jueves, 26 de mayo de 2016

La hija del pintor

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The Painters Daughters (Las hijas del pintor)


Chapter 1 - Capítulo 1

"Si tienes algún problema, Tom, ponte en contacto conmigo" dijo mi esposa al tiempo que me besaba y me decía adios en la sala de salidas del aeropuerto.

"Tan solo coge el avión, Margo," La reprendí, "Soy un chico grande, lo manejaré todo bien,"

Le dije adios agitando la mano cuando ella subía por las escalerillas del avión. Era sábado y ella se iba a ayudar a su hermana, Pat,  con su nuevo niño durante dos semanas.

Habían tres cosas buenas sobre su viaje. Primero, tenía planedo encerrarme en cas para trabajar en el programa que quería acabar. Segundo, el pintor que habíamos contratado, el marido de la mejor amiga de mi mujer en la oficina, pintaría toda la casa mientras nosotros dos no estorbaríamos. En tercer lugar, organizaría mi colección de revistas especiales.

Mi mujer y yo siempre hemos tenido una vida sexual sana, y yo ya estaba caliente antes de que el avión despegara. Me paré en el kiosko y compré un ejemplar de la revista Penthouse. Margo sabe que leo este tipo de revistas pero prefiere no darse por enterada. No las quiere ni ver, y tampoco quiere hablar de ellas. Así que, como muchos hombres, tengo mi pequeño rincón escondido y tengo que ser discreto cuando las leo.

Ahora tenía dos semanas enteras para leerlas a mi entero placer. Ojeé la revista mientras caminaba hacia el parking y me di cuenta de que la revista llevaba dos artículos sobre dos de mis temas favoritos: los hombres que se visten de mujeres y la dominación femenina.

Aunque nunca había pensado en intentar ninguno de estos dos temas personalmente, la idea de un hombre vistiéndose de mujer era algo que tenía un enorme misterio para mi. Nunca jugué con la ropa de mi Margo porque temía que me pillara in fraganti. Sus zapatos eran otra cosa. Normalmente los tenía desparramados por el suelo. Era muy poco probable que se diera cuenta de que no estaban en su lugar. Además, era menos probable que tuviera un "accidente" llevando sus zapatos.

No había nada misterioso en la dominación femenina de la que era un adicto. No podía dejar pasar una revista que tenía historias sobre el tema. Malgasté litros de semen en el retrete mientras leía este tipo de historias. ¡Si tuviera el coraje de hablar con Margo sobre el tema!

Esta era la parte más dura. Sabía que Margot me amaba por mi auto confianza y por mi apariencia de macho. No sé que pensaría si le dijera que quiero ser dominado. "¡Mierda!," me dije. "La mitad de las cartas están fabricadas y la otra mitad estaba exagerada. Nada que le pase a la gente normal".

Sin embargo, ¡habían algunas fotos hermosas! ¡Podría pasar horas mirándolas!  Mi polla se puso dura. Como me gustaría vestirme con una ropa similar a la de las fotos. Nunca le puse los cuernos a Margo, pero un hombre puede tener sus fantasias, ¿no? La amaba, pero Margo ya no me excitaba como hacían esas modelos.

Sabía que podían pasar se manas antes de que pudiera tener sexo con Margo otra vez. Oh, bien, sabía que siempre estaban "Rosy Palm y sus cinco hermanas,"  pensé. Al menos Margo no empacó todos sus zapatos. Yo la animé a comprar esos hermosos zapatos con tacones altos porque le sentaban muy bien. Ella no sabía que mi aprecio por sus zapatos era mucho más profundo que eso.

Yo tenía una erección que me duró hasta que pude duchar una hora y media más tarde.

 -=o=-

El pintor llegó puntual el lunes y empezó a preparar toda su parafernalia necesaria para su trabajo. Le animé a que tomara cuanta soda y té frio necesitara tomándolo de la nevera y volví a mi estudio.

A mitad tarde el pintor vino a  i estudio y me dijo: "Lo siento, Mr. Greer, pero no me siento bien. No quiero hacerlo pero tengo que dejar mi trabajo por el resto del día. Tengo un tremendo dolor de cabeza y creo que me voy a perder la cena".

Se marchó corriendo. Bueno, no importaba, tenía dos semanas casi enteras para terminar su trabajo.

-=o=-

El timbre de la puerta me despertó al día siguiente a las ocho. Me puse la bata, me froté los ojos y fuí a abrir la puerta. Abrí los ojos bien abiertos cuando ví a una chica. Aparentaba los 18 años. Su cara tenía una bonita apariencia y me miró con sus ojos verdes. Tenía unas mejillas sonrosadas y su pelo rojo se escondía bajo una gorra de beisbol. Llevaba puesto una blusa sin mangas que se ponía por arriba, unos shorts rosas y unas zapatillas de tenis. La camiseta revelaba una figura estupenda y los shorts marcaban unas caderas y un culo excitantes.

La miré con una expresión en blanco.

Finalmente ella rompió el pesado silencio: "Hola, soy Linda, la hija de Bob."

"¿Quién mierda es Bob?" mi dormida mente me preguntaba.

"Bob -- el pintor -- el hombre que se puso enfermo ayer? Tiene gripe."

"Oh, seguro!" Dije, comprendiendo repentinamente." ¿Qué puedo hacer por ti?"

"Es al revés. Lo que importa es lo que puedo hacer por tí. Estoy aquí para hacer lo que mi padre empezó ayer."

"¿Tú?" pregunté, "¡Sólo eres una chica!"

Fue la afirmación equivocada y me di cuenta tan pronto acabé de decirlo. Enrojeció de ira. "Mo me jodas," dijo con firmeza, "He ayudado a mi padres desde que tenía trece años y te aseguro que sé lo que hago. Puedo pintar tan bien como cualquier hombre. Este contrato es importante para nosotros pues necesitamos el dinero para pagar una deuda, así que voy a terminarlo".

"Pero yo contraté a tu padre," Me quejé.

