sábado, 26 de febrero de 2011

My Story

Mi historia.


Los estudios nos muestran que los hombres piensan cientos de veces al día en el sexo (muchas veces más que la media de las mujeres). La primera vez que oí sobre estos estudios, tuve una mala época porque me lo creí. Me asombraba como mi marido podía pensar en el sexo cientos de veces al día pero solo mostraba ínterés sexual en mí una odos veces al mes. Entonces leí otro estudio que decía que el hombre medio eyacula desde unas pocas veces a la semana a una vez al día o más. Recuerdo que al principio de nuestro matrimonio mi marido estaba en la parte superior de esa escala. Me preguntaba como su biología pudo haber cambiado tan drásticamente en los últimos 7 años.

Mi marido apenas parecía percatarse de mi existencia. Me di cuenta de que mientras él era el centro de mis pensamientos, yo apenas estaba en la periferia de los suyos. Primero estaba furiosa con este pensamiento y después curiosa. Lo primero que pensé es que tenía un affair. Me fui a la oficina de mi marido que está solo a unos bloques de edificios de casa, así que fue fácil para mi verificar que estaba en la oficina en esas noches en que él decía que se quedaba a trabajar hasta tarde. Entonces empecé a hurgar en busca de pistas sobre un posible afair. Lo que encontré en su oficina me asustó. ¡PORNOGRAFÍA!

La mayor parte de la pornografía era lo usual - bellas mujeres desnudas con pechos firmes y culos que sobresalen. Odiaba mirarlas. Había dado a luz a dos de sus hijos y aunque me consideraba a mí misma como moderadamente atractiva, no era rival para esas mujeres con apariencia de Barbies con las que él estaba obviamente fantaseando y comparándolas conmigo. Esto hizo que casi llegara a odiarle. Tan solo al pensar que había dedicado los 7 años de casada a nuestro matrimonio, a nuestra familia y a él y que prefería esas chicas de papel satinado que no hicieron nada por él, me irritaba los nervios. Habría tenido que trabajar dos o más horas diarias para simplemente empezar competir con ellas. ¿Y porqué tendría que empezar a competir con ellas? Criaba los chicos, cuidaba mi casa y cocinaba sus comidas. Mientras tanto, él malgastaba sus energías sexuales en esas brillantes fotografías demujeres que no hicieron nada por él excepto desnudar sus traseros para él en las páginas de esas revistas de mala calidad.

Yo tenía ideas preconcebidas sobre la clase de hombres que compraban esa clase de revistas. Mi marido parecía no cuadrar en esas ideas. Él era muy respetado en la comunidad, inteligente, atlético, trabajador y protector de su familia. Parecía tener un alto estándar moral y muy activo en nuestra iglesia. Era el tipo de hombre con el que una mujer se sentiría orgullosa de estar casada. A pesar de que viví con él la experiencia de su carácter impío, la pereza y el abandono en que a veces dejaba la casa, mi imagen de él nunca había incluido lo que yo ojeé en las páginas de sus revistas.

Fui presa de la desesperación hasta que llegué al fondo del pozo. Entonces vi un par de revistas que eran diferentes de las otras. Representaban a mujeres dominantes (dóminas) y hombres sumisos, tanto en dibujos como en historias. Algunas de las mujeres fotografiadas eran altas y bellas, del tipo de Amazonas como Xena, la princesa guerrera, pero otras no eran tan atractivas como yo. Muchas de las historias y fotografías representaban a mujeres sirviendo a hombres en formasen las que yo nunca me imaginaría a un hombre sirviéndome -cocinando, limpiando, dando masajes- y siendo castigados si sus servicios no cuadraban con lo esperado por esas implacables mujeres. Esto me convenía.

No estaba segura de que hacer en esa situación. Una parte de mí estaba furiosa y quería enfrentarse a mi marido y obligarle a explicarse. Otra parte de mí quería olvidarlo todo. Estaba demasiado avergonzada en confiarlo a nadie. Devolví las revistas a su sitio y pasé las siguientes semanas tratando de pensar que hacer al respecto.

Gracias a Internet encontré la solución. Empecé mi investigación. Era unja fuente anónima y llena de información. Encontré que mi situación no era tan inusual como me imaginaba, y que el comportamiento de mi marido tampoco lo era. Solucioné mi problema e hice de mi marido una mejor esposa.

Mi Solución

Me sorprendió la cantidad de cosas que aprendí. Al tiempo que formulé mi plan, a menudo dudaba de mi misma. A menudo pensé que no saldría bien. Él es tan macho, tan fuerte, tan independiente. Cuando dudaba, recordaba estas revistas y todo lo que aprendí en mi investigación. Recordaba mi ira y el modo en que me había tratado, en que me había tomado el pelo y me engañó en su afecto. Estaba preparada.

Un sábado por la noche, cuando él estaba sentado en el sofá esperando a que le hiciera la cena, llevé a los chicos a casa de mi hermana y pasé por su oficina para recoger sus revistas. Durante la cena le dije que tenía algo que discutir con él que requería toda su atención. Le dije que teníamos que reunirnos en el dormitorio cuando acabáramos de cenar. Me preguntó sobre que teníamos que hablar. Utilicé un tono de voz bastante severo y me encantó ver su semblante nervioso. Ni protestó ni discutió.

Una vez en el dormitorio, le dije que se sentara en la cama. Quería mirarle de arriba a abajo. Le miré a los ojos y dije: "Yo pienso que tienes un problema que está afectando anuestro matrimonio y no vamos a abandonar esta habitación hasta que hagamos algo para solucionarlo". Empezó a decir algo pero levanté mi mano para cortarle: "¿Sabes cuantas veces eyacula un hombre de tipo medio?"

