viernes, 27 de junio de 2014

Yo, ¿sumiso?¿Quién lo sabía?

Enlace.

Probablemente debería dejar algo claro desde el principio. Ustde va a leer con frcuencia que los hombres sumisos saben que lo son, a menudo ya desde la infancia. Por la vergüenza, el miedo y el miedo al rechazo ocultan y, por lo general, reprimen su necesidad de ser dominado hasta la edad adulta y, en ocasiones, a lo largo de toda su vida. Si esto es cierto y, muchos hombres sumisos indican que así es, entonces yo soy una excepción a la regla. Pasé más de 20 años en un matrimonio relativamente feliz con una mujer mandona pero que no es particularmente dominante y nunca, conscientemente, tuve el deseo de arrodillarme a sus pies o desnudar mi trasero para recibir un spanking. Porcierto, la referencia a mi nivel de consciencia está dirigida a todos los expertos en psicología, quienes pronto se apresuran a señalar que, tal vez yo estaba reprimiendo mi deseo subconsciente de sumisión. Supongo que todo es posible, sí que si es cierto, yo no lo sabía y así me libre de años de descontento.
Mi primera mujer tenía una calcomania que decía: "Mierda soy." Mi primer matrimonio se fue por el inodoro. Tenía poco que ver con FemDom y mucho con dos mulas con anteojeras tirando del mismo caro pero en direcciones opuestas. Entonces conocí a una mujer que tenía una calcomanía competamente diferente, de color morado, en la parte trasera de su coche, que decía algo muy diferente: "Adórame como a la Diosa que soy." eso sí, no actuaba como una prima donna. Al contrario, ella era amable, cálida, atenta, respetuosa, amorosa y generosa. Mientras se comportaba con un aire de confianza que exigía respeto y consideración, ella carecía de cualquier atisbo de arrogancia o vanidad. No obstante, me ofendí por esas palabras púrpura y rcuerdo haber pensado más de una vez: "¿Quién diablos se cree ella que es?" A pesar del recelo de una pegatina sobre el parachoques, esta mujer se hizo muy rápidamente mi confidente y mi mejor amiga, después mi amante y, finalmente, mi esposa. Cuando el adhesivo se desgastó y se desvaneció por el clima, lo rasqué para sacarlo y me sentía mucho mejor. Mientras escribo estas palabras tengo que sonreir ante mi ingenuidad de aquel momento. Uhuhu, la calcomanía se había ido, pro, ¿y el tema de la Diosa? No es una casualidad.

viernes, 23 de mayo de 2014

Mi suby

Hoy, 19 de mayo de 2014, mi marido y yo cumplimos nuestros primeros cinco años de femdom. Fue el martes 19 de mayo de 2009. ¿Por qué eligió mi suby ese día para "declararseme" por decirlo de esta manera? Lo eligió porque ese día era mi cumpleanos: 30 años. Yo estaba en la "flor de la vida" como dice la gente cursi y anticuada. Los dos somos funcionarios y ese día, por indicación de él, nos tomamos el día libre en nuestros respectivos trabajos para celebrar mi cumple. Y durante la comida del mediodía me lo soltó.

Rober y yo nos conocimos en nuestro primer año de instituto y, aunque no fue mi primer novio, si fue con quién me casé. Nos casamos en 2007, también en mayo y, como casi todo el mundo, delante de un cura. Pero mi concepción del matrimonio no era exactamente muy de conformidad con los preceptos de la Iglesia. Siempre pensé que una mujer casada debía ser una puta en la cama y una señora fuera de ella. Una casada debía dar satisfacción a su marido y obtenerla, al mismo tiempo, ella misma. Creía que si el marido se va de putas o tiene una amante (algunos incluso cambian de acera y tienen un amante) es, en gran parte, culpa de ella. Creía que el sexo puede ser un gran arma a favor de las casadas pero, si no se sabe disparar, te podría salir el tiro por la culata. Si Rober me hubiera propuesto intercambio de parejas o incluso un trio, probablemente hubiera aceptado, pero el femdom, ¿qué es esto?