"Error" me contestó todavía airada, "Contrataste a la empresa. Lee la letra pequeña. Tanto mi padre como yo trabajamos para la empresa. ¿Voy a estar toda la mañana aquí parada o me vas a dejar entrar?"

No esperó una respuesta y entró empujándome a un lado. No era más que una chiquilla pero enseguida me atrajo su firmeza y decisión.

Dio una vuelta por toda la casa mirando todo lo que había que hacer y volvió a la camioneta en la que había venido y bajó todo lo que necesitaba. Se encerró en el cuarto de baño y salió con una camiseta sin mangas de un tamaño mayor al suyo, y un par de botas. Ambos estaban manchados de pintura pero llevaba puestos los shorts amarillos con que vino.

 No tenía humor para discutir con ella, así que la dejé trabajar. Fue muy difícil concentrarme en la preparación del desayuno y, viéndola como se estiraba y balanceaba en el andamio me calentó. Había cierta gracia en sus movimientos que me seducían. Miré ansiosamente las visiones que me daba de su trasero cuando la camiseta se separaba de su cuerpo. Más de una vez me pilló mirándola embobado. More than once, she caught me staring at her. Estaba fascinado con sus gráciles movimioentos. Por último se volvió hacia mi y me espetó a la cara: "¡Qué pasa!"

Me sacó bruscamente de mi ensueño y me dio vergüenza. "Nada", contesté.

"Mejor así," respondió. Volví a mi despacho para sacarla de mi vista pero no puede sacarla de mi mente.

Al mediodía, fui a la cocina para prepararme el el almuerzo, y entonces la vi tomando un sandwich en mi patio cubierto. Me sonrió y yo agité la mano en respuesta, pero no intercambiamos palabra alguna. A las 5 oi su voz que venía del hall. "Me voy, Mr. Greer." Ni siquiera oi el motor del coche.

Después de cenar, cuando me dirigía al cuarto de lavar la ropa, al pasar por el baño vi, a través de la puerta abierta que Linda se había dejado las luces encendidas. Al apagarlas vi sus ropa en el baño. En apariencia no se había cambiado antes de irse.

El pullover colgaba del gancho detrás de la puerta, junto a un sujetador y a un par de bragas. El sujetador era de tipo atlético y las bragas de algodón. Mi mujer tenía ropa interior mucho m´pas bonita en su armario. La ropa interior de Linda no me parecía muy atractiva.

Sin embargo, las zapatillas eran muy atractivas. Mi esposa tenía un par de Reeboks que llevaba a las clases de aerobics, pero excepto por los cordones rosa, se parecpian mucho a las mías. Pero las Keds de Linda eran completamente femeninas. Los hombres no llevabamos esa clase de zapatillas. Por alguna estraña rzón, las zapatillas me pusieron cachondo. Las agarré, las puse contra mi pecho y las acaricié.

Las imagen de Linda en la puerta principal me vino a la mente. Recordaba sus pechos pequeños pero bien formados y esas nalgas enmarcadas en sus shorts amarillos. Mis pensamientos continuaron bajando por su cuerpo hasta llegar a las zapatillas. Pensé en sus pequeños pies encerrados en sus zapatillas. Casi sin pensarlo, cogí una de sus zapatilllas y me la acerqué a la cara y las olisqueé.

Tenían un olor a sudor pero que aún así era dulce. Acerqué la nariz a la apertura de las zapatillas y aspiré profundamente. El olor era acre y agudo, pero algo en mi mente me decía que el adjetivo correcto para esa esencia que asaltaba mis sentidos era "femenino".

No había tenido sexo desde antes de que mi esposa se fuera, como media semana antes. Ya era el momento y mi cuerpo me avisaba. Mi polla se agrandó y se puso dura. Puse las zapatillas en el tocador, me bajé los pantalones, levanté la tapa del inodoro, me arrodillé delante de mismo, cogí las zapatillas otra vez, las acerqué a mi cara y me masturbé. Me perdí en la sensación que me producía el olor de sus pies. Cuando me corrí derramé una gran cantidad de semen en la taza del inodoro.

Me sentía extraño. Nunca pensé que unas vulgares zapatillas me pondrían de esa manera . Mi mujer me había masturbado mientras besaba sus zapatos de tacón alto, pero nunca pensé que unas zapatillas vulagres me pondrían cachondo. Lo que lo hacía mejor es que esas zapatillas habían sido llevadas por los pies de una chica desconocida, lo que le añadió un poco de malicia al tema.

Puse las zapatillas en la pileta y limpié el desastre que había hecho.

CONTINUARÁ

lunes, 23 de mayo de 2016

Control de castidad

Me gusta mucho este blog, Control de Castidad.  Es muy bueno. Copio unos enlaces de un tema que siempre me ha gustado, las tareas domésticas.

Las buenas esposas no hacen el trabajo doméstico.

1.-Capítulo 1: Introducción.

2.- Capítulo 2.

3.- Capítulo 3: la energía erótica.

4.- Capítulo 4.

5.-   Capítulo 5.1.

6.- Capítulo 5.2.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Reoccurring fantasy

I keep having the same fantasy over and over. It goes like this: I get a text out if the blue from my ex. She wants to meet up for a coffee. I meet her at Starbucks and we sit down at a table. She gets straight to it and says “I want to see you do something for me”.

I reply cautiously “okay?”

She then pulls out a used, very full condom. She says “eat this”. It’s obviously her new boyfriend’s cum in that condom. She repeats herself but adds “right here, right now”.

I pick up the condom and pour the cum into my mouth. It doesn’t taste good. I look at her and realise she has been filming me on her phone the whole time and is finding it hard to hold back the laughter.

She then go in her bag and pulls out a few more condoms and drops them on the table, says “I want you to send me videos of you eating these too or this video goes straight online. Welcome to your new life” and with that, she gets up and walks out.

I scramble to hide all the full condoms but people have already seen.

A few days later, I get a package in the post. Yep, it’s a load more condoms. Some of them look pretty old. I think she has saved them for when she knew she would have me in this position.