Fue solo una fracción de segundo, pero lo vi bajar sus ojos y enrojecer. Entonces adquirió una postura como de indignación y dijo: "¿De que demonios estás hablando?" Levanté mi mano para pararle y me fui al otro lado de la cama donde había puesto las revistas y las puse en la cama a su lado.

"Explicame esto", le exigí. "Y ni siquiera pienses en mentirme". Se quedó sin palabras. Durante un minuto casi me apiadé de él. Casi cedí. Pero entonces decidí disfrutar de su derrota. Me incliné sobre él y le apunté con mi dedo a la cara. "Bien, ¿que tienes que decir?" Otra vez nada. Le miré fijamente a la cara durante otro largo momento y dije: "Okay, te haré otra pregunta más fácil. ¿Con que frecuencia te masturbas?

Me miró de abajo a arriba y trató de decir algo. No pudo. Abrió la boca tratando de decir algo y su cara se volvió de color rojo. Estaba sin respiración. Esto me recordó cuando una tarde, en nuestra primera cita, yo llevaba un nuevo vestido de noche que, tengo que admitirlo, me sentaba muy bien. Cuando vino a recogerme y me vio allí parada en aquel vestido de noche, se quedó sin respiración y sin palabras, con la boca abierta como ahora. Era una mirada de asombro e impotencia que no había visto desde entonces. Y ahora,nueve años y dos niños más tarde, allí estaba esa mirada otra vez. Sentí un poder que no había sentido durante años. Era raro y excitante.

Decidí ir un poco más despacio para que se le desatara la lengua. Me senté en la cama a su lado, cogí su barbilla con mi mano y cariñosamente le dije que estaba todo bien si me lo contaba, que necesitaba saberlo todo con el fin de mejorar nuestro matrimonio. Respiró profundamente y me dijo: "Quizás una vez o dos al mes", susurró. Levanté su barbilla y le miré directamente a los ojos.

"Díme la verdad". Se tomó unos minutos pero al final elevó el número a un par de veces a la semana. Todavía no estaba segura pero era un número creíble, que yo podía aceptar de momento. Le dije que no podía tolerarlo más.Le dije que Dios había aceptado este matrimonio como legítimo y que su energía sexual desperdiciada y su hábito de masturbación era una violación del sagrado matrimonio. Luego me llegó la inspiración de lo que podría determinar su total sumisión hacia mi: "¿Que crees que pensará la gente si se entera de todo esto?"

"No se lo digas a nadie", imploró

Me levanté y me paré de pie con las manos en jarras. "Bien, entonces necesitamos hacer algo al respecto. "¿No estás de acuerdo? Asintió con la cabeza.

Pensé que era el momento de la verdad. Había llegado hasta este punto y todo había salido muy bien, tal como planeé, o incluso mejor. Levanté su barbilla hacia mi cara otra vez. Necesitas un poco de disciplina, ¿no?

Allí estaba otra vez esa boca bien abierta.Esto envió un escalofrío de placer por mi columna vertebral hasta mi ingle. Le ordené que se levantara y que fuera a mi despacho y que trajera el cepillo de madera que yo había comprado con tal propósito. Me volví a sentar en la cama y le ordené que permaneciera de pie junto a mí. "¿Bájate los pantalones?" Dudó. "AHORA", le ordené. Desató su cinturón y dejó caer sus pantalones hasta el suelo. "Los calzoncillos también", le dije.

Pienso que por parte de los dos todo se sentía como extrañamente inevitable. No protestó. No dijo que me estaba comportando de una manera ridícula. Simplemente bajó sus calzoncillos y se puso rojo como la grana.

"¿Que está pasando aquí?", pregunté. Tenía la polla tiesa.

"No era mi intención que esto sucediera", balbuceó.

"No estará así por mucho tiempo", le aseguré. Entonces di unas palmaditas en mi regazo con el cepillo para el cabello. Su mirada era confusa y mi confianza empezó a decaer. Entonces le miré fijamente, allí estaba plantado de pie y parecía tan estúpido con sus calzoncillos en los tobillos, que simplemente di unos golpecitos con más autoridad en mi regazo. Tomó su lugar en mi regazo sin decir una palabra.

Mis primeros golpes fueron una mera tentativa y, por lo tanto, élno emitió ningún sonido de queja. Golpeé más fuerte. Ahora si se quejó y pude sentir como su erección disminuyó. No había nada agradable para él hasta ahora.

Mientras le golpeaba dejé vagar mi mente rememorando el modo en el que él me había ignorado durante los dos últimos años, como me había ignorado mientras se la pelaba regularmente con aquellas fotografías. Cuatro docenas más de duros golpes. Su trasero estaba de un color rojo brillante y las ronchas fueron tomando forma. Él se retorcía inutilmente pidiendo que me detuviera. Fue catártico para mí. Toda la furia que había estado almacenando salió.

Por último empezó a llorar. Paré y ledije que ya podía ponerse de pie. Su erección hacía tiempo que se había ido, y sus ojos estaban acuosos y rojos. Tan pronto como se puso de pie, se arrodilló y abrazó mis piernas. Estaba allí arrodillado, disculpándose profundamente al tiempo que yo acariciaba sus cabellos con mis dedos.

Con mi furia abatida, en aquel momento le amé de una manera más fuerte en que lo había hecho desde hace años. Todas las frustraciones, dudas e ira que yo había experimentado hacia él habían desaparecido y nunca más se interpusieron entre yo y mi amor por él. Sentí unas ganas tremendas de empujar su cara hacia mi ingle y hacer que me de placer con su lengua (él no me lo había hecho durante años). Pero me contuve. Esto podría venir más tarde.