Mi suby intentó explicarmelo pero fue bastante confuso, así que lo busqué en internet. Al principio mi reacción fue de rechazo total y así se lo dije. Pero Rober insistió. Entonces le dije que le daría una respuesta el fin de semana.

El miércoles y el jueves miré en internet. Encontré cosas que me gustaron y otras que no. Lo voy a decir claramente: yo, como todo el mundo, soy egoísta, lo que pasa es que yo lo reconozco y otros no. Me gustaba la posibilidad que mi marido hiciese todas las tareas domésticas, incluso la cocina, aunque su habilidad culinaria era, por aquel entonces, muy baja. Pero todo se aprende con dedicación. Me gustaba la imagen de estar toda repantingada en el sofá viendo la tele mientras Rober pasaba la aspiradora:

"Por favor, cariño, ¿puedes levantar los pies para que pase la aspiradora?"

Quizás también me gustaría tener un amante, llevarlo a casa y acostarme con él delante de Rober. Pensé que quizás podría ser interesante. Pero pegarle a mi marido no creo que me gustase.

Encontré una entrada en un blog en inglés en que la mujer contaba su experiencia. Al igual que a mi, a ella su marido le había hecho la misma propuesta. Ella, deseando dar a satisfacción a su marido, aceptó. Pero aunque parezca paradójico, ella se acabó convirtiendo en la esclava sexual de él. Ella cumplía a rajatabla las indicaciones de su marido, pero un par de cosas no le gustaba: pegarle y compartir sus experiencias con otra gente, de momento a través de internet pero, más adelante, su marido tenía pensado poner un foro femdom en internet y, aún más lejos, compartir sus experiencias con otras parejas femdom. Se trataba de cosas como intercambiar esclavos o realizar orgías femdom con varias parejas y amantes de ellas. Llegó un momento en que ella se dio cuenta de que aquello era en realidad una trampa y dijo basta: U obedeces mis órdenes a rajatabla o nos separamos, tu te buscas una ama a tu gusto y yo me busco un esclavo al mío. Él aceptó la orden de ella.

El viernes por la noche le traduje la entrada a Rober y comprendió. Le dije: algunas cosas que te mande no te van a gustar y seguramente no cumpla muchos de tus sueños, de tus deseos, pero si voy a ser la que manda en nuestra relación, se ha de hacer lo que yo quiera y nada más. No voy a hacerte mucho daño y, de momento, ninguno. Más adelante ya veremos si te pego un poco o no. Pero si he pensado que algunas de las cosas que voy a hacer no te van a gustar. Lo primero va a ser cortarte el acceso a internet. He estado buscando y voy a bajar un programa que te pide una clave para encender el ordenador. Sé que no te va a gustar nada, pero a mi juicio pasas muchas horas en casa delante de la pantalla. Nunca te dije nada pero te has convertido en un obseso de internet. Tu madre ya me lo dijo cuando éramos novios, mi hijo pasa muchas horas con el ordenador, y durante estos dos años ha sido así, pero ya no va a pasar más. A partir de ahora me vas a dedicar tod tu tiempo a mi.

Lo segundo es que tu vas a hacer todas las tareas de casa. Yo te voy a enseñar a cocinar lo poco que sé, pero además aprenderás nuevas recetas que yo nunca he cocinado. En dos años te vas a convertir en un cocinero bastante bueno. Aprenderás a hacer cientos de recetas y, aunque al principio alguna receta te salga mal, las vas a repetir día tras día hasta que aprendas a hacerla bien.

Lo tercero aún te va a gustar menos. Marga y Feli son mis mejores amigas y quiero contarles todo. Sé que tu las odias, pero eso me refuerza aún más en mi idea. De vez en cuando pienso hacer una fiestita femdom aquí en casa los cuatro: tu, yo, Marga y Feli.