I think this turns me on so much because my ex is actually kind of brutal and I feel like she might actually do this. I almost feel like I want it to happen! Well until I cum and I feel so humiliated even thinking about it.

Traducción;
Ultimamente tengo una fantasía recurrente. Recibí un mensaje de texto de mi exmujer. Quería una reunión para tomar un café.Nos reunimos en Starbucks y nos sentamos en una mesa. Fue directa al grano: "Quiero que hagas algo para mi."

Contesté con precuasión: "¿De qué se trata?"

Ella sacó y puso encima de la mesa y condón lleno de semen. Entonces dijo: "Cómetelo todo". Obviamente estaba lleno del semen de su nuevo novio. Repitió de nuevo la orden pero añadió: "Hazlo aquí y ahora mismo."

Cogí el condón de la mesa y puse el semen en mi boca. No tenía buen sabor. Le miré y me di cuenta que ella me había estado grabando con el móvil todo el tiempo y apenas podía contener la risa.

Entonces hurgó en su bolso y sacó unos pocos condones más y los puso en la mesa. "Quiero que me mandes videos en los que se te vea comiendo el contenido de estos condones. Bienvenido a tu nueva vida."

Me di prisa en guardar los condones pero mucha gente ya los había visto.

Unos pocos días después recibí un paquete en correos. Si, estaba lleno de condones. Algunos de ellos parecían bastante viejos. Pienso que los había guardado hasta que llegara el caso.

Creo que me pone cachondo porque mi ex es bastante brutal y siento como si ella estuviera en su derecho de hacerlo. Siento casi como que yo deseaba que algo así pasara. Bueno, me corro y me siento tan humillado como para pensar sobre ello.

lunes, 4 de mayo de 2015

Desencadene una tormenta

Estaba duchándome en el cuarto de baño cuando al salir de la ducha y estar secándome con la toalla entró mi mujer Sara para hacer pis en el inodoro. Acabé de secarme y se me ocurrió una idea peregrina que fue la que desencadenó todo lo demás. Bueno, el acto que hice logró que la actitud de mi esposa hacia mi cambiase de repente.

Cuando mi mujer se estaba levantando del inodoro, le hice un gesto con la palma de una mano extendida hacia ella en señal de stop, me arrodille delante de ella y le chupé el coño. Lo había hecho muchas veces, pero era la primera vez que lo hacía después de que ella hiciera pis. Por supuesto tenía un sabor un poco agrio, pues los pelitos estaban húmedos. Sara, se quedó muy sorprendida, pero no dijo ni una sola palabra. Salí del baño y me vestí en el dormitorio mientras Sara hacía la cena. Puse la mesa y cenamos, pero durante la cena no hablamos sobre lo que había pasado.

Al día siguiente, cuando me duché, al poco tiempo entró Sara para hacer pis nuevamente. ¡Vaya coincidencia! Pero esta vez, que por supuesto fue intencionada, entró demasiado pronto, así que tuvo que esperar hasta que acabase de ducharme. Yo me demoré en la ducha unos pocos minutos más de lo normal mientras ella esperaba sentada en el inodoro sin hacer nada. Salí de la ducha y me sequé el cuerpo lentamente mientras la miraba directamente a los ojos. La tensión eectrizaba el aire. Después repetí la lamida de coño. Ninguno de los dos dijo nada, ni durante ni después.

Al tercer día, antes de la hora de la ducha, Sara se levantó de la butaca y dijo: "Me voy al baño. ¿Me quieres acompañar?" Su voz era sensual. Me levanté y fui tras ella al baño. Llevaba una minifalda, así que se bajó las bragas hasta los tobillos y se sentó en el inodoro. En pocos segundos oi el ruido del chorrito del pis al caer sobre el agua del inodoro. Cuando el ruido cesó, ella se levantó, yo me arrodillé y le lamí el coño. Después salimos sin decir nada. Tampoco comantamos nada durante aquel día.

Al día siguiente era sábado. Por deseo de ella pasamos el fin de semana en casa sin salir más que a correr un poco por el parque. En todas las ocasiones en que fue al baño ella me llamó para que fuera al baño con ella, excepto cuando iba al baño en mitad de la noche.

Pasamos la semana siguiente igual que la anterior. El sábado quiso que la acompañase de compras. En un comercio compró una jarra de plástico semitransparente con una tapa roja. Era exactamente igual a una que teníamos en casa pero esta última tenía la tapa verde. Me extrañó un poco porque nunca habíamos necesitado otra jarra.

Al llegar a casa, dijo que la compañase al baño. Se llevó la jarra recién comprada. Hizo pis pero una parte la hizo en la jarra, más o menos hasta completar una décima parte o quizás algo más del volumen de la jarra. El resto lo hizo en el inodoro. Después, como ya era costumbre, le lamí el coño. Por fin salimos del baño pero ella se llevó la jarra con ella. Completó el volumen de la jarra con agua hasta llenarla y la puso en la nevera.
"A partir de ahora tienes prohibido beber vino o cerveza. Sólo beberás el contenido de la jarra con tapa roja, nada más. Nunca beberás agua de la jarra con tapa verde"
"Y si no lo hago, ¿qué pasará?"
"Tendrás que buscarte otra chica."
Así de sencillo. Estaba en plan autoritario. Nada de pedir mi opinión o dejarme hablar. Si quieres aceptas; en caso contrario, largate de casa (el departamento donde vivíamos era de sus padres y no pagábamos alquiller alguno). Ella no dijo nada de eso, pero yo lo interpreté así enseguida. Económicamente no me convenía para nada la separación, pero tampoco me lo planteé. Me gustaba esta nueva Sara, autoritaria y controladora. No me había consultado nada, ni siquiera me había insinuado nada. Nunca habíamos hablado del tema del pis. Ella simplemente había tomado una decisión y la había llevado a cabo sin consultarme nada. No me entendía yo mismo pero me gustó lo que Sara había hecho. Parece que desperté una parte de la personalidad de ella que estaba muy escondida.

