bolso y sacó de él otro dildo.

- Oh, Dios mío - murmuré.
Nuestro dildo era enorme, 3,80 cms.de diámetro, 23 cms. de largo y blandito y suave, pero este nuevo juguete... wow.

- ¿Te gusta? - dijo.

No pude hablar, mientras veía que ella sacaba el dildo del arnés y lo reemplazaba por el nuevo.

- Se llama Jeff Stryker. Se supone que se llama así por el tipo que hizo de modelo para diseñarlo. ¿Es grande, no?

Grande no era la palabra correcta. Enorme era la palabra que se ajustaba más. Por lo menos tenía 7 cms. de diámetro y 30 de largo.También tenía unas bolas enormes y gruesas venas. Si no estuviera tan caliente, estaría avergonzado de mis propias medidas.

- Te voy a follar con esto, But.
Vanesa sonrió con esa sonrisa suya dulce pero cargada un poco de malicia.

- Primero te vas a correr dentro de mi, y luego te tragarás todo el semen hasta que yo orgasme en tu boca. Cuando me corra lo suficiente, te daré el mejor orgasmo de tu vida, el orgasmo que tu realmente quieres.
Durante la explicación se fue desabotonando el arnés que llevaba puesto.Vi otra vez su coñito húmedo de deseo y sus labios pidiendo ser lamidos. El pensar en que pronto los chuparía era muy excitante. Pronto su coño estaría expulsando mi semen, y yo estaría tragándomelo, Muy excitante, casi demasiado.

Volvió a la cama y se puso a mi lado.  Su rostro estaba enmarcado por su pelo, y brillaba por la luz de la lampara de su mesita de noche. Parecía un ángel. Acercó sus labios a los mios y me besó muy dulcemente. Nuestras manos explotaban el cuerpo del otro, mis dedos encontraron sus pezones, y los suyos los mios. Como hice una mueca de dolor por sus fuertes pellizcos, mi mano bajó hasta su coño. Cuando mi dedo se hundió entre sus labios, me mojé toda la mano de sus jugos vaginales.

No quería meterle prisa, porque me encanta el placer después de sufrir dolor en los pezones. Pero ella puso su pierna sobre la mía y me montó. Durante estas sesiones, siempre se ponía encima de mí. Ella controlaba así el tempo. Ella controlaba así la acción. Ella me controlaba y a los dos nos gustaba así.

Se sentó sobre mí. Luego se inclinó sobre mí para que su clítoris rozara mis genitales afeitados. Su humedad se sentía increíble sobre mi piel desnuda. Su coño me lamió, me ordeñó.

Ella pronunció las palabras: "Córrete dentro de mi".

Ya que había sido sido sodomizado recientemente y llevado al borde del orgasmo, lo hice con placer. Mi cuerpo suplicaba un orgasmo, pero ella llevó su boca sobre la mía.  En mi parálisis de éxtasis, sondeó mi boca con su lengua, burlándose de mí, instándome a que continuara para darle un orgasmo. Llegué al cielo.

Apenas terminó, salió de mi apretando con su mano su coño para evitar que se perdiera el semen. Con un movimiento muy bien practicado, puso su cuerpo sobre mi cabeza y su coño sobre mi boca abierta. Sacó su mano y mi semen empezó a deslizarse desde su coño hasta mis labios. Todavía estaba un poco aturdido, por lo que gran parte cayó sobre mi cara, pero estiré el cuello y lamí su coño y el semen que fluía. Con sus dedos recogió el semen que estaba repartido por mi cara y acercó sus dedos a mi boca para que fuera tragándolo todo.

Volvió a ponerse en la posición anterior y a poner su coño en contacto con mi boca, y lo lamí mientras ella agitaba sus caderas. Metía mi lengua en su coño tan profunda como podía. Pronto llegó el momento en que empezó a correrse y sus flujos llegaron a mi boca  y a mi lengua. Gemía y sus "oooh, oooh, oooh" pronto llegaron a mis oídos. Conforme llagaba al momento del máximo placer, frotaba su coño con más fuerza contra mi boca. Unos diez minutos después del primer orgasmo, llegó el segundo.

Cuando su climax pasó, me miró a la cara. Le gustaba ver las pruebas de su placer en mi cara. De pronto recordé el Jeff Stryker y pensé en retrasar el momento doloroso lo más posible. Le supliqué que me dejara lamer su ano. "Por favor, déjame comer tu culo, por favor". Con un gesto, accedió a mis deseos, aunque sé que ella lo deseaba también. Se echó sobre la cama boca abajo, yo puse su almohada y la mía debajo de sus caderas, para que su ano estuviese más disponible, y empecé a lamer. En un par de minutos, el agujerito se distendió y ella empezó a gemir, señal de que le gustaba. Al poco empezó a mover el culo con movimientos rítmicos, de arriba a abajo o de un lado al otro. Al principio noté un saborcito un poco acre, lo que me calentó un poco más. Recordé que sus braguitas tenían un pequeño círculo marrón, señal evidente de dicho saborcito. Siempre sospeché que ella lo hace aposta, ya que es muy limpia. Además, apenas hacía una hora que se había duchado. Sospecho que después de la ducha, se sienta en el bidet y hace esfuerzo para echar algo, aunque sea una cantidad infinitesimal, pero suficiente para darle su saborcito peculiar a su ano. Nunca me atrevía  preguntarle, pero estoy convencido de que efectivamente, es así.