Lo de tener amantes o ponerte un cinturón de castidad ya lo iré haciendo cuando me plazca. Pero de momento vamos a empezar con estas tres cosas.

¿Tienes algo que decir?

Él dijo que tenía dos blogs femdom en internet: uno en Tumblr y otro en Blogger. Me quedé dudando que hacer. Pero pensé y le dije: tus dos blogs quedan confiscados, así que vamos a conectar y me vas a dar las claves. Comprobaré que funcionan y cambiaré la contraseña. ¿Alguna pregunta más?

No, ninguna, contestó.

Pues esta noche vas a dormir en la habitación de invitados. Mañana ya veremos donde duermes.

Se cumplieron todos mis deseos. La verdad es que al principio estaba un poco disgustada con él. Si accedí a su propuesta es por dos motivos:

  • el primero, porque me gustaba algunas cosas de lo que vi sobre el femdom en esos dos días: el miércoles y el jueves. ¿A quién no le gusta tener una criada en casa y además gratis? Poco a poco fui probando cosas nuevas pero siempre a mi ritmo.
  • el segundo, para retener a mi marido en casa. pensé que si no aceptaba, podría buscar fuera de casa lo que no encontraba dentro.
En aquel verano, en el mes de vacaciones, nos fuimos las tres juntas a la playa. Alquilamos un apartamento y pasamos más tiempo en las discotecas, en los bares y en la cama que en la playa. Alber se quedó en casa solo. Eso si, el día antes de partir le compré un cinturón de castidad y las llaves me las llevé a la playa. Se vio obligado a hacer pis sentado en el inodoro durante todo un mes. A la vuelta dudaba si quitárselo y follar con el o dejárselo para siempre. Aunque lo pensaba una y otra vez, no sabía que hacer. Leí que podía convertirse en impotente si la castidad se prolongaba mucho tiempo y me pareció una cosa muy gorda para decidirlo yo sola, así que lo consulté con eĺ.

Él contestó que no le importaba volverse impotente si ese era mi gusto. Consideraba cualquier cosa que me diera placer era una orden para él. ¡Tal era el grado de sumisión! Decidí dejárselo durante unos meses para ver si se volvía impotente y, si esto sucedía, ver si era reversible. ¡Quería experimentar con el cuerpo de mi marido!

Cualquier novedad que surgía en el femdom lo chateaba con Marga y Feli. Les mandaba fotos. Cuando hacía calor les mandaba fotos de Rober en bolas con su colgajo enjaulado. Les mandaba fotos de Rober arrodillado en el suelo, en pelotas, limpiando el piso con un trapo. Soy tan mala que le obligo a limpiar el suelo arrodillado. De hecho, tiré el mocho y no he comprado otro. Ahora el piso está mucho más limpio que cuando compartíamos la limpieza entre los dos, pues ninguno quería limpiar. De hecho, hago sorpresivas "pruebas del algodón," que sabeis que "el algodón no engaña." Cuando el algodón sale mínimante sucio, le pego con el cinto en el trasero y no paro hasta que le sale sangre.

El sábado por la mañana envio a mi marido a limpiar el departamento de Feli, y el mismo día por la tarde, él de Marga, pues esta trabaja el sábado por la mañana. Ambas le obligan a realizar la faena en bolas, incluso en invierno, pero yo estoy tranquila porque mi marido lleva puesto el cinturón de castidad y yo soy la única que tiene la llave.

El segundo verano de femdom si llevé a mi marido al departamento playero que habíamos alquilado las tres, pero le prohibí salir de él sin mi permiso, y solo le permití salir para ir de compras. Nada de ir a la playa o a dar un paseo. Por supuesto, mi marido tuvo que dormir en el sofá porque nosotras tres teníamos siempre un hombre en la cama cada noche. Tengo que reonocer que fue una idea mejor hacerlo así que como lo hicimos el verano pasado. Teníamos una criada gratis que dormía en el sofá, así que no teníamos que limpiar. Pero la verdad es que el año anterior yo era una novicia en esto del femdom y quería tomarmelo poco a poco.