Al mediodía ella me dijo:

"A partir de ahora no te olvides nunca poner las dos jarras en la mesa: la de tapa verde para mi, la de tapa roja para ti. ¿Entendido?"
Contesté afirmativamente. El agua tenía un ligero sabor a pis, pero no muy fuerte. Me acostumbré a ello enseguida. Es más, durante los siguientes meses le recordé más de una vez a ella que no quedaba más "licor" en la jarra de tapa roja. En verano cambió de táctica. Recogía el pis en la jarra de tapa roja y con ella llenaba con su pis tres cubiteras rojas que compró para la ocasión. Después puso las cubiteras en el congelador. A partir de entonces mi jarra quedó fuera de la nevera y en las comidas yo llenaba la jarra roja con agua del tiempo y le ponía mucho "hielo". Ella tomaba agua con hielo de su jarra verde enfriada con cubitos de agua pura congelados en sus cubiteras verdes.

Sara se volvió más interesada en el sexo, y también más exigente. Hasta entonces follábamos dos o tres veces por semana. Desde entonces, me exigía más sexo semanal y, además, no se contentaba nunca con un "no", un "estoy cansado" o "tuve un mal día en la oficina". Cuando yo ponía reparos, se echaba encima de mi y ... podríamos decir que me violaba. Bueno, no era exactamente una violación porque yo, aunque me oponía, ante sus demandas, acababa colaborando pero con desgana. Un sábado por la niche me dijo:

"Si no me complaces en el sexo en todas las ocasiones, tendré que buscar fuera de casa lo que no encuentro dentro."

No quería dar mi opinión porque me parecía absurdo y pensé que nunca lo iba a hacer. Pero pronto me lo volvió a plantear. Ahora me lo tomé en serio, pues parecía decidida. No quería acostarse con otro a mis espaldas, sino delante de mi, literalmente. Y pronto encontró un candidato. Se llamaba Al y era compañero suyo de trabajo. Un sábado, sin adelantarme nada, me dijo:

"Vístete que vamos a salir fuera a cenar."
Pensé que sería una cena romántica para dos. No me gustaba mucho que ella hubiera decidido salir a cenar sin consultarme antes, pero lo acepté como parte integrante de la nueva Sara, más decidida y mandona que la antigua.

Al llegar al restaurante me encontré que nos estaba esperando un compañero de su oficina llamado Al. ¿Qué significaba aquella cita a tres? Para más asombro mío, ella le dio un beso en la boca al saludarlo. Me lo presentó. Los dos se pusieron a hablar animadamente de anécdotas de la oficina con los compañeros, tema que me dejó afuera de la conversación. Era obvio para los demás que en la mesa habían dos que hablaban animadamente y uno que miraba sin apenas abrir la boca. Me sentí como un estúpido. No sabía que hacer. De repente caí en la cuenta que la presencia de Al tenía que ver con su amenaza que si no la complacía en el sexo todas las veces que ella quería, se vería obligada a buscar fuera de casa lo que no encontraba nada. Entonces se me puso la cara roja, pero ninguno de los dos se dio cuenta.

Después de cenar, fuimos los tres a nuestra casa. Sara fue en el auto de Al. Nada más entrar en  la vivienda, Sara llevó a Al de la mano al sofá y empezaron a besarse. Después de un cuarto de hora besándose y tocándose, Sara cogió a Al de la mano y se lo llevó escaleras arriba. Yo tenía claro adonde iban. Me quedé como una media hora sin saber que hacer, hasta que decidí ir a la planta de arriba a ver que pasaba. Me descalcé para no hacer ruido y llegué hasta la puerta de la habitación. La puerta estaba entornada pero por totalmente cerrada. Pude ver a mi esposa Sara chupandole la polla a Al. No se dieron cuenta de mi presencia, así que decidí gravarles con el móvil. Mi polla estaba dura como una pedra, con una erección que no tenía desde que era adolescente. Cuando ya no pude más, bajé las escaeras y me fui al baño de la planta inferior para hacerme una paja.
Después subí las escaleras de nuevo. Ella estaba de espaldas a mi, encima de él y follándoselo. Podía ver su espalda, su culo, su hermosa cabellera, como su cuerpo subía y bajaba mientras su polla entraba y salía rítmicamente de su coño. No me pasaba desde la adolescencia, pero mi polla se puso dura otra vez. Bajé otra vez al baño.
¡Lástima no haberlo filmado!
Mi matrimonio se acabó convirtiendo en un tri-monio, en un matrimonio de tres. Al pasaba todos los fines de semana y todas las vacaciones con nosotros. Y en alguna ocasión, Sara le llamaba entre semana. Podríamos decir que me convertí en un amante suplente, en un amante sustituto, en el reemplazante del amante principal.

Sara pronto se dio cuenta de que yo los espiaba, así como que los grababa y veía las grabaciones en privado. Me dejó seguir espiándoles y grabándoles por la puerta entornada, pero después los tres veíamos los videos juntos.

Ahora follaba menos con Sara pero me masturbaba, cosa que antes no hacía nunca. Pero, aunque parezca raro, soy más feliz que antes.

sábado, 21 de marzo de 2015

La sumisión a mi mujer

Yo soy uno de esos tantos hombres que desea contemplar a su esposa follando con otro u otros hombres. Antes yo no solía ser así. Era muy celoso pero tras años de leer historias de mujeres casadas follando con total libertad, poco a poco fui evolucionando a un cornudo mirón. Esta fue la parte más fácil. La parte más difícil fue convencer a mi esposa a unirse a mi fantasía. Ella fue más típica en sus reacciones ... nunca habrá nada por ese camino.

Siempre le había dicho a Susan lo increíblemente bella que es, tal como yo la veía. Pero en esas historias de esposas calientes, la esposa es siempre de una belleza impresionante, el amante siempre está tan bien dotado como un dios griego, pero me di cuenta de que la mayoría de la gente, entrada en años y envejeciendo, con algo de sobrepeso, las cosas le cuelgan más de la cuenta y quizás, con algunos cabellos grises. Aún así, mi esposa es la persona más bella que conozco.