Le dije que se pusiera de pie, cara a una esquina del dormitorio y que meditara sobre lo que había hecho y lo que había pasado en aquella habitación. Lo hizo sin un sonido de protesta. Trató de suavizar sus nalgas acariciándolas con sus manos. "No", le dije, "pon tus manos a los lados". Realmente se le veía lindo allí de pie con su culo rojo brillante, obedeciéndome sin protestar. "Ahora no te muevas", dije. No tardaré mucho en volver."

Bajé a la planta abajo y me hice una taza de té. Cuando volví, le encontré exactamente como le había dejado. Me senté en nuestro sillón de orejas y tomé unos pocos sorbos de té. Él permaneció en silencio. Puse la taza sobre la mesita de noche.

"Ven aquí Patrick", le ordené. Se acercó y se paró enfrente de mi. Se tapaba sus genitales con sus manos.

"¿Puedo vestirme"?" preguntó.

"No cielo." contesté. "Primero tenemos que hablar sobre las reglas. Saca las manos de tus genitales." Tragó saliva y, por supuesto, obedeció.


Las Reglas

No me había dado cuenta de la importancia de esa tarde hasta ese momento. La dinámica del poder en nuestra relación había dado un giro brusco y repentino. Como muchas mujeres, había vivido con el miedo a perder mi matrimonio. A consecuencia, yo había puesto mucha más energía en nuestro matrimonio que él. Era injusto y yo estaba resentida, pero lo había aceptado como mi realidad, como algo que no podía cambiar. Durante las semanas anteriores a esa noche, comencé a pensar que podía cambiar las cosas. Estaba mentalmente preparada para establecer la ley y tenía mi lista de reglas escritas. El poder que sentí mientras él permanecía desnudo delante de mi esperando por sus "nuevas reglas" me hicieron emocionalmente preparada.

Cogí su escroto y pene en mis manos y le dije: "Esto no pertenece a tí solo, Patrick. No se lo que entendías antes de esto, pero cuando tu hicistes tus votos de boda,prometistes serme fiel. Esto significa que tu sexo me pertenece. ¿Lo entiendes ahora?" Él asintió silenciosamente. "Dime que lo entiendes", le exigí.

"Lo entiendo," dijo. Su pene se estaba poniendo tieso otra vez, así que supe que tenía su atención dividida.

"Okay, aquí están tus nuevas reglas":

1. No vas a eyacular sin mi conocimiento y permiso. ¿Lo entiendes?"
"Si."

2. "No vas a mentirme ni a engañarme. ¿Entiendes?"
"Si."

3. Voy a guardar estas revistas tuyas escondidas y fuera de tu alcance solo para el caso de que necesites un recuerdo, pero nunca más vas a mirar pornografía. ¿Entendido?"
"Si."


4. Vas a ser un mejor marido de lo que has sido hasta ahora. Vas a prestar más atención a mis necesidades y las de los niños. ¿Entendido?"
"Si."

5. "Yo seré la juez de tu actuación como marido. Será tu mayor prioridad ganar mi aprobación de tu actuación. ¿Entendido?
"Si."

6. "Harás la parte de tu trabajo que te corresponde en esta casa sin quejas y sin necesidad de que se te ruege. ¿Entendido?"
"Si."

"7. "Cuando cumplas mis expectativas serás recompensado; cuando no, serás disciplinado. ¿Aceptas esta disciplina sin rebelarte? ¿Entiendes?"
"Si".

"Ok," le dije "estas son las reglas generales.” No pude aguantarme. y el di un beso. "Bien, hablaremos sobre los detalles más tarde." Le dije que me diera placer con su boca. Le dije que su objetivo era mantenerme al borde de un orgasmo durante la próxima media hora antes de hacerme correr.

Fue el más dulce que había experimentado durante años. Ya que él no tenía manera de comprobar la hora con la cara enterrada, se tomó mucho másde la media hora. Cuando estaba satisfecha, le dejé levantarse. Caricié sus genitales. "Eso estuvo bien, Patrick," le dije, "Pero tu no tendrás ningún orgasmo esta tarde. De hecho," le dije mientras le acariciaba "puede pasar un tiempo antes de que te merezcas uno."

Él sólo gemía. Cuando dejé de tocarle, le besé y le acaricié, y se acurrucó en mi regazo como no había hecho en años. Le dije que había algunos detalles que resolver antes de ir a dormir. Le mostré la carta que había escrito para él y le expliqué el sistema de puntos de mérito y demérito. No protestó. Me fuí a dormir tan pronto acarició y me hizo un masaje en mi espalda. Fue un sueño maravilloso. Por fin conseguí el control de mi matrimonio.

(Continuará… con más de "Vivian's" insights on “Domestic Discipline.”)

FIN

martes, 18 de enero de 2011

Jean Hervé Vane aka Vaneggio

Esta imagen la obtuve de aquí.


Porsupuesto que la calle está abarrotada,cariñito: es un distrito peatonal, ¡el mejor para ir de compras! Y no pongas esa cara tan larga... es natural que todo el mundo se fije en ti. Y deja de arrastrar los pies... a menos que no quieras cuidar tus cacahuetes.

Las entradas de abajo las obtuve de aquí.
Traducción: ¡OH, Burt, the hemos echadp de menos, los dos!


La imagen de abajo proviene de aquí.

La imagen de abajo procede de aquí.

Wow, chicas, ¡que suerte! ¡Tengo esta magnífica lupa!


Mientras no se diga lo contrario, estas imágenes de abajo las he obtenido de aquí.




















Ella dice: "Nosotros dos no hemos puesto calientes por tu actuación así que queremos oir tu concierto de campanillas mientras disfrutamos de una buena follada en nuestro dormitorio".