En cuanto volvimos de la playa, empezé a endurecer mi femdom. La verdad es que empezaba a gustarme. Empezé a pegarle en el culo con su cinturón hasta dejárselo colorado como un tomate. Dejé que se curara antes de pegarle de nuevo, pero la verdad es que deseaba que se le curara el pompis lo más pronto posible para volver a pegarle. También aumenté las dosis de humillación. Le hacía limpiar el suelo con la lengua, le vestía de criada o le ponía en una esquina de la casa mirando la pared durante un par de horas con el culo todo rojo.

Y esta es mi historia de femdon en dos años y medio. Espero que os haya gustado.

miércoles, 2 de abril de 2014

Mi introducción a FLR

Hola, mi nombre es Roxana y vivo en San Diego, California. Todo empezó en la despedida de soltera, la noche previa a mi boda con Alan.

Nos reunimos en casa de mi amiga Sharon un grupo de un docena de chicas. Contratamos el catering, los camareros (masculinos todos), dos boy strippers y una pequeña banda de músicos brasileños (masculinos todos) que tocaban samba. Fue una gran noche, nos lo pasamos muy bien, bailamos, bebimos, flirteamos con los músicos, los camareros y con los dos strippers. Después de la fiesta algunas se fueron a sus casas bien acompañadas.

Sharon es mi mejor amiga. Éramos vecinas desde niñas, fuimos juntas a la misma escuela, jugábamos juntas y, cuando ya eramos más grandes, salíamos juntas en nuestra adolescencia. Incluso ligábamos en pareja con otros chicos y juntas tuvimos nuestros primeros novios (cada una el suyo propio, por supuesto). Después fuimos a universidades diferentes y ya no nos veíamos tan a menudo como antes. Más tarde ella se casó con Pete.

Aquella noche Sharon me pidió que me quedara con ella hasta despedir a todo el personal contratado para la fiesta. Quería hablar conmigo.

Cuando nos quedamos solas, me entregó su regalo, un libro titulado The New Bride's Guide to Training Her Husband.

Me quedé asombrada por el título. Lo primero que pensé es que quizás fuera un libro de humor, porque, realmente, ¿quién puede escribir un libro serio con ese estrafalario título?

Después de unos 10 minutos ojeando el libro me di cuenta que el libro iba en serio. El contenido del libro no trataba de sadomasoquismo o algo parecido, sino de maridos que ¡obtienen placer obedeciendo a sus esposas! ¡No es realmente increíble que a algunos hombres les guste eso! ¡A quién le gusta obedecer en vez de mandar! A mi no, por supuesto. Yo siempre he sido un poco mandona. Pero, ¿y Alan?, me pregunté.

Pasado ese tiempo, le dije a Sharon en plan de broma:

- ¿Qué pasa? ¿Me regalas un libro que seguro tú no aplicas en tu matrimonio?

- No, no es cierto. Yo si aplico las enseñanzas del libro con Peter. Es más, tengo ese libro en casa y toda una colección de libros similares. Aunque, evidentemente, no lo aplico todo, sólo lo que más me gusta.

- Pero, todo esto, ¿tiene algo que ver con el sadomaso?

- No. nada que ver. El FLR es un estilo de vida que se aplica los 365 dias del año y las 24 horas del día. En la mayoría de las ocasiones, el BDSM no. Pero si quieres, Pete está en casa de sus padres, como ya te expliqué. Le llamo para que venga y te haremos una demostración.

-¿Una demostración? - repetí como un loro.

- Espera a que venga y verás -y llamó a su marido por teléfono. Después de la llamada, seguimos hablando. Cuando acabó la breve llamada, continuamos la conversación.

- ¿Qué es el FLR que dijistes?