Luché para conseguir que mi mujer fuera un poco más abierta y aventurosa. Intenté que llevara ropa más insinuante. También intenté que leyera algunos libros sobre el tema, pero ella no quería ni oir hablar de ello. También intenté que mirara un poco de porno conmigo, pero nunca accedió. No fue hasta que aparecieron unos nuevos vecinos en el barrio que vi algunos cambios.

A primera vista Emily y Don eran una pareja corriente de nuestra edad. Emily era bastante guapa y, definitivamente, follable, pero tampoco era nada especial. Don, como yo, era tan solo un marido como yo. Aún así, había una atmósfera inconfundiblemente erótica alrededor de ellos.

Emily le preguntó a Susan si quería salir con ella el viernes por la noche a tomar algunas copas. Sin embargo Emily no estaba segura y me miró como preguntándome. Yo estaba feliz de que ella saliera un poco a tomar algo así que le dije que me encantaría cuidar de nuestros dos hijos y que ella disfrutara de la salida. A fin de cuentas nuestros niños eran pequeños y se dormían enseguida. Mientras tanto yo podía disfrutar de leer esas historias en Internet de esposas ardientes y maridos consentidores.

Las salidas de los viernes se convirtió en una rutina. Solían salir dos o tres veces juntas al mes. Susan solo me contaba que tomaban unas copas y bailaban música country. Una diversión inocente. Nunca me dijo a donde iban, pero noté un cambio en Susan. Al principio el cambio era menor: pasaba más tiempo de lo habitual maquillándose y que la ropa combinara. Después se compró un par de vestidos más ajustados a su cuerpo, con más escote y más cortos, dejando ver la mayoría de sus piernas. Le pregunté por esos cambio, se sonrojó y me dijo que Emily y las otras mujeres que estaban en el bar iban vestidas todas así. En cuanto a Emily, es totalmente cierto que iba vestida incluso más sexy que mi mujer. Pero también se volvió un poco más decidida en la cama y, hasta agresiva. El cambio me gustó, pero tenía celos.

Un día le pregunté a Don por las salidas de nuestras mujeres y me confesó que no le importaban mucho. Aseguró que su esposa era más feliz así y que ambos disfrutaban más en la cama. Deduje que él sabía lo que ambas hacían justas los viernes. Pensé que a él no le importaba demasiado. Pero yo estaba celoso.

Un día decidí averiguar que pasaba y le pedí a Don que se quedara con mis hijos en su casa, ya que él también cuida los viernes de su hija. Alquilé un coche que dejé aparcado a cierta distancia de casa y, cuando ambas salieron en el coche de Emily, yo salí detrás de ellas.

El local al que fueron no era un local de música country, sino otro de más bajo nivel. Estaba a las afueras de la ciudad y era, por supuesto, un local donde uno puede encontrar pareja para llevársela a la cama esa misma noche. Principalmente hombres y mujeres divorciados. Tampoco tenía pista de baile y estaba casi lleno.

Cuando entraron esperé unos minutos y, al entrar, con gran riesgo que me descubrieran, localicé una mesa muy alejada de la barra donde ellas estaban tomando su bebida. La mesa estaba detrás de una columna, lo que me convenía mucho para mi labor de espionaje.

Al cabo de unos veinte minutos entraron dos tipos que se acercaron directamente a ellas sin dirigir ni la más corta de las miradas al resto del local. Llegaron y se saludaron con un beso en la boca. Estaba claro que cada una tenía su pareja. Después de estar como una hora besuqueándose salieron. Yo pagué mi consumición y salí lo más rápido posible. Ya hacía cinco minutos que se habían ido, así que pensé que las había perdido.

Pero no, el coche de Emily aún estaba allí. Y no vacío. Me aproximé despacio y agachado. Cada pareja estaba follando en un lado del coche: Emily delante y mi mujer detrás. Me agaché para que no me vieran. Les oí follar claramente. Escuché los gemidos de placer de mi esposa. Tenía una sensación rara. Por un lado tenía celos, pero por otro lado tenía una erección tan dura que no había tenido desde que era joven.

Cuando acabaron me puse de pie. Estaba dispuesto a revelar mi presencia para ver las reacciones de mi esposa. La primera que me vio fue Emily al hacer la maniobra para salir y le hizo una seña a Susan. La vi mirarme con cara de sorpresa. Bajó del coche y antes de cerrar la puerta le dijo a Emily que se fueran los tres. Sin embargo su acompañante bajó de coche. Susan se volvió hacia él y le dijo:

"Pete, cariño, no te preocupes por mi, es mi marido. Él me llevará a casa. Tranquilo, estoy segura con él."

Después de unos segundos de duda añadió.

"Hoy te has portado muy bien, cariño. Nos veremos pronto. Te llamaré."

Y le dio una apasionado beso de despedida. Después el tipo subió al coche y se fueron.

Durante el camino de vuelta a casa hablamos serenamente. En esencia yo le recriminé que habiéndole dado yo permiso para follar en casa con otro u otros tipos ella lo hiciera a escondidas. Ella me aseguró que cuando se lo propuse ella no quería ni oir hablar de eso, pero desde que Emily la animó a salir los viernes, poco a poco se había dejado convencer por ella. Me aseguró que no tenía la menor intención de ofenderme ocultándolo todo, pero que le gustaba salir a "cazar un amante." Esa fue la expresión que utilizó.

Las cosas cambiaron desde entonces. Don y Emily también estaban en ese estilo de vida. Emily y Susan decidieron salir todos viernes del mes. Las dos estaban de acuerdo en ello. Don y yo nos juntábamos una veces en su casa y otras en la mía. Cuando los niños se dormían mirábamos pelis porno o leíamos historias. El motivo de salir a tomar unas copas es que a las dos les encanta "salir de caza". Después venían a casa y ellas follaban con ellos y nosotros mirábamos.

Le propuse a Susan que follara sin protección. Ella me miró con sorpresa. Le expliqué que quería que ella se quedara embarazada de otros hombres y que yo no quería saber si yo era el padre o no. Le dije que amaría y cuidaría de los hijos que vinieran como si fueran míos. Ella lo pensó un rato y dijo:

"Creo que a me gustaría más saber con certeza que no es hijo tuyo."