Él dice: "Siii, algo de acompañamiento musical sería bonito... por supuesto no estás autorizado a usar tus manos". Enlace.
¿Recuerdas cuando nos encontramos con Bud y dijistes que parecía un simio?... ¿Quién disfruta ahora de las bananas? Enlace.


Jean Hervé Vane aka Vaneggio specializes in feminized young males who are publically humilated, cuckolded and used as servant by women.

Enlace de femdom artists. Enlace búsqueda general de Google. Enlace de búsqueda de imágenes google.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Cambio brutal de vida


Cuando mis padres murieron en un accidente de tráfico acababa de graduarme en una escuela de alta cocina y apenas había empezado a buscar trabajo. Después del entierro, rebusqué entre los papeles de mis padres para ver si encontraba algo interesante. Encontré una hipoteca a favor de mi padre sobre un restaurante de un amigo suyo. Me puse en contacto con él y me explicó que no tenía dinero para pagarme, pero que había manera de encontrar una solución a gusto de todos. Me propuso que ya que yo era cocinero y sin trabajo, alquilase su restaurante, que de todos modos estaba cerrado desde que él había sufrido una enfermedad. Estaba ahora más o menos recuperado, pero imposibilitado de trabajar. Me llevó a ver el restaurante, que está situado en la parte más rica de la ciudad. Era un restaurante de lujo, con todo montado, decoración , maquinaria, instalaciones... hasta la cristalería y la vajilla tenía.

Consulté con un abogado y junto con su abogado, llegamos a un acuerdo: yo alquilaría el restaurante durante seis años, discutimos sobre el precio y llegamos a un acuerdo. Negociamos sobre el precio del alquiler, pero también sobre los intereses de demora. Él, por supuesto, no quería pagar intereses, pero le amenacé con ejecutarle la hipoteca y quedarme con su restaurante a precio de ganga pagando solo la diferencia. Su abogado le aconsejó aceptar, ya que si yo embargaba, iba a obtener un gran beneficio y él una gran pérdida. También le pedí 3 meses gratis para abrir el restaurante. Así que me encontré con la casa de mis padres, su coche y su piso, y 6 años de alquiler gratis.

Enseguida hablé con Inés, mi novia de toda la vida, la chica más guapa del instituto y del barrio, una preciosidad de criatura. Le propuse matrimonio y aceptó inmediatamente. Así que nos lanzamos a una vorágine de preparaciones, tanto de la boda como de la apertura del restaurante. La vida era de color de rosa. Y lo fue durante 6 años. Nos casamos, nos fuimos de viaje de novios al caribe, y a la vuelta, abrí el restaurante. Y fue un éxito total. No en vano estaba en la mejor zona de la ciudad. Hacíamos cocina moderna, de esa que te ponen un plato enorme y cuadrado y una pieza de comida pequeñita del tamaño de un huevo frito y te cobran una enormidad.

Durante seis años disfrutamos Inés y yo de prosperidad. Ella seguía estudiando medicina, acabó e ingresó, por enchufe, en el hospital de la ciudad. No en vano su padre, médico también había sido director del hospital. Inés ganaba un sueldo modesto al principio como médica novata que era, pero poco a poco fue subiendo. Sólo una nube apareció en nuestro horizonte. Ella no se quedaba embarazada. Fuimos a un médico y, tras los análisis, descubrimos que yo era infértil. Tenía pocos espermatozoides y los que tenía, o les faltaba la cola, o no se movían apenas, etc. Inés estuvo una temporada un poco triste, pero enseguida se le pasó y todo volvió a ser alegría en casa.

Pero el fin del contrato llegó. Quise renovarlo, pagando el alquiler pertinente pero el dueño no quiso. Había sido que tenía un hijo que, en estos seis años, había acabado el instituto, había ingresado en la misma escuela de cocina donde yo estudié y había acabado sus estudios. Naturalmente, el restaurante fue gratis para el hijo. No sólo eso. Además yo había continuado el restaurante con el mismo nombre que tenía antes de que su dueño enfermara, Luna creciente, y le había dado fama. No había puesto en el contrato ninguna cláusula al respecto, así que el muchacho empezó con el nombre que yo, tras dos años de inactividad, le había dado esplendor en mis seis años de permanencia en el local. Me creía el rey del mundo cuando negocié el contrato por haberle obligado a pagar los intereses, no sólo desde que mi difunto padre le había prestado el dinero, sino también por los 6 años siguientes, consultando con unos y con otros sobre como calcular los intereses, pero se me había pasado por alto ese pequeño detalle.

No me desanimé. Mirando el lado positivo, tenía una mujer con un buen empleo, una casa propia y algunos ahorros. Empecé a buscar locales para alquilar, pero no encontré ninguno. Nuestra ciudad es una ciudad pequeña y con muchas desigualdades sociales. La zona rica era pequeña, muy pequeña y todos los locales estaban ocupados: bancos, tiendas de artículos de lujo, boutiques, compañías de seguros, de agencias de viaje, un par de hoteles y poco más. Apenas unas pocas manzanas.

Alrededor de esta zona alta, había una zona de clase media. Busqué ahí, y encontré un lugar muy cerca de la zona lujosa, pero no estaba en la zona de lujo. Me gasté mis ahorros, alquilé el local, compre maquinaria e instalaciones, decoración, mesas, sillas, todo lo tuve que comprar. Todo lo que me había ahorrado en esos 6 años tanto de alquiler como de compra de lo necesario para acomodar el restaurante, ahora tenía que pagar.