- Significa Female-Led Relationship. Pero será mejor que hagamos una pequeña revisión histórica.

- ¿Vamos a desperdiciar los minutos que quedan hasta que venga Peter hablando de historia? -pregunté asombrada.

- Nooooo -dijo y lanzó una carcajada. -Sólo quiero hablar de un concepto: los papeles que han desempeñado ambos sexos durante la historia. Antiguamente, los hombres trabajaban en una tarea remunerativa, como por ejemplo, un campesino o un artesano. Los que no hacían esto hacían algo peor: matarse entre ellos. Iban a la guerra. En ambos casos, la mujer paría los hijos, cuidaba la casa, cocinaba, etc. Desde hace unas décadas, la mujer también trabaja fuera de casa. A veces se ha conseguido implantar el matrimonio igualitario entre ambos sexos, pero incluso en muchas relaciones de pareja, la mujer que trabaja más que el hombre, pues al esfuerzo del trabajo fuera de casa tiene que sumar el esfuerzo del trabajo en el hogar.

- Oye, Sharon, no me he fijado pero me parece que no has bebido mucho esta noche, ¿eh? -y le guiñé un ojo. Ninguna persona borracha soltaría un rollo como ese.

- Bueno, déjame que continúe -dijo con una risita entre dientes. -Pero incluso entre los matrimonios que se reparten las tareas igualitariamente, hay muchas peleas. Mi marido estuvo en Madrid durante dos años aprendiendo español y dice que en España hay un refrán muy bueno, que se puede aplicar a las relaciones FLR. El refrán es: dos no discuten si uno no quiere. Esto significa...

- ...¡déjame que lo adivine! Para discutir hacen falta dos personas y que si una se pliega a las condiciones de la otra, no hay discusión.

- ¡Muy bien! Veo que aunque estás un poco... como diría... contenta, tus neuronas siguen funcionado igual. Y ahora te hago una pregunta: ¿Quién evitaba las discusiones antes en los matrimonios?

- ¿Hay premio si acierto? -pregunté yo divertida. La verdad es que me interesaba mucho el tema, pero por el alcohol me lo tomaba un poco en broma.

- Ya te regalé el libro. Recuérdalo.

- ¡Está bien! Dejo de decir tonterias y contesto. Antes la mujer se sometía al hombre.

- Muy bien. Hasta ahí quería llegar. Ahora te hago otra pregunta. ¿Te acuerdas de aquel novio que tuviestes a los 18, que estaba buenísimo, que yo intenté quitartelo y que lo defendiste como una gata celosa?

- Si, por supuesto. Se llamaba Tom y estaba como un queso. Nunca podré olvidarlo por mucho que viva. Y tenía un pollón así de grande -dije separando los brazos como hacen los pescadores cuando hablan de sus capturas. Por supuesto, exageraba, pero era cierto que fue el tio con que follé con la polla más grande.

- Recuerdas que me contastes que rompisteis porque él era muy mandón, que quería dominarte y tu no te dejabas.

- Por supuesto que lo recuerdo. El hijo puta iba contando en el instituto que me dejó porque era una calientapollas y una frígida.

- ¿Qué crees que pasaría si mañana, en vez de casarte con Alan, te casaras con Tom?

- Que al mes estaría pidiendo el divorcio.

- Porque tú eres muy mandona y autoritaria. Eres como yo. Nos gusta mandar, imponer nuestra voluntad sobre la de los demás. Y ahora otra pregunta: ¿Por qué te casas mañana com Alan?

- Por que Alan es completamente diferente a Tom. Casi siempre me salgo yo con la mía.

- ¿Casi siempre?

- Cuando se me pone terco y obstinado, tengo que sacar todo mi caracter. Entonces se desata una buena pelea. Y en la mayoría de los casos suelo imponer mi opinión.

- Te hago la misma pregunta que antes. ¿Casi siempre?

- Bueno, la verdad es que sólo ocurrió una vez que no dio su brazo a torcer porque era un tema relativo a su familia. Preferí ceder en este caso.