Me contó como lo haríamos. Después de tener ella la regla, solo follaríamos los dos con preservativo. Ela, por el contrario, follaría con sus amantes sin preservativo. Además, follaría con varios para asegurarse de quedarse embarazada de alguno, por si había alguno infértil sin saberlo. Cuando pasara un mes y no le viniera la regla, se haría el test de embarazo. Como se puso muy obstinada no tuve que acceder. Al fin y al cabo solo las mujeres pueden quedarse embarazadas y además, son dueñas de su cuerpo.

En ocho años hemos tenido cuatro hijos por este sistema. Nos dimos prisa porque a ella se le acercaba la menopausia. Emily y Don también hicieron lo mismo. En este período de tiempo han tenido tres hijos y ella está embarazada de nuevo. Con el nuevo completarán cinco hijos pero nosotros les ganamos pues tenemos media docena.

Ahora Susan ya tiene la menopausia. Tiene un amante fijo y no desea más aventuras los viernes. Emily también tiene el suyo. Ya no tienen tanto interés en salir a tomar copas. Ahora Joe y Dani son el tío George y el tío Daniel. Ambos pasan el fin de semana en nuestras casas. Tuvimos que hacerlo así porque los niños más mayores ya hacían preguntas incómodas.

Sin embargo, este año nuestra hija mayor Laura de 16 años no paraba de hacer preguntas sobre Joe y nuestra relación con él. Obviamente ella ya no se acuesta a las 10 de la noche, sino que se queda más tarde, y nosotros los fines de semana deseamos irnos a la cama los tres. Mi mujer es psicóloga y dice que lo peor que puedes hacer es mentirles a los chicos cuando ya no se creen las mentiras que les cuentas y, por supuesto, contradicen lo que les dices. Le dije a Susan que se lo contara todo, de madre a hija, pero ella insistió en que debíamos hablarlo los tres.

Fue una reunión larga. Susan insistió en que no debíamos dejar ninguna duda en la mente de nuestra hija mayor sobre el tema, aunque, por supuesto, sin entrar en detalles concretos. Para mi fue un palo muy gordo contárselo a mi hija, pues los cornudos tienen un estigma social. Yo no me considero un cornudo, pues mi mujer no me engaña como hacía al principio. Mi mujer insistió en que yo debía empezar a hablar, pues fui yo quién se lo propuso a ella.

Un viernes le dijimos a Joe que no viniera. Venía siempre los viernes y se quedaba en casa hasta el lunes en que los tres nos íbamos cada uno a nuestro trabajo. Ese fin de semana vino el sábado por la mañana a petición nuestra. la reunión se celebró cuando todos los demás chicos estaban durmiendo.

Empecé por el principio. La historia es similar a la que les he contado. Le dije a Laura que yo al principio era muy celoso, pero que me dio por leer algunas historias de mujeres casadas que se acuestan con otros hombres con conocimiento y aceptación de su marido. Le conté que se lo propuse a su madre y que ella rechazó la idea. Le conté la aventura en el bar y en el parking, como hablamos y decidimos llevar la vida que llevamos.

Laura aseguró que somos unos pervertidos y que ella nunca haría eso. Susan insistió en que lo que se hace dentro de la pareja y sin obligar a nadie no tiene nada de amoral.
"Solo somos un par de adultos con unas reglas de conducta acordadas libremente entre nosotros y que, para nosotros, eran mejores que muchas parejas, que tienen sus amantes por separado pero se engañan el uno al otro," le dijo Susan.
La reunión, después de un par de horas, acabó con un cierto disgusto por parte de Laura. Nosotros no sabíamos que hacer. Quizás nos habíamos equivocado.

El sábado siguiente por la noche estábamos reunidos en el salón Joe, Susan y yo cuando entró Laura. Nosotros dos estábamos tomando un whisky y viendo un partido en la tele, y Susan estaba leyendo un libro y tomando un combinado más suave que el whisky. Laura entró en la habitación y se sirvió un whisky sin preguntar. Tenía una actitud desafiante. Se sentó al lado de Joe. Tomó un sorbo que le hizo toser. era la primera vez que bebía alcohol, al menos delante de nosotros.
"Cariño, si no estás acostumbrada, es mejor mezclar el whisky con soda o agua."
Laura agarró de la mano a Joe, se levantó y le obligó a levantarse.
"Quiero hablar contigo, Joe. En privado. Ven a mi habitación."
Su tono de voz era seco y desafiante. Salieron los dos. No volvieron hasta una hora después. Laura dijo:

"Estoy cansada. El lunes tengo un examen y hoy he estudiado mucho. Me voy a la cama."

Se dirigió al sillón donde estaba sentada su madre y le dio dos besos en las mejillas. Después vino al sofá donde estábamos sentados Joe y yo, me dio un beso a mi en la mejilla y después, se acercó a Joe y le dio un beso de tornillo en la boca. Dijo buenas noches a los tres y se fue.

Robert es un tipo normal y de nuestra edad. No es un toro semental. Así que Susan no tuvo sexo hasta el domingo por la noche. Intentó tenerlo conmigo esa noche y yo le dije que no, que el pacto era que los fines de semana ella se dedicaba exclusivamente a Joe. En realidad me dolió decir esto, pero quería ver en qué desembocaba esta situación tan extraña.

A la semana siguiente, de lunes a viernes, noté un cierto tráfico de llamadas y mensajes de móvil entre Joe, Susan y Laura. De este triángulo yo fui excluido. El jueves miré el móvil de mi esposa mientras ella se duchaba pero todos los mensajes entrantes habían sido borrados.

El viernes vino Joe con su hijo Alfred de 20 años. Laura y Al salieron a cenar. Al volver a casa, después de saludar, los dos se fueron a la habitación de Laura, de la cual no salieron hasta la mañana siguiente.

Ahora tanto los vecinos como nostros somo dos familias felices.