Cuando abrí el restaurante, las cosas fueron mal desde el primer día. Los ricos de la ciudad no cruzaban a la zona de clase media para comer o cenar en un restaurante de lujo y pagar lo mismo que pagaban cerca de sus domicilios. Y la gente de clase media no iba a pagar un restaurante tan caro. Había hecho la mayor estupidez de mi vida y lo iba a pagar caro. Me costó un año reconocer el error, y cuando quise bajar el nivel del restaurante para tener más clientela, la gente no aceptó y yo me había pulido todos mis ahorros.

Hablé con mi mujer y ella me apoyó sentimentalmente. Inés era muy cariñosa y me consolaba de mis fracasos. Dejé el local, vendí el piso de mis padres y nos mudamos a un piso alquilado. Con mis ahorros compré un local muy pequeño y un poco apartado, ya que era lo único que podía permitirme. Pero empecé a beber cerveza tras cerveza sin parar. En los dos restaurantes anteriores yo no cocinaba, sino compraba la comida en los mercados, y vigilaba las operaciones de los cocineros. Daba órdenes de aquí para allá, recibía a los clientes con una sonrisa y, con la misma sonrisa, les llevaba la factura. Todo lo demás lo hacían los cocineros y camareros. Ahora tenía que cocinar yo, ayudado por un chico imberbe y una mujer mayor de 50. Y me deprimí. Y a beber. Me deprimía, bebía para alegrarme, me deprimía aún más y bebía aún más. Sólo bebía cerveza y vino. Con ello me autoengañaba. Me decía que como ambas bebidas eran de baja graduación, no eran peligrosas. Y bebía litros y litros de cerveza cada día.

Me endeudé y acabé perdiendo mi tercer y último restaurante. Este había sido el más pobretón pero era el único que había sido enteramente mío. Por unas deudas que apenas representaban un 15% del valor del local, me lo embargaron. Aquel día me fui a casa derrotado y 15.000 dólares que era lo único que había podido obtener de la subasta judicial tras pagar la deuda.

Mi mujer me recibió cariñosamente en casa y trató de animarme. Me dijo que buscara trabajo como cocinero a sueldo. Lo hice, al menos al principio, pero mi ciudad es pequeñita y no habrán más de 100 restaurantes en total. Además se corrió la voz de mi mala suerte, de mi afición a la cerveza. Ignoro si no hubiera empezado a beber que hubiera pasado, pero me animaba consolándome que todo hubiera ido mejor. Traté de convencerla de que nos mudásemos a otra ciudad, pero ella no estaba dispuesta a dejar su trabajo en el hospital:

- Compréndelo, cariño, es el único ingreso que tenemos. Mejor te quedas en casa, lavas la ropa, limpias la casa, cocinas, que de eso sabes un montón, y llegarán épocas mejores. ¡Ya verás como es cierto!

No se como la hice caso. Fue peor el remedio que la enfermedad. Apenas tenía nada que hacer, nuestro piso era un apartamento pequeño con sólo un dormitorio para los dos. Yo tenía mucho tiempo libre y un vicio que creció más y más. Bebía cada vez más, y más, y más, y acabé por no hacer nada en casa. Inés tenía que hacer las labores domésticas cuando llegaba a casa o en sus días de descanso del hospital, porque cuando ella llegaba, yo estaba durmiendo borracho en la cama.




A veces ella hacía las cosas con resignación y silencio, otras veces trataba de convencerme cariñosamente de que colaborara un poquito y dejara la bebida. Pos supuesto, nuestras relaciones sexuales se fueron espaciando cada vez más hasta ser inexistentes. Y por último, ya dejamos de hablarnos.

Como ella era médico en el hospital, a veces trabajaba los sábados, domingos y festivos, y libraba entre semana. Un buen día de primavera de esos que tenía libres entre semana, exactamente era un viernes, sonó el timbre de la puerta. Yo estaba tumbado en el sofá, y ella en el dormitorio. Estaba yo más cerca de la puerta, sin embargo grité:

- Inés, están llamando a la puerta. Ve a abrir.

Acudió a abrir la puerta y segundos después apareció en el umbral de la puerta del saloncito con un hombre de unas 35 años, alto, grandote, bien vestido, moreno, con una barbita bien cuidada. Lo peor es que parecieron los dos cogidos de la mano. ¡Mi mujer, entrando con un desconocido en mi propia casa y cogidos de la mano! Me quedé sin palabras:

- Mira cariño, te presento a Camilo.

¡Cariño, le había llamado cariño! ¡Pero que era esto! Seguramente que la última cerveza me había sentado mal. Debía estar estropeada. Pero yo no había sentido ningún gusto raro.

- Buenos días- dijo el gigante aquél.

- Cielo, será mejor que pasemos a la alcoba- contestó mi mujer. Y acto seguido desaparecieron camino del dormitorio.

No podía ser un sueño, que digo un sueño, ¡una pesadilla! Le había llamado cielo. La vez anterior le había llamado cariño, ahora cielo. Una vez podía haber oído mal, pero dos no. Yo me quedé anodadado por unos segundos, pero cuando me restablecí más o menos, les seguí al dormitorio. Allí encontré a los dos llenando una maleta con la ropa de mi mujer.

- ¿Que sucede aquí? ¿Que desagradable broma es esta?

- Cariño, lo único que pasa es que esta tarde me caso con Jaime y mañana nos vamos de viaje de novios al caribe. ¡Ah, por cierto! -exclamó Inés- se me olvidó entregarte la invitación para nuestra boda.

- ¿Boda? ¿Que boda? -Lo único que tenía claro es que la situación se iba poniendo cada vez más oscura. Cada vez estaba más estupefacto.