- Bueno, Roxie, no corresponde que me meta en tu vida privada, pero es cierto que las dos somos autoritarias, como tu misma acabas de decir. Pero yo me casé con Pete hace dos años no para divorciarme, sino para continuar casada hasta el final. Y sinceramente, las relaciones de pareja que duran son las que un miembro de la pareja se somete al otro. Como dice el refrán español, dos no discuten...

- ...si uno no quiere -dije yo entre risas.

- En principio, las relaciones FLR se basan únicamente en la autoridad de la mujer, que es la persona que toma todas las decisiones. Decisiones financieras, decisiones comunes de todo tipo, como qué comer o que programa de televisor ver.

- Ah, eso me gusta. El mando a distancia para mí -dije con una sonrisa en la boca.

- Mira, Roxie, nos conocemos desde niñas y tú y yo tenemos un caracter parecido. Las dos tenemos estudios superiores, las dos fuimos buenas estudiantes, las dos trabajamos duro, las dos nos esforzamos en ser algo en la vida, no verla pasar por delante de nosotras, las dos somos jóvenes y tenemos una carrera profesional muy prometedora por delante y podemos llegar lejos. Las dos sabemos que en el mundo de los negocios la mujer está discriminada y que tenemos que esforzarnos el doble que cualquier hombre para conseguir nuestro objetivo. pero siempre, por nuestra condición de posible madre los hombres nos marginan. Piensan que abandonaremos cuando quedemos embarazadas.

- Por nuestra parte, Alan y yo ya lo hemos hablado y no vamos a tener hijos.

- Pete y yo tampoco, pero eso para mi no basta. ¿Has oido hablar alguna vez dedl "reposo del guerrero"?

- Si. Supongo a que se refiere a que cuando el hombre de clase media llega a su casa tarde y cansado, necesita un hogar tranquilo, sin que su mujer le ponga problemas, que le deje descansar, etc. -A estas alturas ya se me estaba pasando los efectos del alcohol.

- Efectivamente. Y si en mi casa yo soy la guerrera, ¿no necesito también un reposo de la guerrera?

- Pero Peter trabaja. ¿No es cierto?

- Si, pero trabaja ocho horas de funcionario en la categoría de auxiliar administrativo. Se dedica a pasar datos a un ordenador con el teclado. En la práctica trabaja sólo 7 horas, porque hace dos paradas para trabajar. Cuando yo llego a casa, él ya lleva más de tres horas. Durante todo ese tiempo, él limpia la casa, lava, plancha y guarda la ropa y compra. Cuando llego a casa me da una masaje en los pies, después me llena la bañera de agua caliente y me doy un baño. Mientras estoy en la bañera, me da un masaje en el cuello y en la parte alta de la espalda. Después me trae la toalla para secarme, el albornoz y las pantuflas. Mientras él cocina la cena, yo me relajo viendo la televisión, leyendo un libro o escuchando música en la radio. Después pone la mesa, cenamos los dos, él recoge la mesa y lava los platos. Después vemos la tele los dos juntos pero yo tengo el control. Muchas veces vemos programas femeninos, de moda o cosas así. Al principio no le interesaban nada, pero yo le obligo a que le interese. Él me compra cada mes una revista de moda y la vemos los dos juntos. Yo le digo que al marido le debe interesar como va vestida su mujer, igual que nosotras nos interesamos como va vestido él. Siempres es agradable para un hombre ir acompañado de una mujer guapa, bien maquillada y bien vestida. Y le convencí que debe interesarse en el tema. A veces le señalo una vestido o un conjunto de ropa interior y le pregunto como me ve vestida con él. Este tipo de cosas hace que estemos muy unidos los dos, más que la amyoría de los matrimonios.

-La verdad es que me estás convenciendo -dije cada vez más interesada en el tema.