FIN

jueves, 19 de febrero de 2015

Todo es empezar

Voy a relatar como empezó nuestra relación femdom. Carina y yo llevábamos casados cuatro años cuando nuestra relación sexual empezó a aflojar. En el resto de nuestra relación todo era normal. Y cuando practicábamos sexo, también. Pero cada vez eran más infrecuentes nuestras relaciones. En algunas semanas no hacíamos el amor, y cuando lo hacíamos, era exclusivamente los fines de semana. Nunca entre semana. Y siempre era ella la que ponía pegas.

Por otra parte, yo me aficioné al femdom. Conocí este tipo de relaciones por un mail que me envió un amigo. Adjunto había un pequeño vídeo de un par de minutos de duración que presentaba a hombres en bolas siendo golpeados en la polla y los testículos por mujeres. El vídeo era una composición de varios vídeos de algunos segundos de duración y, en cada vídeo, una pareja diferente. En el texto del mensaje mi amigo escribía algo así como "mira como algunos gilipollas se dejan pegar en sus partes por mujeres." Imagino que mi amigo se sorprendería de saber que a mi me gustó el vídeo. Pero claro, no le dije eso.

Vi que en el vídeo ponía en la esquina inferior derecha una dirección web. Fui a esa dirección y encontré que trataba de mujeres haciendo putadas a los hombres y que estos se dejaban. La web era una comercial y había que pagar para ver los contenidos. Pero me fijé que la dirección incluía la palabra "femdom". Me pareció rara esta palabra, así que la escribí en el buscador. Descubrí un mundo totalmente nuevo para mí, y que me encantó.

Por otra parte, empecé a sospechar que mi mujer me ponía los cuernos. No voy a exponer los motivos por los que tenía sospechas, pero el principal era que nuestras relaciones sexuales se habían espaciado por causa de ella, tal como expliqué al principio de este relato.

Así que un día decidí coger el toro por los cuernos y decidí proponerle algo nuevo.

Era viernes a finales de mayo y al día siguiente era nuestro quinto aniversario de boda. Ninguno de los dos trabajaba los viernes por la tarde, por lo que escogí al mediodía, durante el postre, para comunicarle mi propuesta.

Para no hacerlo muy largo, voy a resumir. Desde que nos encontramos en casa a las 14:30, estaba muy nervioso. Ella me lo notó enseguida y me preguntó varias veces que me pasaba. Pero me refrené hasta el postre. Me temblaban las manos y no esperé a que termináramos. Le dije que teníamos que hablar sobre nuestra relación y le pregunté a bocajarro si me ponía los cuernos. Tras una pausa de un minuto que me pareció una eternidad, contestó con un si. Tras otra pausa, me dijo:

- Pero no esperes que me arrodille delante de tí o algo parecido. No pienso ni disculparme. Las cosas pasan como pasan y a veces no se pueden evitar.

Y tras otra pausa, continuó:

- Tienes dos opciones: o lo aceptas y si te apetece, te buscas una amante, o me pides el divorcio. Pero yo no pienso dejar a Cayetano. Por ningún motivo. No se como pasó, pero me enamoré de él. Le conocí a través de un amigo en común, charlamos, tomamos unas cervezas, me pareció un chico encantador y, cuando nos despedimos, le pedí el número del móvil. No pienso dejarle, así que, o lo aceptas o nos divorciamos. Y si eliges lo primero, no te voy a negar la misma libertad que yo misma me he tomado.

Otra pausa más para pensar lo que iba a decir:

- Yo, la verdad, prefiero la primera. La situación económica está muy mal y cada vez está peor. Y seguirá estando así por mucho tiempo. Muchos de mis amigos se están quedando en el paro. Como sabes, en mi empresa han hecho una reducción de plantilla. Esta vez he tenido suerte, pero se comenta que el año que viene va a haber otra reducción. Tenemos que pagar la hipoteca todos los meses, y si no lo hacemos, nos veremos de patitas en la calle. Y Cayetano está en el paro...

Dejó la frase sin terminar porque se le quebró la voz y empezó a llorar. Era uno de esos lloros silenciosos y mudos, sin sonidos, con los lagrimones bajando por sus mejillas. La verdad es que nunca me demostró que estaba preocupada por la situación económica.

Ella se apoyó en mi hombro en busca de consuelo y no me quedó otra opción que esperar unos minutos a que se tranquilizara. Entonces intervine:

- Cuando te hice la pregunta, no tenía la menor intención de montarte un numerito. Al contrario, quería en primer lugar averiguar que pasaba, y en segundo, si se confirmaban mis sospechas, quería que hablasemos como dos personas adultas que somos. ¿Como es tu relación con él, con... como dijistes que se llamaba... con Cayetano?

- Yo estoy enamorada de él, y él de mi. Estamos enamorados el uno del otro, y estamos dispuestos a pelear por nuestro amor.

Jamás la escuché hablar con tanta contundencia. Nos conocíamos desde el instituto y era la primera vez que me hablaba con tanta convicción. Sin duda era cierto. Esto me descuadró un poco al principio.No era todo como planeé.

INACABADA

Mi ama

Para hacerlo corto, voy a resumir los prolegómenos que, sin embargo, es necesario explicar. A los 8 años perdí a mi padre y a los 16 me puse a trabajar como auxiliar administrativo en una pequeña empresa. Lo que no aprendí allí sobre como funcionan las oficinas, lo aprendí en unos cursos que hice a partir de los 18 de administración de empresas. Pero a finales de 2009 la empresa cerró y me quedé sin trabajo. No podía volver a casa de mi madre sencillamente porque mi madre ya no tenía techo propio. Trabajaba en un hotel de limpiadora y allí mismo le daban una habitación diminuta y comida. Prácticamente no cobraba nada en efectivo, porque le descontaban la habitación y la comida.