- La mía con Jaime, mi novio, tontuelo - contestó ella cariñosamente- La verdad es que ha sido un olvido mío no haberte avisado antes, pero una tiene tantas cosas en la cabeza cuando prepara una boda. Ya sabes, mandar confeccionar las invitaciones, la lista de invitados, el vestido de novia, el restaurante del convite, el menú, etc. ¿No recuerdas nuestra boda? Empleamos un montón de tiempo en prepararlo todo.

- Si recuerdo. Y también recuerdo que tu y yo seguimos casados. No estamos divorciados.

- ¿Como que no? Estamos divorciados desde el lunes. Aquí te traje una copia de la sentencia. Jaime, que es juez, te contestará cualquier duda que tengas.

- ¿Como divorciados? - contesté como un estúpido.

- Si cariño - respondió Inés- ¿No recuerdas que me has firmado los papeles del divorcio?

- No. No recuerdo nada -entre las brumas del alcohol intenté recordar algo, y de repente me vino a la cabeza que en varias ocasiones le firmé a mi mujer tochos de papeles sin leer su contenido. Pero de repente recordé algo:



- ¿Como puedo estar divorciado sin ni siquiera conocer a mi abogado?

- Abogada, cariño, abogada. Tienes una abogada muy simpática llamada Eva. Te traigo los papeles del divorcio, y entre ellos está el teléfono de tu abogada -y se sacó del bolso un sobre grande doblado con varios papeles -Aquí está todo, cariño. Si tienes alguna duda puedes telefonearla. Eva es muy amable y te responderá a cualquier duda o pregunta que tengas.

- Pero no puede ser, si tuviera una abogada lo recordaría. Pase que no recuerde lo de la fima del divorcio, pero no puedo haberme olvidado de que tengo una abogada. Yo nunca he contratado una.

- ¡Ay, pero que memorias que tienes! Por supuesto que conoces a tu abogada. Estuvimos los cuatro, tu, yo, tu abogada y mi abogado en el juzgado. ¡Hasta recuerdo como mirabas a las piernas de tu abogada, aunque no te lo reprocho, es muy guapa y muy sexy! Bueno amor, si tienes alguna duda, llama a tu abogada. Por si perdiste el teléfono, en el sobre está escrito.

- ¡Por supuesto que la voy a llamar, no faltaba más! -y me fui al salón de vuelta. Cogí el auricular y marqué el nº que encontré en el sobre.



El diálogo de sordos que comenzó a continuación fue tan surrealista que si lo ves en una película no te lo crees. Yo aseguraba que no la conocía, y ella me aseguraba que si. Al principio se extrañó, pero más adelante me tomaba en broma, y más adelante parecía creer que me burlaba de ella o que le estaba gastando una broma. Por último, me insinuó que estaba borracho. Al entenderlo yo así, me ofendía, ya que cada ves estaba mejor de la cabeza. Conforme iba pasando el tiempo me encontraba más sereno. Por último decidió que, ya que no tenía que acudir a ningún juzgado esa mañana y no tenía ningún trabajo urgente que hacer, acudiría a mi piso. Quise darle la dirección pero se ofendió asegurando que disponía de ella. Y al cabo de una media hora apareció.

En cuanto la vi la reconocí. Efectivamente la conocía. Había venido varias veces a mi casa, pero nunca como abogada mía, sino como amiga de mi mujer, la verdad es que era una mujer inolvidable: guapa y sexy como pocas.

- ¿Me reconoces ahora? - soltó al darse cuenta por mi expresión que si la reconocí.

Ahí me hundí psicológicamente. Había sido víctima de una trampa urdida por mi mujer y su novio, o mejor dicho, por mi ex-mujer y su novio. No en vano él era juez. Conocía las leyes como ninguno y tenía amistades en el sistema judicial. Había caído en una trampa. Mis sentimientos eran una especie de humillación e indefensión. Me considerada vencido. Además recordé que nos habíamos sacados algunas fotos de los tres tomando algo en una terraza en un bar. Parecían fotos inocentes pero en mi caso eran las fotos que confirmaban que yo conocía a Eva. Era fácil asegurar que Eva era amiga de ambos, o incluso amante mía, y que yo la había elegido como mi abogada.



El resto de lo que pasó aquel día está un poco confuso en mi mente. Recuerdo que me vine abajo, que empecé a llorar, que las dos mujeres me consolaron como si fuese un niño que ha perdido su juguete, que llamaron a un médico, que pasé unas horas medio aturdido en una cama por alguna pastilla que el doctor me había dado.

Al cabo de unas horas apareció mi mujer sola:

- ¿Te encuentras mejor?

- Si -respondí.

- Me tuvistes preocupada - aseguró ella en tono cariñoso. En realidad siempre había hablado conmigo en tono cariñoso, pero tratándome como a un niño- Parece que estás en una situación económica apurada y yo, que te he querido tanto, he hablado con Jaime y hemos llegado a la conclusión que no podemos dejarte tirado como un perro. Así que hemos decidido ayudarte. ¿Te acuerdas cuando dijimos que tu ibas a hacer las tareas de casa, ya sabes, plancha, lavar, cocinar? Mira, Jaime y yo trabajamos muchas horas y no podemos hacer las tareas de casa. Hemos decidido darte la oportunidad de que trabajes en casa y vivas con nosotros. Viviríamos los tres en casa de Jaime y tu serías una especie de criada. Se que puede parecer raro que vivas con nosotros dos, pero para que los vecinos no se enteren y no murmuren no deberías salir nunca de casa. Se que será un poco duro, sobre todo al principio, pero te acostumbrarás. Además te beneficiará con respecto al alcohol. Jaime es totalmente abstemio porque bebía mucho, como tu, y se hizo de Alcohólicos Anónimos y lo superó. Si él pudo tu también podrás. Así si no sales del piso de Jaime evitarás la tentación de beber, ya que en casa de Jaime te aseguro que no hay ni una gota de alcohol. Se que será un poco duro pero si Jaime pudo superarlo, tu podrás también. Además estaremos Jaime y yo para apoyarte. Se que te llevarás muy bien con Jaime, es muy buena persona y muy cariñoso conmigo. ¿Que respondes?