Al cabo de un rato, tuvo un orgasmo. Después se volvió para mirar y se quedó un ratito contemplando los restos de su orgasmo sobre mi barba y mi bigote. Acarició mi barbita, húmeda con mis propias babas que deposité en su ano y después recogí con la barba. Creo que fue ese el motivo por el que me prohibió que me afeitara.

- Sé que me has hecho perder tiempo para retrasar el momento de enfrentarte a mi Jeff Stryker, pero de nada te va a servir. Como dicen los subalternos al torero cuando llegó la hora de matar al toro: "Maestro, ha llegado la hora de la verdad. ¡Valor y al toro!

Se puso de pie, se calzó el aparato y me ordenó que le ayudara para atarlo detrás a su cintura. Me ordenó que me pusiera de rodillas en el suelo delante de ella y que le chupara su polla. Así lo hice, y tras breves minutos, me sacó el aparato de la boca y ordenó que le trajera de su mesita de noche un botecito de vaselina: "Creo que hoy, por ser la primera vez, voy a poner esto. Ve al baño y ponte una lavativa anal."

A los diez minutos volví y ella estaba esperándome acostada en la cama con la polla tiesa. Primero me ordenó que le suplicara que me follara. Así lo hice, y siempre me hace hacer lo mismo, y siempre me resulta humillante.Después me hizo ponerme a cuatro patas, sobre la cama pero en el bode de la misma y ella se puso de pie justo tras mi trasero. Puso el bote de vaselina encima de mi espalda y me puso un poco en el ano. Pero después se quedó quieta y callada duran unos segundos, y me soltó: "Vamos a la ventana."

La casa, obviamente, tenía más de una ventana, pero en aquella situación, "la ventana" sólo podía significar la ventana del comedor. La ventana tenía debajo un radiador, y este estaba cubierto por un mueble de madera hecho ex profeso para tapar el radiador. La ventana solía estar abierta, era verano y hacía calor.

No era la primera vez que sucedía así, que cambiaba de opinión, y las otras veces íbamos los dos andando hasta la susodicha "ventana", Pero esta vez fue diferente. Ella me había obligado a adelgazar, desde los 85 kgs. a los 72. Ella, además, era profesora de educación física. No quiero decir con ello que fuera una mujer forzuda, una fisicoculturista, pero iba al gimnasio 6 días a la semana y estaba fuertecilla. Así que cuando me puse de pie, me dio el bote de vaselina para que lo llevara en la mano, me cogió de los muslos, justo por debajo del culo, me levantó en el aire, , y me llevó en volandas hasta la ventana. Durante esos segundos, mi polla y mis pelotas rozaban con las suyas.

La ventana estaba abierta. Le supliqué que la cerrara. Ni se dignó a contestarme. Me depositó sobre la tabla superior, se puso vaselina en uno de sus dedos y me penetró con él analmente. Después puso más vaselina, pero esta vez sobre"su polla", y me penetró. Tras unos cuantos embites, paró. No me atreví a preguntar. Me cogió otra vez y me levantó, y me llevó hacia la puerta de perfiles de aluminio y cristal que daba al balcón.

- Ábrela.

Estaba acostumbrado a no preguntarle nada, esa era una de sus reglas. Mi única obligación era obedecerla. Nada más. Así que me limité a obedecer, y desde esa altura, me incliné un poco para abrir la puerta. Al hacerlo, noté con más fuerza su polla en mi culo. Salimos afuera y apoyó mi culo sobre el alfeizar exterior de la misma ventana. Desde dentro, los posibles espectadores solo podían vernos desde la cintura para arriba. Al estar ahora afuera, en el balcón, se nos veía a los dos el cuerpo entero. Ella siguió con el mete-saca típico de la penetración.

Ella estaba de espaldas a los balcones y ventanas del edificio de enfrente, pero yo los tenía de cara. Miraba sin ver, pero en un momento vi un movimiento que me llamó la atención. Vi a una pareja que nos saludaba, que agitaba las manos en señal de saludo. Se lo dije:

- No seas maleducado y salúdalos -dijo ella sin perturbarse.

Así lo hice. Nuestra luz de la terracita estaba apagada, así como las de nuestro piso, por lo que dudo que pudieran ver con detalle lo que pasaba. Pero supongo que se dieron una idea aproximada.

Al cabo de un buen tiempo, naturalmente el que ella considero conveniente, sacó su herramienta de mi culo y me ordenó que entrara. Después le saqué el Jeff Stryker de la cintura y lo lavé. Después cerré la casa o me aseguré de que todo estuviese cerrado. Antes de ir a nuestro dormitorio, miré por la ventana y vi a la pareja todavía mirando desde su balcón. Antes de acostarme, miré el despertador: eran casi las tres y diez.