En el año 2010 hice algunos trabajos temporales y en negro. Me pagaban una mierda pinchada en un palo. Pagaba una habitación en un piso y que compartía con otro chico. Menos mal que tenía una litera y podíamos dormir cada uno en su cama. El otro chico tenía una notebook, y gracias a ello, podía navegar por internet cuando él no la usaba. Me aficioné al femdom. Supongo que en parte fue como un mecanismo psicológico de defensa. Quería compartir mi vida con una chica con algo de dinero para poder vivir y siempre, bajo el dominio de ella.

Un día vi un anuncio en una página en internet que tenía este tipo de anuncios. Contesté y ella me citó un sábado a las diez de la mañana en una esquina en el centro de Madrid. Se llamaba Julia, tenía 29 años, era abogada y, para mi gusto, muy bien fisicamente. Es un poco bajita, pero delgada. Tiene cara de adolescente, de niña incluso. La mayoría de las mujeres delgadas tienen tetas muy pequeñas, pero Julia usa la talla 90 de sujetador. Ver en ese cuerpecito delgado esas tetas tan bonitas me pone a cien.

Nos sentamos en un banco de un parque cercanos y hablamos. Me preguntó que experiencia laboral tenía. Aquello me sorprendió un poco, pero le contesté. Me dijo que era abogada y tenía mucho trabajo. Cobraba muy poco por cada caso de impagos que resolvía, y que por eso, trabajaba muchas horas, de lunes a sábado, doce horas al día.

— Necesito alguien que me ayude —- dijo.
— Pero no pensé que era un anuncio laboral — dije yo duditativo.
— Y no lo es. No te voy a pagar. No puedo permitirme ese lujo. Si aceptas, vivirás conmigo, comerás la comida que yo pagaré y viviremos con lo mínimo. Afortunadamente, el piso deonde vivo es mío. Lo heredé de mis padres que murieron hace dos años.

Después de una pausa para reordenar sus ideas, dijo:

— Tu sólo tienes que hacer una cosa: obedecerme. Nada más. De lo demás, me encargo yo. La nuestra no será una relación femdom o SM con muchos aparatos, pero lo más importancia, la predominancia de la mujer sobre el varón, eso si va a existir. Desde niña me gustó mandar. Y ahora tengo la oportunidad. ¿Aceptas?
— Si — dije — Acepto.
— OK — Ya eres mi esclavo, mi sirviente, mi criado y mi empleado sin sueldo. Ahora vamos para mi casa.

Se dirigió a una moto de motocross que estaba aparcada allí cerca, le sacó el candado, la arrancó, se subió y me indicó que me subiera detrás. Ella vestía una camiseta muy ceñida a su cuerpo y que revelaban muy bien sus tetas, unos pantalones vaqueros muy ajustados y unas botas con tacos altos de media caña. Montada encima de la moto parecía una amazona moderna, montada en una moto en vez de en un caballo.


Cuando llegamos a su piso, me hizo desnudar. Aunque lo deseaba desde hacía algún tiempo, aunque había soñado un momento como este, me puse rojo como un tomate. Empecé por quitarme las zapatillas, después la camiseta que llevaba, los pantalones y, me quedé dudando, la cara toda roja. El salón tiene un amplio ventanal de aluminio de dos hojas de cristal y una persiana, que estaba levantada. A unos 30 metros había un edificio:

— Te dije que te desnudaras - dijo ella con una sonrisa pícara.

Me quité los calzoncillos.

— Date la vuelta. Quiero verte entero, por delante y por detrás.

Lo hice.

— Da la vuelta más despacio.

Lo hice.

— Acércate. Quiero verte de cerca.

Me acerqué y empezó a tocar mis partes. Cogió mi polla entre sus manos, retiró la piel hacia detrás y la examinó muy atentamente.

— Aquí hay restos de pis o semen. ¡Que guarros que soy los hombres! Toma una ducha. En el cuarto de baño hay una toalla. Cuando estés bien limpio y seco, te voy a examinar de nuevo.

Cuando volví, me examinó otra vez.

— Ahora está mucho mejor. Te voy a revisar todos los días la polla. En cualquier momento del día y sin avisar. Si alguna vez la veo sucia, te voy a dar una paliza con tu cinturón que te voy a arrancar la piel a tiras. Así que, cada vez que hagas pis, te sientas en el bidet y te la limpias bien. ¿Entendido?
— Si.
— Si ama, tienes que contestar.
— Si ama. — Ahora limpia el cuarto de baño y, cuando acabes, te daré más faena. Pero cuidado, para estar segura de que está limpio, te voy a hacer lamer cualquier parte del baño, incluido el borde del inodoro. ¿Entendido?


El piso no es muy grande. Tiene un dormitorio grande para un matrimonio, y una habitación que se supone es un dormitorio para los hijos, pero que Julia usaba como oficina. Sólo tiene un cuarto de baño, pero si tiene un salón comedor bastante grande, unos 30 metros cuadrados. El salón tiene un balcón al que se accede por una puerta corrediza doble de cristales, hecha de aluminio y, por ello, le da mucha luminosidad al salón pero, al haber un edificio cerca, me da coraje andar desnudo.

Cuando acabé, acudí a su estudio. Julia estaba tecleando algo en su ordenador. Al verme, se levantó
y acudió al baño.

— De rodillas, lame el borde del inodoro.

Lo hice. La verdad es que estaba tan limpio que estaba seguro que no iba a agarrar ninguna infección, como así ocurrió.

— Ahora limpia la cocina. Y quiero que quede tan limpia como el baño.

Ella volvió a su trabajo, y yo al mío. Cuando acabé, acudí otra vez al estudio y me dijo:

— Ya comprobaré después como está la cocina. Pero ahora me está entrando hambre. ¿sabes algo de cocina?
— La verdad es que sólo se hacer un par de recetas. Puedo hacer una paella de pollo y verduras en una sartén normal.

Me dio un billete de 50 euros y me explicó donde ir al supermercado más cercano a comprar. En un paquete empezado, había casi medio kilo de arroz, así que me mandó a comprar el resto de los ingredientes.

— Ah, ¡vístete antes de salir! Y cuando vuelvas, lo primero que tienes que hacer es desnudarte.

INACABADO