- Nosotros dos nunca discutimos. Él siempre me obedece y me apoya en la decisiones que tomo. Es un gran apoyo en mi carrera profesional, más de lo que parece a simple vista. A veces me imagino lo que sería llegar a casa y que no hubiese nadie esperándote para apoyarte, para consolarte cuando el día ha salido mal, para acariciarte. Yo creo que la vida sería más difícil sin Peter.

- ¿Y tu crees que Alan es, en alguna medida, como Peter?

- Aunque no lo conozco mucho, estoy convencida que sí. Si no pensara así, no te hubiera regalado el libro. O al menos te hubiera regalado un libro de otra temática. Además, tu me lo acabas de confirmar contándome que siempre te impones sobre su voluntad.

- Cuéntame más cosas sobre vuestra relación. O al menos, cosas que se puedan contar.

- Mira, Peter me lo presentó una amiga que hice en el trabajo, Se llama Laura y es como tu y yo: mandona. Congeniamos las dos enseguida. Me regaló por mi cumpleaños el mismo libro que te he regalado y me presentó a Peter. Ella tuvo dos candidatos y me dijo que le costó mucho elegir, porque los dos eran serviciales, atentos, cariñosos y sumisos. Pero eligió a Paul, su actual marido, porque tenía dinero, no mucho, pero tenía cuatro pisos en alquiler además del piso en que vivía. Y como le daba pena Peter, que era tan bueno con ella... podíamos decir que me lo regaló -dijo con una sonrisa.

- ¿Qué más me puedes contar de tu relación con Peter?

- Mira, el punto crucial de una relación FLR es que él siempre te obedezca. No importa lo cansado que esté, él hace instantáneamente lo que le ordeno. A veces le pongo a prueba. En más de una ocasión le he mandado a un afterhoursa comprar un bollo y cuando me lo trae, a veces no me lo como hasta el día siguiente.

- ¡Qué mala que eres! - exclamé un poco asombrada.

- No creas. A él le gusta este tipo de cosas. Es muy sumiso, te lo aseguro.

Estaba un poco asombrada pensando en las novedades que me contaba mi amiga cuando sonó el timbre. Sharon acudió a abrir la puerta y era Peter. Les oí cuchichear en la puerta pero no puede entender nada.

- Peter te va a llevar a tu casa porque es muy tarde y no quiero que te pase nada.

Nos despedimos en la puerta y yo ya estaba a punto de entrar en el ascensor con Peter cuando llegó Sharon se acordó de algo.

- El libro, te dejas el libro.

Peter saltó como accionado por un resorte y corrió hacia el salón de la casa. Bajamos al garaje, él me abrió la puerta del coche (ese es un detalle que Sharon no me contó, que Peter se comporta con ella como un caballero a la antigua, aunque ahora eso está pasado de moda) y salimos a la calle.

Yo iba rememorando lo que Sharon me había contado, cuando, a mitad camino, me acordé de la anécdota del afterhours. Le dije a Peter:

- Vamos a un afterhours.

- Si señora -y cambió de rumbo.

Pronto llegamos a uno, le dí un billete de 10 y le indiqué que tipo de pastelillo quería, y bajó raudo del coche y fue corriendo -literalmente- a comprarlo. Volvió también corriendo. Cuando llegamos a casa, bajé del coche, y por la ventana del coche, le dí el pastelito. Y me fui a  casa. Amanecía en ese momento.

La boda fue genial. Llevé el libro a la luna de miel. Lo leí en el avión y en el hotel. Le despertó la curiosidad a Alan. Lo leímos juntos (empezamos desde el principìo para que Alan no se perdiera nada). Con frecuencia parábamos y comentábamos algún párrafo que a uno u otro nos parecía interesante. Después le conté la conversación que tuve con Sharon la noche previa a la boda.

Al final, Alan dijo:

- Si te parece bien, pondremos en práctica poco a poco todo esto.

- Por supuesto que me parece bien -Y le di un gran beso.

FIN