Hice un gesto raro como de cansancio.

_ Bueno, en realidad cariño, no tienes mucho tiempo para pensarlo porque el dueño del piso quiere que quede desalojado para esta tarde. Así que de momento no vas a tener más remedio que venir conmigo a la boda. La boda es en un par de horas y yo tengo que ir a vestirme. Mientras descansabas he hecho tus maletas y te he planchado el traje para la boda. Te ayudo a ponértelo y nos vamos.

Me ayudó a vestirme como si fuese un niño y nos fuimos. Me llevó al piso de Jaime y me hizo sentar en un sillón. Al cabo de un cierto tiempo, estábamos los tres en la ceremonia civil, y un rato después, en un restaurante que habían alquilado para la noche. En el convite no habían bebidas alcohólicas, pero Inés me dio otra pastilla y pude pasar la noche sin beber. Bueno, cocas y todas esos refrescos. No sentía ganas de beber, pero también estaba un poco aturdido, como si yo no fuese yo, como si fuese otro, o como si yo estuviese dentro de mi propio cuerpo pero como una entidad diferente. Cuando la boda se acabó, me dejé llevar por Inés y Jaime y fuimos a su piso. Durante el trayecto recordé un chiste malísimo que oí una vez:

-Pepe, como vas. Cuanto tiempo sin verte. Que hay de tu vida, cuéntame. - Mal chico, me fue muy mal, tan mal que mi mujer se fue con otro y me tuve que ir con ellos.


Recordé el chiste y me reía sólo en el siento de atrás del coche de Jaime. Al llegar a la casa me sentaron en un rincón y me quedé allí un rato. Creo recordar que les oí discutir y a Inés decir a Jaime: "Haz lo que quieras". A los pocos minutos o al cabo de un rato largo, no recuero bien porque mis recuerdos son confusos, me agarró Jaime de la mano como a un niño pequeño y me llevó a la alcoba de ellos. Estaba a oscuras, no había ninguna luz encendida y la habitación sólo estaba iluminada tenuemente por el alumbrado público de la calle. Jaime me sentó en una silla, sscó una cuerda de no se donde y me ató al asiento. Pasaron unos minutos y apareció Inés desnuda procedente del baño. Se tumbó en la cama sin mirarme siquiera. La vi. Estaba hermosa toda desnuda, con su cuerpo delgado y sexy a sus treinta hermosos años. ¡Como podía haber dejado tal belleza por la bebida! A los pocos minutos apareció Jaime e Inés se abalanzó sobre él y le fue desnudando poco a poco. Cuando lo hizo empezó a lamerle la polla hasta que esta alcanzó su máximo tamaño. ¡Y que tamaño! Aquello no era una polla, sino un pollón. Él se echó sobre ella y la penetró con ansia. Cuando llegaba al climax, ella me miró fijamente a los ojos. Pensé que ella disfrutaba más porque yo la miraba.

Todo esto que acabo de relatar ocurrió el viernes. El martes siguiente se fueron al caribe de viaje de novios, y aunque Jaime me ordenó que no saliese de casa salvo caso de extrema necesidad, un incendio por ejemplo, me dejaron la nevera bien abastecida. Esto ocurrió hace diez años, escribo esto porque es el décimo aniversario de la boda de Inés y Jaime. Desde aquel viernes nunca salí de aquel piso ni nunca volví a beber. Durante un tiempo me daban unas pastillas para controlar la ansiedad, pero poco a poco fui dejándolas. Ya no bebo ni gota. Estoy siempre en la casa encerrado haciendo mis labores. Tengo la casa siempre limpia, la limpio todos los días, no dejo que ni una mota de polvo la mancille, veo la tele, escucho música, leo libros que me compra Inés. Pero sobre todo lo que más me gusta en ver a Inés y Jaime follar. Me siento en la silla, y ya no necesito que me aten. Por cierto, tengo que reconocer que Jaime folla muchísimo mejor que yo. Disfruto así del sexo y ellos también disfrutan viéndome viéndoles follar.

Desde hace diez años nunca he tenido sexo. Ni siquiera puedo masturbarme, porque una imposición de Jaime fue que llevara siempre un cinturón de castidad para hombre, del que Jaime siempre lleva la llave encima.

FIN

martes, 24 de agosto de 2010

El perfecto marido sumiso

Traducción de este enlace.

PERFECT SUBMISSIVE HUSBAND



Intenta ser el perfecto marido sumiso, y quién sabe, tal vez ella intente llevarte al cielo con su...

Regla del perfecto marido sumiso nº 1: Ama el sabor del semen: comienza comiendo, poco a poco, tu propio semen; come tu propio pre-esperma. Piensa en comer tu propio semen mientras te masturbas, y si te arredras a última hora, no te preocupes,yo hice lo mismo durante años. Guarda un poco de semen de una masturbación anterior, y cuando estés bien caliente, cometelo mientras te masturbas. Para ser un buen marido, debes ser capaz de comer semen. A una mujer le encanta ver un hombre comer su propio semen.

Regla del perfecto marido sumiso nº 2: Permite a tu mujer que folle y lama a quién ella desee, siempre y cuando llene su culo y su coño de semen, y tu puedas limpiarle el coño y el culo con tu lengua. El verdadero ganador eres tu. Míralo de este modo: tu esposa está obteniendo una gran cantidad de consejos sobre como quiere cada hombre que su polla sea jodida y lamida. Ella aprenderá diferentes formas de hacer que te corras, siempre estará caliente y siempre te traerá una carga de semen para que te la tragues en casa.

Regla del perfecto marido sumiso nº 3: Chupa una polla para tu mujer. Si ella trae a un amigo a casa para follarselo, chupa su polla para ella, pónsela dura para su coño. A ella le encantará y muchas veces compartirá la chupada de polla contigo. Si la polla explota de semen, compartiréis la leche entre los dos. Cuando ella sepa que te encanta chupar pollas y adoras el sabor del semen, ella también adorará el sabor del semen y siempre te chupará tu polla.

Regla del perfecto marido sumiso nº 4: Recuerda siempre que si tu esposa es feliz, tu también serás feliz. Si ella quiere verte follado por el culo, tu esposa tendrá que entrenarte para que te pueda caber una polla en el ano. Empezad que ella te inserte sus dedos en el ano cuando ella chupa tu polla.

Regla del perfecto marido sumiso nº 5: Hazte una paja cada vez tu esposa lo desee. Después de que tu mujer vea que la amas, ella empezará a pedirte que te masturbes delante de ella. Quizás quiera clavarte el dildo en tu culo y follarte o quizás quiera que te corras delante de sus amigas. Cualquiera que sea lo que ella quiere, hazlo, y tu recibirás una recompensa. Trade o temprano, ella te permitirá que folles y se lo chupes a sus amigas. Y cuando te hayas corrido, trágate el semen. Esto pondrá a sus amigas calientes y quizás te deje que les lamas el coño a sus amigas.

Regla del perfecto marido sumiso nº 6: Mantén siempre tu polla y tus bolas bien afeitadas y limpias. Muchas veces a las mujeres les gusta ver una polla afeitada porque les recuerda las que chupaban en la escuela secundaria y a las mujeres les gusta chupar bolas bien suaves. También es más fácil poner un CB-3000 para encerrar tu polla y tus bolas. Tu polla también parecerá mayor y a las mujeres les gustan las pollas grandes.

Regla del perfecto marido sumiso mº 7: Obedece siempre a tu mujer. Deja que ella se haga cargo de todo, ya que ella es la única que tiene un coño. Haz todo lo que ella te pida y serás un hombre feliz.

Regla del perfecto marido sumiso nº8: Lleva tus amigos a casa, así tu esposa podrá follárselos y chuparles la polla. Algunas mujeres reciben flores; tu esposa recibirá una polla siempre dura. Un ramo de rosas vale unos 65 dólares la docena, y tus amigos se follarán gratis a tu mujer. También te calientas viendo a tu mujer follando con otros. Chúpale elcoño mientrásledan por el culo o mete tu lengua en su ano mientras tu amigo se la folla por el coño. Tu sales ganando.

Regla del perfecto marido sumiso nº 9: Masajea a tu mujer después de que ella se haya pasado toda la noche follando y chupando pollas. Masajea su espalda y sus pies. Siéntete un privilegiado si te deja lamer sus cansados pies.

Regla del perfecto marido sumiso nº 10: Ama a tu mujer con todo tu corazón y después de10 ó 15 años, todavía estaréis casados.

sábado, 21 de agosto de 2010

Mi vida femdom

Estudié medicina y cuando logre el título me dediqué a mi profesión. A los 33 me encontré que apenas había disfrutado la vida, que no había tenido apenas relaciones sexuales, y lo que es peor, leía en los diarios y revistas que cada vez habían más mujeres divorciadas y familias monoparentales lideradas por una mujer sola. Pero yo no quería ser una anciana solitaria con una vida convencional triste y apagada. Lo peor de todo es que yo me veía bonita y sexy, cuido mi salud, hago ejercicio físico, voy al gimnasio, cuido lo que como, procuro vestirme sexy, etc. No quería renunciar a nada pero tampoco sabía que hacer. Hasta que un aburrido domingo por la tarde....

Bueno, un domingo por la tarde estaba sentada al ordenador navegando sin rumbo por la red, ya sabes, un enlace te lleva a otro enlace, este a otro más y así sucesivamente, y vas navegando, y no sabes de donde partiste y a donde vas, sin rumbo fijo, hasta que me encontré con un blog que narraba las experiencias de un hombre sumiso casado con una mujer dominante. Nada de sadomasoquismo puro y duro al estilo del marqués de Sade, con oscuros y mal ventilados sótanos, luces rojas, ropa de latex, aparatos de tortura, etc.

Aquel blog me encantó. Lo leí entero. Y ya sabes como son esto de los blogs. En cada blog el autor escribe los blogs que sigue, y vas a uno de estos, y sigues leyendo, y en este segundo blog encuentras mas direcciones de blogs y webs, y van pasando las horas, el sol se va poniendo, y tu sigues sentada frente al ordenador. Y llega la hora de cenar y no tienes hambre, y tomas cualquier cosa a medianoche, y sigues un par de horitas más robadas al sueño. Y al día siguiente lunes, vas a trabajar al hospital bostezando y sin apenas haber dormido, pero feliz y contenta de haber descubierto un nuevo mundo.

Me pasé el resto de la semana consultando blogs sobre el tema, muchos de ellos en inglés, peleando con el idioma de Shakespeare. Decidí que desde ese momento en adelante ese iba a ser mi estilo de vida. Pero me faltaba una cosa imprescindible: mi partner, mi compañero. Busqué en la red y pasé cientos de horas durante varias semanas, no salía de casa en mis horas libres más que para hacer las cosas imprescindibles, como comprar la comida.